Precios que sólo pueden pagar las franquicias

El centro de Santander, a pesar de todas las amenazas que ha sufrido por el asentamiento en los últimos diez años de cuatro grandes galerías comerciales y tres hipermercados (el cuarto ya estaba construido), sigue siendo muy valorado. Más que en la mayoría de las grandes ciudades españolas, lo que quiere decir que no falta demanda. Aunque descolgado de los precios que se pagan en las principales calles madrileñas o barcelonesas, cotiza por encima de la calle Colón, que se ha convertido en el eje del pujante comercio valenciano, de la Gran Vía de Bilbao, de la calle Tetuán de Sevilla o, incluso, de la Diagonal barcelonesa y la Rambla, que han perdido bastante relevancia con respecto al Portal D’Angel o al Paseo de Gracia.
El precio, cada vez más, lo marcan las grandes cadenas de moda, que sustituyen al pequeño comercio local. Zara, Blanco o Massimo Dutti no hacen grandes campañas publicitarias, pero están dispuestas a pagar lo que sea necesario para conseguir el mejor escaparate de la ciudad. Y en el centro de Santander los locales de cierta dimensión son muy escasos. Zara lo sabe muy bien porque ha buscado durante años otro emplazamiento mejor y, finalmente, ha optado por mantener el que siempre ha tenido y aprovechar que el Banco Pastor dejaba el local contiguo para hacer una pequeña ampliación.
Los precios no sólo están determinados por la situación de la calle, sino que, como es obvio, varían en función de la disposición del local. No es lo mismo un esquinazo, con escaparates a dos calles, como el alquilado por la cadena de ropa juvenil Blanco, que los mismos metros distribuidos en un pequeño frente y mucho fondo. Y, por supuesto, no tiene el mismo efecto comercial estar a nivel de calle que en una entreplanta o en un primer piso.

El centro es pequeño

Tampoco todo el centro es igual. En realidad, en Santander sólo hay un centro, Calvo Sotelo, y el precio disminuye en la misma proporción en que el local se aleje tanto a la derecha como a la izquierda, o hacia calles posteriores.
Los precios los marcan los alquileres que se han hecho. Blanco paga en la calle Rualasal 7.200 euros al mes (1.200.000 pesetas) por un local de 95 metros, con entreplanta y sótano, prácticamente las mismas condiciones económicas en que se arrendó el local de Sucesores de A. Blanco, de tamaño semejante. El que ocupaba Santamaría en la calle San Francisco (65 metros, con sótano y entreplanta) se alquiló en algo más de un millón de pesetas al mes y Donna, la filial de perfumería de Eroski, marcó un hito en la ciudad al quedarse con su privilegiado emplazamiento de la calle Calvo Sotelo (220 m2) en 3,2 millones de pesetas al mes. Por el local que ha abandonado Massimo Duttti en Lealtad (215 m2) se piden 4.800 euros (800.000 pesetas).
En realidad, estos precios no son muy distintos a los que se planteaban hace años, lo que demuestra que no han subido en la misma proporción en que lo han hecho los pisos, cuyos precios se han duplicado en cinco años. Por el local del Banco Europeo de Finanzas, en la calle Juan de Herrera, ya se pedían 10.000 pesetas por metro cuadrado tras la quiebra de esta entidad, en 1994.
No obstante, no son precios baratos y lo demuestra el hecho de que para muchos comerciantes tradicionales es más rentable el cerrar su establecimiento y quedarse en casa cobrando el alquiler a otro empresario –por lo general, una franquicia– que continuar con su actividad. Y, por supuesto, con muchos menos problemas.
Eso significa que quien llega deberá hacer muy bien las cosas para poder sacar adelante un negocio que sólo de alquiler cuesta cada día entre veinte mil y treinta mil pesetas.

De comerciantes a rentistas

Aparentemente, las franquicias han encontrado la fórmula del éxito, porque rara vez abandonan, aunque no faltan ejemplos de lo contrario, como el de La Oca. Pero suelen ser los comerciantes particulares los que están sometidos a más avatares y los que dan más rotación a los locales.
Esta progresiva sustitución de los comerciantes tradicionales del centro por grandes cadenas o franquicias está dando lugar a un cambio sociológico en el sector del comercio local, tradicionalmente formado por autopatronos y que ahora pasa a estar formado y dirigido mayoritariamente por personas asalariadas. Un cambio aparentemente de escasa trascendencia pero que el caso de una ciudad tradicional como Santander, donde los comerciantes siempre formaron un gremio con un peso social y político muy significativo, tiene una trascendencia notable.

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