La mayor concentración de obras de la historia

El ciclo vital de las obras públicas suele coincidir con el de las elecciones. En el último cuatrienio este aserto parecía haber quedado en entredicho por la abundancia de inauguraciones que se han producido, hasta el punto que cabía pensar en un final de legislatura descafeinado. Pero era sólo una apreciación. Nunca hubo tanto dinero público en movimiento y probablemente nunca más lo habrá. Quizá tampoco sea necesario porque las grandes infraestructuras de la región empiezan a quedar completadas: el puerto; un sistema de autovías transversal y paralelo a la costa; la renovación de toda la red regional de carreteras; un aeropuerto bien dimensionado para las necesidades de la región; un hospital reconstruido por completo y una trama tupida de grandes edificios vinculados al ocio y la cultura, a los que se van a añadir ahora el Teatro Concha Espina, de Torrelavega, o la gran biblioteca que alguna vez se concluirá en los antiguos depósitos de Tabacalera en Santander. También en el subsuelo van quedando resueltas las principales inversiones, con el saneamiento de todas las cuencas y se han construido dos plantas del tamaño de sendas fábricas para el tratamiento de las basuras y los lodos de las depuradoras.
Gran parte de estas infraestructuras se están ejecutando simultáneamente, con un volumen de inversión desconocido, y en ello tiene mucho que ver la cada vez mayor presencia de la financiación privada, que ha venido a sustituir a la pública en obras de gran cuantía como la incineradora de Meruelo o el gigantesco silo para graneles que se construye en el puerto de Santander, ambas a cargo de Urbaser (Dragados).

Muchas cintas

En los próximos seis meses habrá muchas cintas que cortar y de todos los tamaños, porque en paralelo a la gran obra pública del Estado y de la Administración regional van las pequeñas y no tan pequeñas de los ayuntamientos. No habrá municipio que no estrene un parque, aparcamientos o plaza pública. Y la condición inexcusable de todas estas obras es que estén para a tiempo para las elecciones, lo que obligará a las constructoras a repetir los sofocos de anteriores elecciones, cuando en algunos lugares, como Valdecilla, llegó a trabajarse a tres turnos, incluso los festivos.

Cambia la tendencia a la baja de las licitaciones

El condicionante electoral y un ligero repunte en la licitación oficial está haciendo que 2006 sea un año distinto en la evolución de las adjudicaciones, que llevaba un camino descendente desde los hitos de 2001 y 2002, cuando se licitaron casi simultáneamente varios tramos de autovía de la Meseta para poder cumplir el compromiso del pacto electoral PP-PRC que exigía tener la carretera terminada al finalizar 2005. La realidad es que concluirá un año y medio más tarde, un retraso moderado si se tiene en cuenta el que sufrió la Autovía del Cantábrico.
La licitación pública está repuntando muy fuerte en lo que va de año 2006. En el primer semestre, los ayuntamientos y el Gobierno regional sacaron a concurso 234 millones de euros en obras, una cuantía superior a la de todo el año anterior y que muestra bien a las claras la fiebre preelectoral. El Estado también marcó la misma tendencia, pero las obras estatales suelen conllevar mayor plazo de ejecución y la mayoría de las que ahora se licitan se concluirán mucho después de las elecciones.
No obstante, este repunte marca una tendencia esperanzadora, como el compromiso de que antes de finalizar el año se adjudicará el tramo de autovía entre La Encina y Torrelavega, casi 15 kilómetros destinados a completar el recorrido aún inconcluso de la Autovía del Cantábrico. El presupuesto de la obra es de casi 100 millones de euros, lo que la convertirá en la más importante de los próximos años. El expediente de esta carretera ha estado paralizado ocho años ya que, entre medio, el PP la concursó como autovía de peaje (Zurita-Parbayón), quedando desierta al no concitar el interés de la iniciativa privada. El Gobierno socialista ha optado luego por financiarla con recursos públicos y hacerla libre de peaje.

No obstante, parece inevitable que, a partir de ahora, el brusco descenso de la financiación comunitaria, al salir Cantabria del Objetivo 1, el hecho de que la III Fase de Valdecilla (el edificio de Hospitalización) ya no disponga de financiación estatal y consuma recursos regionales, y la progresiva finalización de las grandes inversiones en carreteras tanto en la red nacional como en la regional van a reducir cada vez más el peso de la obra pública en los presupuestos, algo que por otra parte es normal en los países desarrollados, donde las infraestructuras principales se completaron hace años y muchas de las restantes se dejan en manos de la iniciativa privada.
Las dos palancas que pueden cambiar esta tendencia son el tendido férreo de alta velocidad y la Autovía Dos Mares, que necesitarán una gran inversión, pero ninguna de las dos se encuentra en el horizonte más inmediato. Por parte autonómica, quedan aún grandes inversiones en la Autovía del Agua y los 74 millones que costará ordenar el Ecoparque de Reocín.

Las obras olvidadas

En la avalancha de inauguraciones que se avecina faltarán, sin embargo, algunas obras muy significadas que han quedado en el limbo, como el Museo de las Llamas o el polígono de Villaescusa, otras que van retrasadas, como el puente de Raos y las que han quedado atrapadas en el laberinto judicial, como la nueva sede del Gobierno regional, que no podrá construirse si previamente no se derriba la actual y eso no será posible por el momento, ya que el Ayuntamiento de Santander ha conseguido paralizarlo en los tribunales.

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