La ‘última milla’ de Lican

Cuando hace una década se comenzó a hablar en España de la llegada de la televisión por cable, la expectación despertada corría pareja con la ignorancia de los requerimientos técnicos que iba a suponer su despliegue. Lo que sí estaba claro era que sería preciso abrir muchos kilómetros de zanjas para tender las redes de fibra óptica que iban a ser el soporte de ese nuevo servicio.
Las operadoras creadas para explotar la televisión por cable no podían acometer por sí mismas un trabajo semejante y entre quienes percibieron las posibilidades de contratación que iba a generar esa actividad se encontraban dos cántabros, José Ramón Pérez y Miguel Angel Barrio, compañeros de trabajo en la filial española de Telecom Italia. La experiencia lograda tendiendo la red de fibra óptica para Santander de Cable, les animó a aceptar la oferta de esta operadora para llevar el mantenimiento de todo lo instalado, creando para ello su propia empresa. El paso era arriesgado, pero ambos socios estaban convencidos de que el boom de las telecomunicaciones no había hecho más que empezar.
Diez años y cerca de dos mil kilómetros de cable después, Lican se ha convertido en una de las dos mayores empresas del norte de España en la instalación y mantenimiento de redes de comunicación y de los cuatro empleados iniciales ha pasado a tener cerca de 200, en lo que ya constituye un grupo de empresas.
Cableando Cantabria

Que la apuesta de ambos socios no estaba equivocada lo ratificó la entrada en escena de Ono, que absorbió a Santander de Cable y convirtió a Cantabria en una región piloto en el despliegue de las redes de fibra óptica.
Al adjudicarse la demarcación cántabra de cable, Ono se comprometía a extender con rapidez su red, para llegar a todos los puntos de la comunidad. Este plan de inversiones multiplicó el trabajo de Lican, hasta el punto de que dos años después de su creación rozaba los doscientos empleos.
Lican ha participado en la instalación del 85% de la red de fibra óptica en la región que cubre, a día de hoy, el 60% de la geografía cántabra, aunque en términos de población su cobertura alcanza a la casi totalidad de los habitantes.
Al rápido crecimiento de Lican contribuyó también su apertura hacia las comunidades limítrofes. Ambos socios eran conscientes de que no podían depender de un solo cliente y que tampoco podían limitarse a la apertura de zanjas y al tendido de cables, sino que debían prestar todos los servicios que precisa un operador.
La diversificación de la cartera de clientes no tardó en hacerse realidad y Lican empezó a trabajar en la instalación de la red de comunicaciones que tiende Euskaltel en el País Vasco. Su consolidación en aquel mercado, en el que opera con el nombre de Cablenor, llevó a la firma cántabra a abrir una delegación en Basauri. A esta primera implantación en una comunidad vecina le ha seguido posteriormente la apertura de delegaciones en Burgos, Palencia y Miranda de Ebro, y de una oficina técnica en Asturias.
Su clientela también se ha diversificado. Tras las operadoras de telefonía Ono y Euskatel ha llegado Telefónica, a la que presta servicios de altas y el mantenimiento de abonados de telefonía RDSI y ADSL o el de centrales. A la lista se han añadido fabricantes e instaladores de cable, como Alcatel, Renfe e Iberdrola –a las que mantiene su red de fibra óptica– y, más recientemente Sice, una empresa especializada en la instalación de sistemas de vigilancia urbana.
Este proceso de diversificación y expansión geográfica ha dispersado la plantilla, ya que ahora sólo la mitad de la actividad de la empresa se realiza en Cantabria.
El secreto del crecimiento de Lican no está sólo en haberse vinculado a un sector en expansión, como el de las telecomunicaciones, sino también en su capacidad para ofrecer proyectos ‘llave en mano’, algo que pocas empresas competidoras pueden hacer, como señala Miguel Angel Barrio: “Nosotros hacemos el diseño de la instalación; gestionamos los permisos en las comunidades autónomas para cablear; cavamos la zanja; metemos la fibra y la empalmamos. Y cuando está acabado, llevamos el mantenimiento”.
Lican ha incorporado un departamento de obra civil, con máquinas zanjadoras que agilizan el proceso del tendido de redes, algo que resulta especialmente importante cuando cada año se abren 30 kilómetros de calles y se tienden unos 180.000 metros de cable. La rapidez del proceso también es agradecida por una ciudadanía obligada a sufrir la incomodidad de las obras cada vez que se incorpora un nuevo servicio, aunque, por lo general, las zanjas más habituales son consecuencia de la reparación de las redes de agua, alcantarillado o de otras canalizaciones tradicionales.

La última milla

Si el nacimiento de Lican está asociado a la llegada del cable, su evolución va a seguir dependiendo de él. Aunque el convencional par telefónico de cobre, presente en todos los hogares, ha llegado mucho más lejos de lo que se suponía, gracias a la tecnología ADSL, nunca podrá acercarse en prestaciones a la fibra óptica, que aún está lejos de haber aprovechado todo su potencial.
Las operadoras con redes propias, como Ono y Telefónica, han utilizado la fibra óptica en sus redes troncales, pero aún no han llegado con ella hasta el hogar, ya que esa extraordinaria ramificación es muy costosa y el consumo del cliente no suele justificar la inversión. Ese tramo es la llamada ‘última milla’, pero limita la velocidad de la comunicación y la calidad de la voz, los datos o la imagen que llegan hasta el usuario. Ni la televisión de alta definición o el visionado de películas a través de internet, ni las crecientes exigencias de fiabilidad en la transmisión de datos podrán ser realmente satisfechas hasta sustituir ese cable que va desde las centrales de las operadoras a los hogares o a los lugares de trabajo.
En Cantabria, Telefónica empezará el año que viene a cablear con fibra óptica esa ‘última milla’ y Ono lleva tiempo desarrollando proyectos piloto, uno de ellos en la cuenca minera asturiana, en el que también ha colaborado Lican.
Este será el nuevo campo de trabajo para la firma cántabra, que sigue encontrando en el cable el hilo conductor de su proyecto empresarial. Así lo reconoce José Ramón Pérez, recientemente elegido presidente de la nueva federación de empresarios metalúrgicos que se ha integrado en la CEOE tras la salida de Pymetal: “Una red de comunicaciones es algo vivo y en continua transformación”.

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