Un atajo cántabro para el desarrollo de antitumorales

Los avances en la ciencia no suelen ser consecuencia de la casualidad, salvo excepciones como la que le llevó a Fleming a descubrir la penicilina. La manzana de Newton o el descuido que permitió que crecieran los hongos de la penicilina sobre una bandeja no hubiesen tenido ninguna trascendencia de no haber existido dos científicos predispuestos a plantearse el por qué de las cosas. En la mayoría de los casos, los avances científicos no surgen de circunstancias casuales, son lentos y quedan reducidos a su publicación en revistas científicas. Sólo en contadas ocasiones producen una patente y, en muchas menos, un proyecto empresarial específico. Una de esas se ha dado en Cantabria.
José Luis Fernández Luna encabeza desde hace muchos años uno de los grupos de investigación más activos del Hospital Valdecilla. Al frente de la Unidad de Genética Molecular, trabaja en numerosos proyectos de investigación relacionados, en su mayoría, con el cáncer. Fruto de esa labor ha sido el desarrollo de una plataforma biológica, a partir de células tumorales obtenidas de los propios pacientes que son intervenidos en Valdecilla. Para ello han creado un procedimiento que permite aislar estas células y mantenerlas activas hasta poder injertarlas en embriones de pequeños animales vertebrados. De esta forma el embrión desarrolla un tumor (en ocasiones un mero acúmulo de células tumorales) suficiente como para probar la eficacia de los compuestos en los que trabaja la industria farmacéutica.

Acortar los tiempos

Desde que un laboratorio identifica una nueva molécula farmacológica hasta que llega a los pacientes en la fase de ensayo clínico pueden pasar quince años y en muchas ocasiones la inversión alcanza los mil millones de dólares. Es un proceso largo y relativamente ineficiente, porque sólo uno de cada 5.000 compuestos demuestra su utilidad y llega a desarrollarse clínicamente.
La plataforma biológica del Dr. Fernández Luna va a permitir acortar sustancialmente los tiempos de investigación, al actuar sobre un tumor real desde el primer momento. Con un procedimiento tan directo, la molécula revelará muy pronto si ataca las células tumorales, las destruye e impide que el tumor continúe creciendo o si, por el contrario, no tiene eficacia.
La iniciativa ha seducido al grupo empresarial Tirso, que ha actuado como bussines angel, aportando el capital y conocimiento empresarial para conseguir que esta innovación se pueda llegar a comercializar entre los laboratorios que investigan en nuevos tratamientos contra el cáncer. Para ello se ha constituido una empresa denominada Cellbiocan, que ofrecerá a sus potenciales clientes algo que necesitan saber cuanto antes: si merece la pena seguir desarrollando un nuevo fármaco y, por tanto, continuar con la inversión.
Una pequeña cantidad del nuevo principio activo que se investiga es suficiente para comprobar los resultados. Pero lo más importante para la industria farmacéutica es no tener que depender de líneas celulares artificiales, alejadas de la patología de los pacientes a los que van a ir destinados.
Otra ventaja del procedimiento ideado por Fernández Luna es poder comprobar la toxicidad de los productos sobre el organismo o sobre órganos concretos.

La entrada de Tirso

El proyecto convenció de inmediato a los propietarios de Tirso, un grupo empresarial fuertemente implantado en Cantabria, que basa en la diversificación el éxito de su negocio. Javier González, su consejero delegado, se muestra entusiasmado con el proyecto y considera que las nuevas tecnologías –y entre ellas la biotecnología– son una apuesta de futuro para Cantabria.
Fernández Luna nunca había tenido aspiraciones empresariales pero participó en un curso de emprendedores organizado por Sodercan y el Ifimav, “que siempre nos han animado a patentar nuestros estudios y a iniciar spin off, empresas que nacen a partir de investigaciones”.
El investigador reconoce que no acudió con mucho ánimo, pero en el curso de Sodercan elaboró un plan de empresas que fue alabado por los organizadores y galardonado con el segundo premio del concurso que anualmente convoca este organismo para proyectos tecnológicos.
Sodercan también facilitó que Tirso conociese el proyecto a través de la red de business angels que ha tejido con empresarios de la región dispuestos a apoyar a emprendedores en nuevas tecnologías cuyos proyectos auguren una viabilidad comercial.

