El PP consigue hacerse con el sillón en Liberbank

En pocas semanas, el horizonte de Liberbank se ha despejado, a falta del recodo final de la salida a bolsa. El banco se ha consolidado como uno de los cinco supervivientes de las 45 cajas de ahorros que había en España, lo que no es poco mérito a la vista de la muchas entidades que se han quedado por el camino. Paradójicamente, el que no ha sobrevivido al proceso es quien lo ha protagonizado, el hasta hace poco presidente de la Caja, Enrique Ambrosio Orizaola.
Desde la llegada del Partido Popular al Gobierno de Cantabria, el Ejecutivo ha hecho todo lo posible por removerlo del cargo, directamente o a través del exsecretario general de CC OO Javier Puente, que fue nombrado consejero de la Caja por el propio Partido Popular. A pesar de que Ambrosio tenía un mandato de seis años, del que apenas había transcurrido uno, el PP insistió en que con el cambio de mayoría política en la región tenía derecho a sustituir al representante de la Caja, una tesis que choca abiertamente con la pretensión oficial de despolitizar estas instituciones.
Ambrosio se oponía, argumentando que tal pretensión no encajaba en los estatutos de Liberbank, que no contemplan la pérdida de confianza por parte de alguno de los accionistas como causa de remoción en los cargos, aunque en este terreno cada parte utilizó un informe jurídico de un despacho de prestigio y ambos eran abiertamente contradictorios. Mientras que el del PP sostenía que la Caja o cualquier otro de los accionistas de Liberbank puede sustituir cuando lo desee al consejero que le representa, el de Ambrosio indicaba todo lo contrario.
De hecho, tanto el Banco de España como la Comisión Nacional del Mercado de Valores emitieron recomendaciones para que los estatutos de los nuevos bancos se evitase un carrusel de ceses y nombramientos cada vez que cambia el Gobierno regional de una de comunidades representadas entre los fundadores. Una forma de evitar la inestabilidad, de cara a la futura privatización, y de ir superando la forma de gobernar de las cajas, que tantos problemas ha producido.

Las dietas

Cuando ya parecía resuelta la continuidad de Ambrosio, el frente PP-Javier Puente volvió a agitar las aguas contra el presidente al acusarle de cobrar ilegalmente las dietas como consejero y vicepresidente de Liberbank (unos 70.000 euros netos al año). La filtración provocó nuevas tensiones en los órganos de la Caja, que no se relajaron por el hecho de que estas dietas hubiesen sido convalidadas por los servicios jurídicos de la entidad.
Al conocerlo, el consejo de administración decidió cambiar estar política y votó que el representante en Liberbank sólo pueda cobrar en el banco la misma dieta que cobra por asistir a las reuniones de la Caja, algo más de 300 euros.
La temperatura del consejo subió varios grados cuando el PP intentó que la nueva norma se aplicase con carácter retroactivo, para forzar a Ambrosio a devolver la diferencia. Una situación que el afectado rechazó de plano, al considerar que, ante la opinión pública, eso crearía la sensación de que lo percibido hasta entonces era ilegal, una tesis que, finalmente el consejo aceptó.

Cambio de papeles

La tensión no solo llegaba desde dentro, sino también desde afuera. El presidente regional, Ignacio Diego, hizo varias declaraciones muy duras contra el presidente de Liberbank y contra la política crediticia de la Caja que enrarecieron aún más el ambiente. Incluso llegó a firmar un manifiesto de los afectados por las preferentes en el que se calificaba a Liberbank como ‘Carcelbank’, algo chocante en un responsable político pero mucho más en alguien que, como Diego, formaba parte del consejo de administración de Caja Cantabria en 2002, cuando se aprobaron las primeras emisiones de preferentes.
A partir de ese momento, se produjo un sorprendente cambio de papeles. Enrique Ambrosio anunció inesperadamente su intención de dejar el cargo y la decisión le cogió tan de sorpresa a los consejeros de PP que consideraron inoportuno lo que tres meses antes reclamaban con insistencia.
Ambrosio nunca ha aclarado los motivos de su cambio repentino de opinión, ya que hasta entonces había dejado entender que no tenía intención de agotar su mandato, pero tampoco de marcharse antes de dos años, lo que hubiese coincidido con su fecha de jubilación. Probablemente, su cambio de actitud estuvo relacionado con la insoportable tensión que propició el Gobierno regional en la entidad, unido al conflicto en la calle de las preferentes, lo que creó un ambiente realmente hostil sobre la Caja y Liberbank y se tradujo en una fuerte retirada de depósitos. Es cierto que todo el sector bajaba a un ritmo del 5%, pero en el caso de la Caja el desplome era de casi el doble.
Ambrosio optaba por la inmolación, para evitar males mayores, pero entonces fueron los que habían pedido su salida los que dejaron de tener prisa, quizá porque aún no habían preparado el candidato para reemplazarle.
Enrique Ambrosio aceptó aplazar su salida hasta la aprobación del Plan de Capitalización, un hito en todo el proceso, dado que a partir de ese momento Liberbank ya quedaba encarrilado como uno de los pocos supervivientes del sistema financiero español, con el visto bueno de las autoridades comunitarias y prácticamente sin financiación pública.

