Recuperaciones Submarinas, la quiebra más rentable

A principios de los años noventa fracasó el proyecto para construir un puerto privado sobre la antigua concesión que Recuperaciones Submarinas tenía en la Punta de Parayas. El aparente fin de los nuevos accionistas y de la sociedad, redenominada como Cincan, no había podido llevarse a cabo. Sin embargo, es probable que el mejor negocio que haya hecho nunca la vieja Recuperaciones Submarinas esté por llegar.
El reciente derribo del aparcamiento del desguace de barcos ha vuelto a poner de relieve el valor urbanístico de un lugar que el ayuntamiento camargués ha intentado reordenar en varias ocasiones. Al adquirir Recuperaciones Submarinas por un precio simbólico, a finales de los años 80, Cincan se hizo con algo más que la chatarra o una empresa de desguaces que nunca podría ser reflotada. Su interés estaba en la titularidad de una concesión de medio kilómetro de muelles y 106.000 m2 de superficie en un privilegiado lugar de la bahía santanderina. Y aunque la concesión tiene una caducidad relativamente próxima, todo parece indicar que Cincan podrá obtener unos beneficios insospechados si prospera su planteamiento de considerarse propietaria de pleno derecho de un suelo que, en ese caso, dejaría de ser dominio público.

Un punto negro en la bahía

Los accionistas de Cincan que compraron Recuperaciones Submarinas después de cesar en su actividad, crearon a los pocos meses una nueva sociedad, Centro Internacional de Negocios de Cantabria, con el mismo acrónimo. La intención era aprovechar el muelle en desuso y convertirlo en la puerta de entrada y salida de un intenso tráfico comercial con la antigua Unión Soviética.
Detrás de esta sociedad estaba la promotora inmobiliaria madrileña Berfered SA, presidida por Alfonso Cadaval, y en el consejo de administración figuraban también dos abogados madrileños, Pablo Jacobi Nicolás y Jorge Jacobi Strasser. Durante algún tiempo estuvo, asimismo, el actual presidente de la Cámara cántabra, Modesto Piñeiro García-Lago. En la actualidad, los Jacobi son los únicos administradores y el principal paquete de acciones está controlado por la empresa asturiana de autobuses ALSA.
El proyecto de Cincan contemplaba la construcción en aquel lugar de un moderno puerto privado, con almacenes, oficinas y silos, para comerciar exclusivamente con la URSS que, por entonces, vivía el tiempo de la ‘perestroika’, una apertura hacia Occidente que despertaba grandes expectativas de negocio. Sin embargo, los productos soviéticos de la época ya no resultaban atractivos para un consumidor tan sofisticado como el occidental y la posterior disgregación de las antiguas repúblicas socialistas dio al traste con una idea que precisaba para su éxito de un mercado centralizado.
En realidad, el Centro Internacional de Negocios no llegó a hacer obra ni movimiento de barco alguno. La concesión de Parayas permaneció semiabandonada hasta que en 1994 Cincan optó por sacar algún rendimiento al terreno alquilando las viejas instalaciones a dos empresas de desguace de barcos. Esa actividad se ha venido manteniendo hasta hoy, a pesar de que no cuentan con licencia municipal y de que la normativa europea hace tiempo que prohíbe los desguaces a flote, ya que resultan muy contaminantes, y exige que los achatarramientos de barcos se realicen en diques, la única forma de poder recoger los vertidos que siempre se producen.
Durante ese tiempo han sido varios los intentos del Ayuntamiento de Camargo por recuperar urbanísticamente un área de valores paisajísticos tan singulares y que, sin embargo, se encuentra fuertemente degradada, ya que al descuido general se añade la ruinosa fachada de lo que fue Recuperaciones Submarinas y los restos herrumbrosos de los barcos en desguace.

