El futuro ‘Faro Santander’ entra en la fase de construcción

Una vez completado el vaciamiento de la sede histórica del Banco Santander, en el que el contratista ha tenido que luchar contra los permanentes afloramientos de agua (los sótanos están por debajo del nivel freático de la bahía), el Espacio Pereda entra en la fase de construcción, que llevará otros dos años –aunque el Banco no quiere ofrecer fechas– y cambia de nombre: el definitivo será Faro Santander.

En un acto al que acudieron numerosas autoridades de Cantabria, del Banco, empresarios y el propio arquitecto del proyecto, el británico David Chipperfield, Ana Botín, presidente de la entidad, justificó la nueva denominación por representar “una guía, una luz que indica al marinero el camino a seguir”, que se traduce en “seguridad”. Unos conceptos que el Banco quiere transmitir, además de convertir este espacio tan vinculado a sus raíces en un referente cultural, intelectual e institucional de la ciudad y de la región.

La presentación se hizo en el interior de lo que queda del edificio, donde Ana Botín repasó la historia de la entidad desde que su bisabuelo Emilio Botín López trasladó el banco al Paseo Pereda.

El origen del inmueble se remonta a 1795, aunque el Santander lo adquirió en 1919 y reubicó allí su sede en 1923. El aspecto exterior actual lo adquirió a comienzos de los años 60, cuando se unieron los dos edificios propiedad de la entidad separados por la Calle del Martillo a través de un gran arco y se unificaron los estilos de ambos inmuebles.

Después del vaciado del interior (en el que finalmente no ha quedado nada, a pesar de las muchas dudas que se plantearon, según la presidenta, sobre la posibilidad de conservar algunas estancias) y de la estabilización de la fachada, que han supuesto cerca de dos años de obras, pronto comenzarán a levantarse los tres pisos que serán destinados a exposiciones de arte, educación tecnológica, un auditorio multiusos para 150 personas y una terraza-mirador de unos 1.000 metros cuadrados para compartir las vistas de la bahía.

Las actividades de Faro Santander serán gestionadas por la Fundación Banco Santander, ya que no solo se expondrá la magnífica colección de arte que ha reunido la entidad tras añadir a la suya original la que le aportaron los muchos bancos adquiridos. También habrá exposiciones temporales de diferente índole, artes escénicas y tecnología, con un enfoque educativo, social y medioambiental. Unos objetivos no muy distintos a los que impulsan el Centro Botín, por lo que el nuevo espacio cultural del Santander no tendrá fácil conseguir una personalidad propia.

La aceleración

Ana Botín vincula las transformaciones que ha experimentado la sede del Paseo Pereda con la evolución del banco para adaptarse a los nuevos tiempos, y destaca que el Santander se ha marcado como objetivo conseguir 40 millones de clientes nuevos en los próximos tres años, lo que supone crecer a un ritmo mucho más rápido del que lo ha venido haciendo hasta ahora. La entidad tardó 150 años en alcanzar los 120 millones de clientes y gracias a un cambio “muy profundo” ha logrado captar otros 40 millones en los últimos ocho años.

El espacio que ocupaba el edificio de los números 9 y 10 (a la izquierda del arco), en el que se encontraba la zona noble y la sala del consejo de administración. Una sala que Ana Botín recordó lo que le imponía cuando tenía que subir a exponer una operación de compra desde su pequeño despacho habitual, que compartía con un empleado carismático, Pin Bárcena, en la planta baja.

Al hilo de esta evolución, Ana Botín recordó que su bisabuelo llevó el banco a esta sede en un mundo que era “totalmente físico” –allí se guardaban los depósitos y las cajas fuertes de sus clientes–, iniciando la expansión por España. Más tarde, con su abuelo Emilio Botín Sanz de Sautuola al frente, se hizo una reconstrucción de la sede y se unieron los edificios con los números 9 y 10 del Paseo de Pereda con los del 11 y 12 con el icónico arco. Esa nueva sede abrió la etapa de expansión internacional, y allí se aprobaron grandes operaciones en Argentina, México y Brasil, en algunas de las cuales ya participó ella.

Pero ha sido la actual etapa, según la presidenta, la más “transformadora”. Lo mismo ocurre con la fase que ahora se inicia en este edificio, que fue donde se realizó la primera junta general de accionistas.

Por su parte, David Chipperfield, que solo unas semanas antes había sido reconocido con el premio Prizker, una especie de Nobel de arquitectura, explicó que “nuestra ambición con este proyecto en el Paseo Pereda es crear un lugar que mejore la experiencia de la vida cotidiana en la ciudad, dando cabida a un programa cultural vibrante y aprovechando las oportunidades de su extraordinaria ubicación”.

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