Entendimiento

De las cinco iniciativas que llegaron a la mesa de Javier González, este es el que más llamó su atención. Pero antes quería saber si habría sintonía con el promotor de la idea, por lo que pidió a los responsables de Sodercan una entrevista personal con Fernández Luna. El entendimiento fue inmediato y en poco más de cuatro meses se han sentado las bases para poner en marcha la nueva empresa en la que el Grupo Tirso no sólo aporta capital, sino también su experiencia empresarial y Fernández Luna el conocimiento científico. Las dos partes dicen desconocer la parcela de la otra, pero eso no impide que compartan el convencimiento de estar ante un proyecto de futuro.
“Nosotros no sabemos nada de biotecnología” admite Javier González, “pero eso no es ni mucho menos necesario. Lo que sí es vital es estar con alguien que realmente sea bueno en su campo y el grupo de Fernández Luna es uno de los más potentes que hay en Valdecilla”, añade. El empresario apuesta por desterrar la idea de ‘zapatero a tus zapatos’ “porque es algo que está contraindicado con el emprendimiento”, dice.
Desde el primer momento, Tirso se ha mostrado dispuesto a formar parte de esta aventura con todas las consecuencias. “Queremos ser socios de verdad, porque no nos parece justo ni razonable aportar únicamente dinero y luego pedir resultados. Queremos caminar juntos y enseñarles la realidad de lo que es el mundo de la empresa porque nos gusta delegar”, dice Javier González.
Fernández Luna también se sintió identificado con sus nuevos socios, muy diferentes a una sociedad de capital riesgo madrileña que anteriormente se había mostrado interesada en el proyecto, “pero que sólo aportaba capital”, algo que en su opinión es bastante menos valioso que la “implicación en el día a día” de los propietarios de Tirso.

Otros accionistas

En Cellbiocan participan además de Fernández Luna y el grupo Tirso –que lo hace a través de su sociedad Brañaflor–, el oncólogo Fernando Rivera y Diego Bergantiños, un experto en dirección de empresas que procede del mundo del automóvil. La idea es que, en un futuro, el Hospital Valdecilla, a través de la Fundación Marqués de Valdecilla, pueda tener un 10% de participación en la empresa que se va a instalar en la nueva sede del Ifimav, el edificio situado frente a la Residencia Cantabria que anteriormente ocupaban el servicio de Rehabilitación de Valdecilla y el Centro de Planificación Familiar La Cagiga y que ha sido completamente rehabilitado.
Allí se encuentra también el Biobanco, una herramienta de trabajo imprescindible para los investigadores y que será responsable de acreditar todo el seguimiento de las muestras, incluida la protección del anonimato y el consentimiento informado de los pacientes. En este proceso participan también los servicios quirúrgicos del Hospital, encargados de la obtención de muestras, así como Anatomía Patológica y el Comité de Ética.
El biobanco que dirige el doctor Pascual Sánchez-Juan custodia todo tipo de muestras biológicas (sangre, ADN, suero, proteínas y tejidos) para ponerlas a disposición de los investigadores que lo solicite. Como otros que están surgiendo en hospitales españoles por impulso del Instituto de Salud Carlos III, está integrado en las redes internacionales de biobancos, lo que permitirá que los científicos de cualquier parte del mundo accedan a muestras que, de forma individual nunca podrían reunir.

Acuerdo con Pharmamar

Cellbiocan nace con una plantilla inicial de siete trabajadores que esperan poder ampliar pronto porque las expectativas generadas son muchas. De momento, ya han llegado a un acuerdo con Pharmamar, la filial del Grupo Zeltia, uno de los laboratorios más potentes de España, que quiere desarrollar nuevos compuestos utilizando este procedimiento biológico. Zeltia es una sociedad cotizada que se ha especializado en el desarrollo de fármacos antitumorales basados en organismos marinos. Gracias a que sus accionistas principales lo son también de la empresa pesquera Pescanova, dispone de la mayor colección de compuestos marinos que existe en el mundo. De momento van a probar con la plataforma de Cellbiocan un centenar de ellas para comprobar su efectividad en el desarrollo de las investigaciones.

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