Usos deportivos, culturales e inmobiliarios

Tanto en la etapa de Angel Duque como en la posterior de López Lejardi, el Ayuntamiento de Camargo ha defendido la idea de construir allí un paseo marítimo que dé continuidad a los tramos ya existentes, y la recuperación del resto de los terrenos para usos dotacionales. López Lejardi llegó a establecer un acuerdo verbal con Cincan por el que esta empresa cedía al Ayuntamiento la mitad de la concesión –en el acuerdo se cifró en 80.000 metros cuadrados– y autorizaba que en el resto se desarrollasen los usos industriales permitidos en el título concesional.
De esta forma tácita, se le reconocían a Cincan derechos de propiedad sobre unos terrenos que, en realidad, sólo son una concesión que caduca en el 2018 y de la que ni siquiera existe constancia oficial en el registro de concesiones portuarias, dado que el único titular que figura es Recuperaciones Submarinas.
A pesar de esta discutible realidad patrimonial, las administraciones públicas parecen dar por hecho que, antes o después, Cincan consolidará como una propiedad lo que ahora es concesión, aunque no haya hecho nada por cumplir los fines con los que se hicieron estas cesiones temporales de suelo público.
La sucesora de López Lejardi al frente del Ayuntamiento, María Jesús Calva, ha anunciado su deseo de retomar el proyecto para la rehabilitación de la zona a través del nuevo planeamiento urbano que está ultimando el municipio, donde se contempla un plan especial para ese área tan singular. En el mismo, su calificación urbanística pasará de ser industrial a zona de equipamientos, “en principio, de carácter socio-cultural y/o destinados a actividades lúdico-recreativas y deportivas, de naturaleza pública”, según reza el texto. Sin embargo, no se excluyen los usos residenciales, sino que aparecen implícitamente admitidos en un párrafo posterior que sólo los prohíbe dentro de la huella del ruido del Aeropuerto de Parayas –la pasarela utilizada por los aviones–, pero esta limitación afectaría a un área muy pequeña de la concesión.
En el propio Plan Especial se reconoce como edificable una parcela de 600 metros de frente y 30.000 m2 de superficie, con un ratio de ocupación máxima del 60% (18.000 m2) y una edificabilidad de 0,80 metros por metro cuadrado. La franja más próxima a la bahía, en cualquier caso, no podría ser ocupada con viviendas, ya que se reserva para un parque urbano en el que también podrían habilitarse áreas deportivas vinculadas a la náutica.
En cualquier caso, para que este diseño pueda ser llevado a la práctica, el Ayuntamiento deberá negociarlo con Cincan que, además, ha tenido la precaución de adquirir otros terrenos colindantes con la concesión. Un acuerdo que interesa a ambos: Cincan encontraría un aliado muy importante a la hora de reivindicar la propiedad sobre este suelo público y el Ayuntamiento se haría con la mitad de la superficie.

Una jurisprudencia polémica

La pretensión de Cincan se fundamenta en varias sentencias judiciales referidas a otras marismas que fueron dadas en concesión para ser desecadas –una práctica muy común a finales del siglo XIX cuando se consideraban una fuente de enfermedades–. Según esta jurisprudencia, en las marismas que ya se han integrado en un entorno urbano, el titular de la concesión deviene en propietario de ese suelo.
A pesar de que Cincan sólo detenta los derechos de la concesión a través de una transmisión privada, entiende que esa doctrina –que no es unánime– valdría en su caso, y está dispuesta a defenderla ante los tribunales.
La ocasión para hacerlo puede estar próxima, aunque la concesión tiene aún trece años de vigencia. En el plan de deslindes de dominio público que realiza la Demarcación de Costas de Cantabria, el año próximo está previsto efectuar los correspondientes al área de la bahía de Santander. Será entonces cuando Cincan deberá alegar ante Costas –y, en caso de no obtener una respuesta positiva, ante los tribunales– para convencerles de su derecho a la propiedad de un terreno ganado en su día a la bahía y que puede tener un incalculable valor inmobiliario, si se consideran los 18.000 metros cuadrados de construcción en primera línea del mar que va a permitir el nuevo planeamiento de Camargo en estos terrenos.
Si Cincan consigue la propiedad, el rendimiento obtenido por una concesión por la que ni siquiera se paga un canon al Estado, desafiará la imaginación de los promotores inmobiliarios más audaces. Y hará buena una paradoja: Recuperaciones Submarinas valdrá mucho más muerta que viva.

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