Fundiciones de Aceros Especiales renace en Requejada

Una de las consecuencias más notables que ha tenido la irrupción de los países asiáticos en el escenario económico europeo ha sido la crisis de sectores productivos demasiado maduros, incapaces de competir con una oferta industrial de bajos costes salariales.
Al igual que ha ocurrido con los astilleros, la fundición parecía un negocio abocado a desaparecer en Europa; y no sólo altos hornos, sino también las pequeñas fundidoras, que han padecido una paulatina pérdida de clientela. Sin embargo, las cosas han cambiado y muchas de las empresas europeas que se sintieron atraídas por la oferta asiática, vuelven ahora su mirada al Viejo Continente buscando de nuevo fundiciones que les aseguren un nivel de calidad y la seguridad de un suministro regular que no siempre encuentran fuera.
Es la hora de quienes supieron aguantar el bache del sector a la espera de una coyuntura más favorable, como la cántabra Fundición de Aceros Especiales (FAE), una empresa familiar fundada hace treinta años.
Esa resistencia es todavía más destacable en el caso de FAE, ya que hace año y medio se incendiaron sus instalaciones de Argomilla de Cayón. Un percance que aceleró el proceso de renovación. No sólo aprovechó para ampliar, sino también para buscar un emplazamiento más estratégico, lo que ha conseguido en el polígono de Requejada (Polanco), donde ha levantado una fundición que le permitirá diversificar la gama de productos para atender mercados emergentes, como el hidráulico o el petroquímico.

Un negocio familiar

La vinculación de la familia Dasgoas, propietaria de FAE, con el negocio de la fundición se remonta a la antigua cooperativa Electrodos y Aceros, de Boo. Tomás Dasgoas llegó a ostentar la presidencia de una empresa dedicada a la fabricación de anclas que la crisis del sector naval acabó llevándose por delante en los años 80. La experiencia acumulada durante esa etapa y la convicción de que había un mercado para las pequeñas fundiciones, animó a Dasgoas a proseguir en el negocio con unos talleres propios, Industrias Dasgoas, radicados en Villanueva de Villaescusa.
Coincidiendo con un cambio en la ubicación de las instalaciones, que se trasladaron en 1996 a Argomilla de Cayón, Dasgoas pasó a denominarse Fundiciones de Aceros Especiales. En esa época ya había tenido lugar la incorporación de la siguiente generación familiar a la empresa, dirigida ahora por uno de los hijos, Tomás Dasgoas Rodríguez.
Es en esa nueva ubicación donde comienza el proceso de crecimiento. La compra de nuevos hornos le permitirán hacer piezas de acero de tres toneladas, frente al límite de 150 kilos de sus inicios. También crece la plantilla, que alcanza los 44 trabajadores, buena parte de ellos dedicados a las tareas de acabado de las piezas de fundición.
La empresa resolvió esas primeras fases de crecimiento con la compra de 3.500 metros cuadrados de terreno colindante a las naves. Sin embargo, la paralización del Plan urbanístico de Santa María de Cayón amenazaba con dilatar la creación de suelo industrial en el municipio y los responsables de la firma comenzaron a buscar un nuevo emplazamiento en alguno de los polígonos promovidos por la empresa pública Sican. El objetivo era trasladar la fase de fusión y moldeo, manteniendo en Argomilla, al menos durante un tiempo, la actividad de acabado de las piezas fundidas. Pero un percance inesperado les obligó a variar los planes, acelerando el cambio de ubicación. En febrero de 2006, un incendio fortuito destruyó el 80% de las instalaciones de Argomilla de Cayón, afectando especialmente a la nave de acabado y a las oficinas.
El hecho de que no se vieran dañados los hornos ni los elementos para el moldeo permitió a la empresa reaccionar con agilidad y reanudar su actividad en poco más de un mes. Las tareas de acabado han sido subcontratadas y, de esta forma, ni siquiera se alteraron sustancialmente las entregas de los pedidos.

Una nueva etapa

Antes de que se produjera ese percance, FAE había adquirido una parcela de 9.250 m2 en el polígono de Requejada, al que finalmente se ha trasladado. En ella ha levantado dos naves que suman 3.200 m2 de zonas productivas y otros 400 dedicados a oficinas, laboratorio y vestuarios. A la maquinaria trasladada desde Argomilla se le ha sumado nuevo equipamiento, lo que dará lugar a que la empresa pueda triplicar la producción. En los talleres de Requejada cuenta con tres equipos de hornos de inducción y cuatro cubas de mil, dos mil quinientos y cuatro mil kilos, lo que aporta una gran flexibilidad a la hora de hacer frente a pedidos.
Junto a los hornos habrá también una nueva mezcladora de 30 toneladas de capacidad, donde la arena de sílice se espesa con resina y aglomerantes para fabricar el molde de la pieza.
Una vez fundida, la pieza pasa a la nave de acabado, donde se elimina el material sobrante (las mazarotas) mediante una operación de rebarbado y se lleva a cabo el tratamiento térmico que da al acero las cualidades mecánicas y estructurales que se requieren.
La instalación cuenta con un foso para el hipertemple de aceros inoxidables mediante la inmersión de la pieza en agua, tras ser calentada a 1.150 grados. Para otros aceros basta con someterlos a un proceso de enfriamiento lento dentro del propio horno después de haber elevado su temperatura hasta los 900 grados.
Una última operación de granallado deja la pieza limpia y lista para su expedición al cliente, tras su paso por los controles de calidad con rayos x, ultrasonidos y líquidos penetrantes para comprobar que no existen defectos.
Las piezas de metal, una vez enfriadas y antes de llegar a la nave de acabado, pasan por una mesa vibratoria donde se desprende la arena que haya podido quedar adherida. Una vez tamizada, la arena así recuperada y la de los moldes vuelve a los silos para su posterior reutilización. Mediante este sistema, la nueva fundición va poder recuperar cerca del 75% de la arena empleada en el proceso de fundición, minimizando el problema medioambiental que plantean estos residuos.
Dos grúas-puente de 32 toneladas y otra de ocho, completan el equipamiento de los nuevos talleres, que espera fundir unas 350 toneladas de piezas al mes, algunas de hasta 8.000 kilos.

Hacia la diversificación

La mayor parte de la producción va destinada al sector de la troquelería y matricería. Las piezas de esta fundición han abastecido a firmas como Talleres Orán y Candemat, en Cantabria, pero, sobre todo, han ido a parar a matricerías del País Vasco y Cataluña, y, en menor medida, a Francia y Alemania. Pero el sector de la troquelería atraviesa en los últimos tiempos por una seria crisis, atrapado entre la sobrecapacidad de producción que existe en Europa y la creciente competencia en precios de los países asiáticos.
Gracias a las nuevas instalaciones, FAE se plantea la diversificación de su cartera de clientes, accediendo a nuevos sectores industriales, pues no hay obstáculos que le impidan acceder a la fabricación de valvulería y piezas para la conducción de fluidos, tanto en la industria hidráulica como en la petroquímica.
La principal ventaja de las nuevas naves es que abren las puertas de un segmento de mercado mucho menos competido. Mientras en España aún se mantiene un grupo nutrido de fundiciones especializadas en la fabricación de pequeñas piezas seriadas, no son más de tres las fundiciones de acero moldeado capaces de elaborarlas piezas tan grandes como las que se podrán hacer en Requejada.
Este mercado y las expectativas que se abren en Europa para las fundiciones que han sabido resistir y modernizarse hacen que los responsables de Fundiciones de Aceros Especiales afronten con optimismo la nueva etapa de esta empresa familiar.

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