Pago Casa del Blanco adquiere Bodegas Nates
Paso a paso, el proyecto cántabro de la bodega Pago Casa del Blanco se va consolidando. Tras la adquisición y rehabilitación del Palacio de los Alvarado, en Treto, como sede de lo que aspira a ser la mayor empresa vinícola de la región, el propietario de la firma manchega, Joaquín Sánchez, ha adquirido Bodegas Nates, una de las más conocidas de las que se acogen a la denominación geográfica de Vinos de la Costa de Cantabria.
Esta pequeña explotación familiar, creada por Benito Altuna y su mujer, Josefina Aritzmendi, está ubicada en la localidad de Nates, municipio de Voto, donde desde hace una década vienen elaborando un albariño que ha obtenido varios premios internacionales.
La falta de relevo generacional al frente de la explotación es una de las causas de que Bodegas Nates vaya a iniciar una nueva etapa ligada a los ambiciosos planes que tiene su nuevo propietario para situar a Cantabria en el mapa vinícola español. Y esta pequeña empresa es otra de las piezas de un proyecto que culminará cuando Joaquín Sánchez logre sumar las veinte hectáreas que se ha marcado como objetivo para construir una gran bodega.
Una apuesta por el albariño
Bodegas Nates le aporta una finca de algo más de seis hectáreas, de las que tres y media están en explotación. Las vides, de dos variedades blancas –albariño y algo de godello– están situadas en una pronunciada ladera de la pedanía de Nates, asomada al río Asón y a unos 150 metros de altura sobre el nivel del mar. La dificultad que supone para la recogida de la uva la acusada pendiente de los terrenos –una característica común a a la mayor parte de los viñedos cántabros– se compensa con su excelente orientación, que le asegura las horas de insolación adecuadas para la maduración de la uva. Esa misma inclinación del terreno facilita su drenaje, algo muy necesario en regiones con una pluviometría elevada como la cántabra.
Elevar la producción
La bodega de Nates se encuentra situada dentro del viñedo y ha venido elaborando su producto como si de un vino de pago o de finca se tratase, es decir, utilizando únicamente la uva producida en el entorno de la bodega. En 2012, la mejor campaña que este matrimonio vasco recuerda, llegaron a encorchar 12.000 botellas, aunque su producción habitual oscila entre las 8.000 y las 9.000 botellas al año.
Las posibilidades de la finca van más allá de esa producción y, en un año normal, la puesta en explotación de todo el terreno disponible permitirían cosechar unos 20.000 kilos de uva y producir unas 20.000 botellas.
Los enólogos del viticultor y bodeguero manchego encontrarán un buen punto de partida en los vinos que ya se elaboran en en esta bodega cántabra, que con su Nates 2014 –un coupage del 95% albariño y 5% godello– obtuvo el pasado año una medalla de plata en el Concurso Internacional de Vinos Premios Arribe, que distingue a los mejores caldos y bodegas de España y Portugal.
Una microbodega en el Palacio de los Alvarado
Mientras tanto, Joaquín Sánchez continúa buscando en los alrededores de Treto una finca con una extensión suficiente como para alcanzar las 20 hectáreas que precisa para su gran bodega. Una vez rehabilitado el palacio barroco de los Alvarado, al que le ha devuelto el esplendor que había perdido en décadas de abandono, este polivalente empresario, cuya carrera profesional ha estado ligada a la firma Sakura, distribuidora de equipos hospitalarios de radiología, construye actualmente una pequeña bodega en un anexo del propio palacio. Una instalación muy tecnificada que le permitirá elaborar unas 30.000 botellas al año.
Pero su gran apuesta es lograr viñedos suficientes en Cantabria como para construir la gran bodega que proyecta y que, según sus previsiones, podría llegar a producir unas 200.000 botellas al año. La dificultad estriba en encontrar esas 20 hectáreas en una sola finca, porque, al contrario de lo que ocurre en La Mancha, donde son habituales las grandes explotaciones, la distribución de la tierra en Cantabria se basa en los minifundios. De hecho, la bodega manchega de Joaquín Sánchez, ubicada en Manzanares, está situada en una finca de 150 hectáreas, 50 más de las que suman todos los viñedos de Cantabria.
Lo que le aportará la región con menos esfuerzo es una ubicación estratégica para la distribución por el Norte de España tanto de los vinos que produce en la bodega manchega, como los que va a elaborar en Cantabria, a los que ahora se unen los albariños de Nates.