IFC levantará una fábrica farmacéutica en Villaescusa para aprovechar sus aguas termales
En Cantabria, el aprovechamiento de las aguas termales se ha vinculado siempre a la industria hotelera, con balnearios tradicionales como Solares, Puente Viesgo, Alceda o La Hermida, pero no se había asociado a la fabricación de productos dermocosméticos y farmacéuticos, algo que está a punto de cambiar con la intención de Industria Farmacéutica de Cantabria (IFC) de aprovechar las aguas minero-medicinales y termales del manantial de Villaescusa, levantando en sus proximidades una fábrica y un centro de I+D especializado en dermatología que será pionero en España.
Los primeros efectos terapéuticos no tendrán que esperar al inicio de la producción, porque desde el comienzo de las obras, el proyecto puede convertirse en un pequeño revulsivo para Cantabria. Los 20 millones de euros de inversión previstos y la creación de cien nuevos puestos de trabajo en cuatro años son dos buenos motivos para que mejore el tono vital de la región.
A pesar del interés que suscita, las diferencias surgidas entre las direcciones generales de Medio Ambiente y de Industria, ya superadas, han retrasado la tramitación de un proyecto que tenía prevista su inauguración en 2018. Y la demora, si se alargase demasiado, podría llegar a poner en riesgo la creación de un centro que tiene carácter estratégico para IFC, ya que, además de los trabajos de investigación, reubicará en él la producción de las plantas de La Albericia (Santander) y Madrid. El proyecto de Enrique Quintana, director general de IFC, de agrupar en ese lugar todas las actividades de la empresa chocaría con la impaciencia de algunos socios de la compañía, reacios a que Madrid deje de ser la sede de una firma con proyección internacional.
Un nuevo uso de las aguas termales
IFC no ha sido la primera en interesarse por las aguas termales de Villaescusa, aunque sí la primera en buscarles un uso farmacéutico. Ya en 2013 se autorizó un proyecto de balneario promovido por una empresa familiar de Liaño.
Las características de esas aguas termales, catalogadas como cloruradas sódicas y sulfatadas cálcicas, y la temperatura a la que surgen (37 grados) también atrajeron a la farmacéutica, que el pasado año se hizo con los derechos sobre el manantial a través de una de sus firmas, Laboratorios Potion.
La modificación del proyecto inicial fue lo que provocó las diferencias de criterio entre Medio Ambiente e Industria. Mientras la primera estimaba que era precisa una nueva autorización para el aprovechamiento de las aguas, la Dirección General de Industria sostenía que, al margen de las estimaciones ambientales sobre la actividad que se iba a desarrollar, que no son de su competencia, la autorización previa para el uso del manantial seguía siendo válida.
El nuevo proyecto descarta el balneario previsto para el mismo lugar de la surgencia de las aguas y su intención es conducir las aguas hasta una finca cercana, donde construirá la planta industrial. Esta modificación implica una canalización subterránea, mientras que se mantienen básicamente inalteradas las restantes actuaciones previstas: captación, bombeo, perímetro de protección del manantial y, sobre todo, el caudal máximo aprovechado.
El manantial es una surgencia natural que aflora cerca del arroyo Obregón y aporta un caudal constante de 35 litros por segundo, de los que IFC estará autorizado a aprovechar 7,4 l/s, aunque el caudal medio que prevé utilizar en los procesos de investigación y producción farmacéutica muy inferior, apenas 0,6 l/s.
A pesar de las escasas diferencias con el proyecto precedente, para evitar recursos legales, Industria accedió a tramitar de nuevo la autorización del aprovechamiento termal, lo que ha retrasado la ejecución del proyecto.
Para poder construir el centro en el lugar elegido también era necesario modificar el planeamiento urbanístico de Villaescusa y recalificar el suelo agrario, otorgándole un uso industrial farmacéutico. El primer paso de este cambio normativo ya se ha dado y el periodo de alegaciones a la aprobación provisional concluirá a finales de este mes de agosto. Después será la Comisión Regional de Ordenación del Territorio la que deba dar luz verde al proyecto, para su aprobación definitiva por el Ayuntamiento de Villaescusa.
Cerca del manantial
La elección de una finca ganadera situada a 700 metros de los límites del Parque Natural de Peña Cabarga para levantar una planta farmacéutica puede producir alguna reticencia. También las tenía la Administración, pero la lógica del proyecto estriba en la proximidad al manantial.
