La productividad no crece
Un trabajador cántabro producía en 2002 mercancías o servicios por valor de 30.822 euros, sólo mil más que siete años antes. La diferencia parece escasa para una época de fuerte crecimiento económico, como ha sido la segunda mitad de los años 90, pero podría justificarse en varias razones, desde el incremento del divisor (aumentó muy sustancialmente el número de ocupados) como por el hecho de que las actividades a las que se han incorporado la mayoría de estos nuevos ocupados tienen un valor añadido escaso: hostelería, construcción, peones…
Los datos del informe de coyuntura elaborado por Caixa Cataluña indican que el modelo español de crecimiento deja bastante que desear cuando se analizan sus tripas. Es cierto que el país ha crecido más que las economías centrales europeas, pero también es evidente que eso se ha producido por una euforia del consumo basado en los bajos tipos de interés (endeudamiento) y en el ladrillo.
Al no tratarse de un modelo sostenible, ese crecimiento no puede consolidarse en el tiempo, y eso invita a pensar que, antes o después, la economía nacional puede tener problemas, especialmente si el Banco Central Europeo varía su política de tipos de interés.
El escaso incremento de la productividad en la economía española ha sido criticado por algunos economistas, y el problema resulta más agudizado en Cantabria si se tiene en cuenta que evoluciona por debajo de la media. No obstante, hay zonas del país donde la situación es más preocupante, con crecimientos negativos, como es el caso de Baleares, donde la productividad ha caído un 2,8% desde 1995 y Canarias, con un descenso del 4,6%.
Las comunidades con más productividad por trabajador son Madrid (35.787 euros de valor añadido) y el País Vasco (35.253).