El fin de un proceso

Esa dimisión a plazo fijo era la forma de presentar la renuncia, ante la opinión pública, como el cierre de una época, pero la estrategia tuvo un éxito solo relativo, porque la aprobación del plan de capitalización ha tenido muy poca repercusión en Cantabria, donde los periódicos sólo enfatizaron sobre los condicionantes negativos del acuerdo: reducción del balance de Liberbank, imposibilidad de extender su operativa a más regiones, o la toma de 124 millones de euros de dinero público a través de bonos convertibles contingentes.
Unos condicionantes que, en realidad, se limitan a retratar la nueva realidad del banco, una vez traspase las viviendas que ha acumulado a la Sareb y venda su negocio asegurador o las participaciones en sociedades no vinculadas a su actividad principal, para recapitalizarse con las plusvalías. La imposibilidad de extenderse a Baleares, Navarra y La Rioja tampoco le quitaba el sueño a los responsables de Liberbank, dado que son territorios donde nunca ha tenido representación. La única restricción que tiene algún efecto práctico es la imposibilidad de operar en Canarias, donde sólo tiene tres oficinas, que tendrá que cerrar.
La sustitución de Enrique Ambrosio finalmente se ha materializado en enero, con la reestructuración del consejo de Liberbank para reducirlo a trece miembros. Como los otros socios, Caja Cantabria convocó un consejo para aprobar una pequeña modificación en el contrato de adhesión a Liberbank, forzada por el plan de capitalización. Eso obligaba a renombrar a los consejeros, lo que Enrique Ambrosio aprovechó para reiterar su intención de ser sustituido. Javier Puente y los consejeros vinculados al PP, renuentes, argumentaron que ese punto no figuraba en el orden del día y el nombramiento se pospuso al día siguiente.
El PP propuso a Eduardo Zúñiga y la mayoría de los consejeros de la Caja, incluidos los vinculados al PSOE, le dieron su apoyo, pero en el aire quedó la sensación de que no era Zúñiga el candidato que realmente pretendían los populares y que la operación real se frustró por no estar lo suficientemente preparada en ese momento.
Ese candidato, según distintas fuentes, podría haber sido el ex director Javier Eraso o el propio Javier Puente. No obstante, en ambos casos se dan circunstancias que lo dificultan. En el de Eraso, el no ser consejero general de la Caja y el hecho de que los estatutos de Liberbank impiden el nombramiento de alguien que haya salido de la entidad indemnizado. Para el exsindicalista de CC OO, sería necesario justificar la formación bancaria o económica que pueda hacerle adecuado para el cargo.

La amenaza de la incompatibilidad

Si con Zúñiga vuelve la calma a la Caja, no será por la desaparición de las incertidumbres. Tras la salida a Bolsa de un 25% del capital de Liberbank, que ya empieza a prepararse, los nuevos representantes dominicales entrarán en el consejo y desalojarán a buena parte de los que ahora se han nombrado, por lo que es probable que la entidad cántabra no conserve su representante. Además, la reforma de los órganos gestores de las cajas que prepara el Gobierno de la nación va a impedir que los presidentes de las cajas, como es el caso de Zúñiga, estén en los consejos de administración de los bancos que han constituido.
Si el Gobierno no sucumbe a la presión de las grandes cajas, que intentan por todos los medios que sus presidentes puedan seguir estando al frente de los bancos que controlan, Caja Cantabria tendría que nombrar a otra persona. Por tanto, todos los esfuerzos para la remoción de Ambrosio parecen un poco precipitados antes de dibujarse el nuevo escenario.
A partir de la futura ley, las cajas quedarán como una mera fundación cuya única tarea será administrar la obra social con los rendimientos que produzca su inversión en los bancos que han constituido. Una fundación en la que desaparecerán los actuales órganos de gobierno, que al desaparecer la actividad financiera ya no están justificados, y todos los representantes políticos y sindicales.

El embrollo de las dietas

La presencia de Zúñiga en Liberbank tampoco le saldrá especialmente remuneradora. Desde el cambio en el sistema de retribución de las dietas aprobado el pasado verano en Caja Cantabria, quien la represente en Liberbank no podrá cobrar la dieta estipulada por el Banco sino la ordinaria de la Caja por asistencia a los consejos, mucho más modesta.
Aunque Liberbank sea el banco más moderado en las retribuciones de todo el sistema financiero español, eso le planteará un problema formal, el de qué hacer con la diferencia entre lo que cobran los demás consejeros y lo que cobrará el representante de la entidad cántabra. Esa diferencia deberá serle ingresada a Caja Cantabria. Como el cargo de consejero en Liberbank es personal y no como representante de una institución, la única vía factible para resolver el problema es que Zúñiga entregue a la Caja la diferencia.

Reconocimiento

Pese a la guerra interna vivida estos meses, la salida de Ambrosio se saldó con un comunicado del consejo de administración, aprobado por unanimidad, en el que los restantes miembros reconocen que durante su presidencia se han producido hechos muy relevantes en la entidad, desde el Plan Estratégico para cambiar la orientación comercial de la Caja y la remuneración de los directivos, a la búsqueda de socios para transformarse en un banco, proceso en el que muchas entidades acabaron por desaparecer, al aventurarse en alianzas desafortunadas que dieron al traste con su patrimonio.

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