‘Los etiquetados electrónicos revolucionarán la forma de comprar’

Pregunta.– En los últimos años se han empezado a implantar pequeñas etiquetas electrónicas en libros, botellas de licores, cd´s o productos de alto precio, que hacen saltar las alarmas en los arcos de salida de las cajas de supermercados e hipermercados si no son previamente desactivados. Su precio unitario hace que se utilicen en los artículos con mayor nivel de hurtos, cuyos fabricantes son obligados por las grandes superficies a implantarlas en origen. ¿Veremos, a corto plazo, como se multiplica la presencia de estos chivatos electrónicos en todo tipo de mercancías?
Mariano Moro.– La etiqueta de protección de artículos en origen ha tenido un desarrollo enorme en el último año y hemos conseguido una gran difusión en el textil y en calzado; hemos entrado en las conserveras, donde además hemos encontrado una solución muy satisfactoria para los problemas que planteaban los envases metálicos. También tenemos una evolución muy rápida en el mundo de los productos frescos, integrando la protección en la misma bandeja en que se presentan. Por supuesto, hemos seguido creciendo en bazar y hemos avanzado mucho también en el sector de bebidas.

P.– ¿Cuál es el objetivo? ¿Reducir los hurtos de los clientes?
M.M.– Son varios factores. Hay un hurto externo, hay un hurto interno y luego hay lo que podríamos llamar errores administrativos en la gestión interna o en la relación con el proveedor. El objetivo que se persigue con las etiquetas es reducir el problema de todo eso que se denomina ‘pérdida desconocida’, es decir, las diferencias de inventario que tiene el distribuidor entre el stock real y el stock teórico y que van directamente a su cuenta de resultados. Esto les obliga a repercutir ese coste en el precio que paga el cliente o dirigirlo hacia su proveedor, dependiendo del poder de negociación que tenga.

P.– ¿Qué dimensión tiene el problema de los hurtos y los errores administrativos?
Estamos hablando de unas pérdidas de 1.800 millones de euros en la distribución comercial en España y de 33.000 millones de euros en Europa, que equivalen al PIB de Noruega; es decir, es un problema de una envergadura enorme que, además, tiene un impacto económico indirecto de otros 6.000 millones de euros en España por ineficiencias que se producen en toda la cadena de suministro, desde roturas de stocks y cosas que se dejan de vender –y por lo tanto de fabricar– a inversiones que se dejan de realizar.

P.– ¿La extensión de este control electrónico a sectores hasta ahora inaccesibles se debe a un abaratamiento de los sistemas?
M.M.– Yo creo que ha habido una toma de conciencia tanto por parte de la distribución como de los fabricantes; se han sentado a colaborar y han atacado el problema. Ha sido así de sencillo.
P.– ¿Ha habido también una evolución tecnológica?
M.M.– Claro, la tecnología ha ido mejorando. Nosotros lanzamos en el año 2003 los sistemas de tercera generación, que tienen un mayor arco de detección, a pesar de utilizar una etiqueta más pequeña, por lo que se puede incluir en muchos mas productos. La radiofrecuencia de protección se está aplicando así en muchas de las familias de productos que al fabricante y al distribuidor le interesa proteger. Hemos hecho adaptaciones para cada sector y hemos encontrado soluciones, incluso, para aplicar las etiquetas en procesos de fabricación de alta velocidad sin entorpecerlos, como por ejemplo, en los envasado de bebidas.
P.– ¿Se puede asimilar la etiqueta a un chip con información sobre el producto?
M.M.– No, estamos hablando de un circuito de radiofrecuencia que protege. El chip es una radiofrecuencia de identificación. Cuándo se producirá la sustitución de un sistema por otro, no lo sabemos, pero sí que, antes o después, será sustituido por un pequeño chip que irá incorporado en los productos y donde podremos incluir una información perfecta.
P.– ¿Estamos muy lejos de dar ese paso?
M.M.– La tecnología ya existe, lo difícil es la implantación porque tiene una serie de costes e implica acuerdos internacionales en cuanto a frecuencias o a para qué lo vamos a utilizar. Ya hay algunos, como la adopción de un estándar mundial en cuanto a la capacidad de información (96 bits) y unas frecuencias determinadas. La aplicación de este sistema va a permitir una visibilidad total del producto desde el día que nace hasta el día en que se desactiva en la salida de una caja, para evitar, a partir de ese momento, cualquier problema de confidencialidad.
P.– Esa es precisamente una de las mayores reservas que produce este sistema. Se teme, por ejemplo, que la información que suministra el chip al vendedor le permita conocer todos los hábitos o preferencias de un comprador.
M.M.– Será el producto el que esté identificado, pero eso quedará desactivado en la salida de la caja. Ahora nos encontramos en una fase piloto, y, por el momento, la industria y la distribución únicamente quieren probar si esto tiene rentabilidad o no.
P.– ¿Está muy lejos el día en que todos y cada uno de los productos que forman parte del carro de la compra vayan identificados con un chip?
M.M.– De momento, los tests se están haciendo a nivel de caja y palé. En el 2003, Wal-Mart que es la mayor compañía de distribución del mundo dio un mandato a sus cien principales proveedores para que todos los productos llegasen identificados a nivel de caja y palé. Wal-Mart hablaba de una mejora de costes logísticos del 30% pero, en realidad, en lo que estaba pensando es en la gran disminución que podría conseguir en lo que se llama la ‘pérdida desconocida’, más difícil de cuantificar.
P.– Los beneficios desde el punto de vista logístico y de ahorro de hurtos para las empresas son evidentes, pero desde el punto de vista del cliente ¿qué ventajas concretas le reporta?
M.M.– Nosotros estamos muy volcados en el punto de venta, en lo que pueda aportar la radiofrecuencia de identificación, y tenemos aplicaciones que pueden aportar información al cliente dentro de la tienda, con un mejor asesoramiento sobre el producto, o que al pasarlo por un punto de identificación le advierta de si está en mal estado. Va a poder disponer de una trazabilidad perfecta de ese producto en concreto. A partir de ahí, con esta tecnología se puede empezar a soñar. En lo que se refiere a información, el campo es ilimitado y con aplicaciones curiosas, como una pantalla en los probadores que te dirá los colores de esa prenda y cómo queda, ya que puedes verla en un pase de modelos. Todo eso nos va a cambiar la experiencia de compra. La primera revolución fue la de los sistemas de autoservicio y yo creo que ahora vamos a otra revolución en formas de comprar, que también puede suponer una mayor eficiencia para el bolsillo del consumidor y para su salud alimentaria.
P.– ¿Un escenario de supermercados sin cajeras, en el que no haya que sacar cada producto del carro para efectuar el pago, está muy lejano ?
M.M.– Yo creo que eso está lejos, ya que exigiría una implantación masiva de los identificadores en todos los productos. Lo que es seguro es que se hará con este sistema de radiofrecuencia; va a ser este chip, aunque está limitado por la capacidad de manejo y de incluirlo dentro de todos los productos. Decir cuándo se puede producir sería especular. En este momento estamos en la fase de prueba de cara al consumidor y a los procesos de la cadena de suministros. La implantación masiva llegará cuando todo el mundo decida que el retorno de la inversión es el correcto. En ese momento, será un proceso imparable.

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