Para que el agua de Villaescusa, como la denomina IFC, sea útil, su captación debe hacerse en el punto de surgencia y conducirla lo más rápidamente posible hasta el futuro centro de investigación, de manera que no se alteren sus propiedades físico-químicas ni su temperatura. Esta rapidez minimizará también el riesgo de contaminación por microorganismos.
IFC pretende utilizar estas aguas termales en la fabricación de corticoides (clobetasol, betametasona y fluticasona), EPL (extracto de polypodium leucotomos), minoxidil, SCA (secreción de cryptomphalus aspersus) y otros productos. También empleará este agua en la fabricación de otros productos que ya comercializa, algo similar a lo que hacen los laboratorios franceses Vichy o La Roche-Posay, que utilizan las aguas termales de los lugares que les dan nombre en la elaboración de sprays, cremas y champús dermatológicos.
La limitación que impone estar cerca del manantial hizo descartar la ubicación de la planta en un polígono industrial del área de la bahía de Santander. IFC se planteó dos posibles emplazamientos, a uno y otro lado del arroyo Obregón, y de nuevo aquí se impuso la lógica de la distancia más corta al punto de surgencia del agua. La empresa farmacéutica optó por dos parcelas, que suman 62.000 m2, situadas entre la carretera autonómica 142 (la que une El Astillero con Sarón), a la altura del barrio de Los Bragales, en la localidad de La Concha (Villaescusa).
El emplazamiento elegido dista 58 metros del manantial, y la conducción para el transporte del agua hasta el nuevo centro se haría, en parte, bajo la citada carretera.
Otra de las características a favor de la opción elegida reside en su topografía, ya que el terreno tiene una zona central deprimida, lo que reducirá el impacto visual de los dos edificios que se van a construir, uno dedicado a producción y otro de oficinas. También se soterrará un depósito para el almacenamiento del agua. En total, la superficie edificada será de poco más de 7.000 metros cuadrados, el 12% de la dimensión del terreno. Una baja ocupación que no agota la edificabilidad permitida (12.398 m2), por lo que, en un futuro, IFC podría ampliar las instalaciones.
En el diseño del complejo se ha tratado de reducir el impacto visual. Los edificios tendrán una altura máxima de 10 metros y en sus fachadas se emplearán materiales, texturas y colores que se integren en el paisaje rural dominante en el valle de Villaescusa. Además, la topografíá del terreno, con una pendiente media, en sentido norte-sur, del 10%, permite que el inmueble destinado a fabricación quede parcialmente oculto de la vista.
Este edificio, hecho con prefabricados de hormigón y acabado en tonos grises claros, tendrá forma rectangular, con unas dimensiones de 77×75 metros y 6.322 metros cuadrados de superficie, ocupados básicamente por los almacenes de materias primas y de producto terminado, los laboratorios y dos salas de fabricación diferenciadas para productos cosméticos y farmacéuticos.
Adosado a este edificio se construirá el bloque administrativo, también de estructura prefabricada de hormigón y cerramiento de panel liso blanco, con dos plantas.
El depósito que recibirá el agua procedente del manantial estará bajo una zona ajardinada, junto al edificio de producción. Tendrá una capacidad de 24.000 litros y contará con una planta de purificación por ósmosis inversa.
Para encajar el conjunto en un entorno tan rural como el de la zona, las amplias zonas verdes se completarán con arboledas de especies autóctonas que se integren del modo más natural posible en el paisaje.
En el proceso de modificación de las normas urbanísticas para la recalificación del suelo donde se levantará la planta, el Ayuntamiento de Villaescusa ha obligado a IFC a construir 124 plazas de aparcamiento al sur del complejo, en la zona próxima a la glorieta que une la CA-142 con el vial que lleva hasta La Concha.
Un revulsivo para el Ayuntamiento
Para la economía de un municipio como Villaescusa, de carácter marcadamente rural –aunque la rápida conexión con Santander por la Ronda de la Bahía lo ha convertido en objetivo de algunas promotoras– la llegada de un proyecto como el de IFC tendrá un gran impacto. No solo por las tasas e impuestos que genere la construcción del nuevo centro y su actividad posterior sino por los servicios indirectos que demandará y la creación de empleo. La empresa calcula llegar a tener 170 trabajadores en unos cuatro años, de los que 70 provendrán de las plantas que va a cerrar en Santander y Madrid, por lo que generará unos cien nuevos puestos de trabajo directos.
Una oferta difícil de declinar en unos tiempos de tanta atonía industrial como los que padece la región, en los que no se atisban proyectos inversores como el de esta empresa farmacéutica, que ha querido reforzar sus vínculos con Cantabria, la región donde nació, aunque desde hace años su accionariado ya es foráneo.