Primer paso hacia el Museo de la Contabilidad

Nadie había imaginado la posibilidad de crear un museo de la contabilidad pero Ricardo Bilbao, un titulado mercantil que ha tenido puestos de gran relevancia en Caja Cantabria, ha pensado que podía ser una gran idea. Su iniciativa se ha plasmado ya en una exposición celebrada en el Palacio de la Magdalena con algunos de los materiales que él y otros entusiastas han recogido hasta el momento.
Los libros de contabilidad de las Minas de Mazarrasa en Áliva, los primeros registros e inventarios de Solvay en Barreda, la copia del acta de reconstitución del Banco Santander y otros muchos documentos contables que permitirían reconstruir parte de la historia económica de Cantabria se han expuesto junto a los aparatos mecánicos de escritorio que empezaron a facilitar los cálculos o las placas de piedra que servían para la impresión de títulos valores.
Salvador Ordóñez, rector de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, no sólo ha secundado la idea, sino que destaca la importante base documental que puede aportar una región con varias grandes empresas centenarias. De hecho, buena parte de los fondos proceden del Banco Santander, Caja Cantabria, Asturiana de Zinc (RCA), Nestlé o Lostal.
Ricardo Bilbao defiende la solvencia de la idea: “La exposición ha demostrado que existe material para poder hacerlo”. A lo que se añade el factor de la singularidad: “Probablemente no sea un museo multitudinario, pero los contables de todo el mundo se reconocerán en él”, sostiene.
Es esta figura profesional la que el museo trata de reivindicar: “El contable no es un registrador de cosas, sino alguien que sabe de empresas. El hombre de confianza de quien arriesga y una persona especial”, dice Bilbao, quien confiesa que a él le hubiese gustado ser ese personaje de La Lista de Schindler, el Sr. Stern: “El tipo de persona a la que nos estamos refiriendo. Trabajadora, cualificada profesionalmente, con profundos valores morales y éticos que dan vida a las empresas; personas que, siendo imprescindibles, pasan desapercibidas”, dice.
El objetivo del museo no será exclusivamente el acumular materiales contables para exhibirlos, sino convertirse en un centro de documentación y debate, según Ignacio San Juan, presidente del Colegio de Titulados Mercantiles y Empresariales de Cantabria, el organismo que respalda la idea.
Las agitadas aguas de la economía, que han llevado a poner en duda muchas de las cuentas de empresas y países hace más necesario, según San Juan “profundizar en la ciencia contable, restaurar su valor como medio de información veraz y recuperar su papel, esencial en la interpretación de la realidad económica e imprescindible en la toma de decisiones empresariales”.
La intención del Colegio es consolidar la iniciativa a través de exposiciones como la que se ha llevado a cabo en la UIMP bajo el título de Empresas centenarias, paisajes contables de Cantabria 1850-1950. En esta ocasión se han exhibido fondos procedentes de Caja Cantabria, Banco Santander, AZSA, Solvay, Autoridad Portuaria, Yllera, el Club de Regatas y Lostal, pero a los promotores del museo ya les han llegado muchos otros, tanto documentales como instrumentales.
La puesta en marcha del museo no exigirá un gasto elevado pero sí lo bastante oneroso como para que los promotores hayan considerado la necesidad de crear unos bonos de apoyo de 100 euros, con los que tratarán de obtener la financiación y, al mismo tiempo, ampliar el perímetro humano del proyecto. La consejera de Economía también confirmó el respaldo público durante el acto de presentación. Con este bagaje se pone en marcha el Museo de la Contabilidad que, si llega a buen puerto, será el único donde se recoja la evolución de un colectivo profesional sin el cual no podrían entenderse las empresas y, en consecuencia, la economía.

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