Ferroatlántica compra su competidor francés Pechiney
Con la adquisición de Pechney Elemetrométallurgie (PEM), Ferroatlántica consigue el segundo productor mundial de ferrosilicio, tras la noruega Elkem, y el primero en ferrosilicio de alta pureza. El 60% de lo que produce PEM lo vende fuera de Francia.
El grupo Ferroatlántica comenzó a diversificarse en el ámbito internacional en 1998, con la compra de Ferroven. una empresa venezolana privatizada por el gobierno de aquel país. Fue una decisión acertada, ya que la fábrica tenía unas grandes posibilidades de mejora en productividad y era una plataforma excelente para exportar a Estados Unidos, Canadá y México.
En un mercado que tiende claramente a la concentración, Ferroatlántica tomaba una posición activa. Villar Mir estaba dispuesto a ser de los que quedasen, y para eso hay que comprar a otros. Ya lo había hecho en España dos años antes, al adquirir la oscense Hidro Nitro, que además de las ferroaleaciones contaba con cinco saltos de agua en el Pirineo (42 Mw). En un intento de completar esta integración vertical de su negocio (electricidad-fundición) había comprado las minas gallegas de cuarzo RAMSA que le proporcionan fundente de sobra para los hornos de su grupo y para vender a sus competidores europeos.
Pechiney, una de las joyas industriales francesas durante décadas, con 20.000 trabajadores, fue adquirida a finales de 2003 por la multinacional canadiense del aluminio Alcan, una operación que conmocionó a los mercados, ya que convertía a Alcan en el líder mundial del aluminio. Estaba claro que la división de ferroaleaciones, origen de Pechiney, tenían una importancia secundaria para Alcan y pronto se suscitaron las dudas sobre la continuidad de las siete fábricas que Pechiney posee en este sector y que le convierten en el segundo productor mundial de ferrosilicio.
A finales del pasado mes de diciembre, Villar Mir alcanzaba un acuerdo con Alcan para adquirir la división electrometalúrgica Pechiney PEM en, al menos, 100 millones de euros. La cuantía real no se conocerá hasta que se produzca la verificación de la due dilligence, las comprobaciones contables para conocer exactamente la situación financiera de la empresa. La operación queda pendiente, asimismo, de la autorización de la UE, por si el resultado de la compra pudiera dar lugar a una restricción de la competencia en el sector. Un requisito que parece fácilmente salvable, si se tiene en cuenta que siguen operando en él otros fabricantes europeos de importancia, como Elkem.
El acuerdo también contemplaba un periodo de consultas con los sindicatos franceses, a los que Villar Mir ha prometido la continuidad de las fábricas. El empresario español, que ahora reunirá el mayor grupo mundial de ferrosilicio, ha reiterado que su estrategia nunca es cerrar factorías, sino hacerlas rentables, y ha puesto como ejemplo lo ocurrido con las que posee en España, adquiridas cuando se encontraban al borde del cierre.
Los sindicatos han visto como Alcan ha clausurado varias fábricas del grupo Pechiney desde que se hizo con su control y temían seriamente por la continuidad de las que se encuentran en el sector electrometalúrgico. Los rumores de cierre afectaban claramente a plantas ubicadas en Saboya, donde las autoridades regionales han mostrado una notorio preocupación por la evolución que llevaban los acontecimientos. Un temor que Villar Mir ha querido despejarles, dando por sentado que con él está asegurada la continuidad.
En el último cuatrimestre, la división de ferroaleaciones de Pechiney y la sociedad Aluminios de Grecia, que también se ha puesto en venta, tuvieron unos resultados negativos de 9 millones de dólares. Alcan ha recortado las pérdidas, pero ya había advertido que las ferroaleaciones no eran un negocio estratégico para su grupo.