Ramón Gorbeña, un siglo de la historia económica de Cantabria
Ramón Gorbeña hace cinco años que prácticamente no hacía vida pública. Apenas algunos paseos en coche con su chófer. Pero incluso antes, cuando acudía frecuentemente a la sede de Bergé en el Paseo de Pereda, el patriarca de uno de los mayores grupos logísticos del país, con setenta empresas participadas, pasaba absolutamente desapercibido por la calle. Como ocurre con el fundador de Zara, pocos podían reconocer al hombre que convirtió Bergé en uno de los mayores conglomerados empresariales del país.
Como otras grandes fortunas de la ciudad, su vida era austera y metódica. Los pocos lujos que se le conocían era su magnífico chalet de estilo inglés de El Sardinero, con un mástil en el jardín donde siempre ondea la bandera española, y un yate relativamente modesto para los tiempos que corren, de nueve metros de eslora, con el que disfrutaba de su pasión por el mar. La otra afición era el golf.
Gorbeña llegó a Santander poco antes de la guerra civil para hacerse cargo de la delegación de Bergé, una consignataria que había formado su padre con otros dos socios en Bilbao y que por aquel entonces hacía sus primeras incursiones fuera del ámbito de origen. Gorbeña había nacido en Neguri, el barrio de la burguesía vasca por excelencia, en el que se formó una clase industrial y financiera que durante un siglo ha mantenido el control de las primeras empresas españolas.
En Cantabria, Ramón Gorbeña conoció a Luz Mazarrasa, con la que se casó, y entroncó de esta manera con la burguesía industrial cántabra, representada por los Mazarrasa y los Quijano, principales promotores de la metalurgia en la región.
Gorbeña se convirtió en presidente de Bergé antes de cumplir los 40 años, pero eso no le hizo retornar a Bilbao. Prefirió quedarse en Santander, aunque eso le obligase, –como a Emilio Botín padre, con el que tuvo una estrecha amistad– a pernoctar en el coche-cama de Renfe durante muchos años. Tres o cuatro días permanecía en Madrid, donde se encuentran las oficinas centrales del grupo, y el resto de la semana en Santander. De esta forma, capitaneaba el crecimiento de una empresa cuyos intereses en la capital cántabra cada vez eran menos representativos dentro de su volumen de negocio.
Otras empresas
Eso puede inducir a suponer que Gorbeña no tenía más vinculación con la región que la consignataria, pero no es así. Durante años fue consejero delegado de Astilleros de Santander, cuando la compañía estaba bajo control del Banco Santander. Más tarde, como presidente de Gerposa, protagonizó el salto cualitativo de la compañía de transportes por carretera hasta convertirla en una de las primeras del país. También fundó empresas como la maderera Verecsa, fue accionista muy significado de Ibero Tanagra y ha sido uno de los padres de la importación y exportación de coches por Santander, donde además del liderazgo de Bergé, creó una filial denominada Iniciativas Portuarias que se encarga de la puesta a punto de los automóviles en la preentrega a los concesionarios.
El gran desconocido
Amado y odiado, su acusada personalidad a nadie dejó nunca indiferente. Y nadie pudo reprocharle jamás un excesivo afán de reconocimiento público. Nunca quiso que se divulgara nada de sí, ni siquiera una fotografía, y ese empecinamiento por no tener ninguna notoriedad incluía la negativa a participar activamente en ningún tipo de asociación. Quizá por ese mismo afán de máxima discrección tanto en la delegación de Bergé en Santander como en la sede central de la compañía junto al Retiro de Madrid sólo una placa metálica anuncia la presencia de la compañía en el inmueble.
Gorbeña tuvo cuatro hijos, Juan, Luz, María y Marta. Juan le sucedió en la presidencia de Bergé hace ocho años, con la misma unanimidad de los socios con que respaldaron a su padre. A pesar de los 132 años transcurridos desde la fundación de la compañía, el capital sigue repartido al 33% entre tres familias que, en sucesivas generaciones han dado lugar a una multiplicación de accionistas, lo que, sin embargo, no ha alterado en absoluto la magnífica relación interna.
El grupo Bergé
En la actualidad, Bergé es un holding compuesto por 70 empresas con una facturación global de 2.500 millones de euros y está representado en los 28 puertos españoles principales. Además de sus actividades portuarias, Bergé es el primer distribuidor privado de automóviles de España. Controla la importación y venta de las marcas Lexus, Hyundai, Chrysler, Jeep, Subaru, Rolls-Royce, Bentley, Ferrari, Maserati y Lotus para España. Además, distribuye la firma coreada Kia en Francia y Chrysler y Jeep en Portugal y es el representante de diferentes fabricantes en Perú, Argentina y Chile, donde controla el 13% del mercado.
Su último episodio empresarial ha sido la adquisición del 75% de las acciones del importador de los todoterrenos coreanos SsangYong.
En total, el grupo mueve anualmente más de 85.000 coches, una parte muy significativa de los cuales entran por Santander.
La firma vendió hace un año el 65% que aún poseía de la importadora de los coches Toyota a la empresa fabricante, que deseaba hacerse con el control de toda la red comercial de la marca. No obstante, Bergé ha conservado la distribución de Lexus, la filial de lujo de Toyota.
Dentro de su grupo, Bergé cuenta con su propia correduría de seguros (Bergé y Asociados), su filial de comunicación e imagen (Iceberg), o empresas complementarias como Cetasa, dedicada al transporte de automóviles por carretera.
La inversión menos afortunada ha sido la compra de Naviera Peninsular hace tres años. La compañía vizcaína propiedad de la familia Acha quebró a los seis días de cambiar de manos, por lo que Bergé reclama desde entonces a los vendedores la vuelta atrás de todo el proceso. La compraventa se pactó en 12,02 millones de euros, de los cuales Bergé abonó 7,21 quedando los restantes 4,81 para cubrir posibles deudas ocultas. La realidad es que la situación de la compañía era mucho peor de lo imaginado y la reserva era absolutamente insuficiente.
Los problemas de Bergé en esa operación se han multiplicado porque en tanto los tribunales deciden si la compraventa se anula, se han producido una catarata de sentencias en favor de los 150 trabajadores que quedaron sin empleo al entrar la naviera en liquidación, por lo que ha debido avalar 9,02 millones de euros para salarios e indemnizaciones.
Isofotón
Entre las muchas compañías que posee Bergé, quizá la más atípica sea Isofotón, una compañía dedicada a la fabricación de células fotovoltaicas con las que se ha convertido en uno de los principales productores mundiales en energía eléctrica a partir del sol, aunque la potencia instalada (4 Mw) pueda parecer muy modesta si se compara con la obtenida en centrales convencionales. De su facturación (algo más de 80 millones de euros) el 80% es producto de las ventas en el exterior. Isofotón ha participado en 50 países, entre ellos Sudáfrica, Mozambique, Zimbabwe, Ghana, Marruecos, India o Cina, si bien el 40% de sus ventas se producen en Centroeuropa, donde hay menos sol, pero más interés por la energía solar. Eso no impide constatar que en algunos países del tercer mundo, la energía del sol está siendo utilizada para resolver la ausencia de estructuras eléctricas. Por ejemplo, en Chile y Colombia, las celdas solares de Isofotón han acompañado la extensión de la telefonía rural y en Bolivia han servido para dar electricidad a 600 escuelas.
Estas actividades ajenas a la logística forman parte de la estrategia de diversificación del actual presidente, Juan Gorbeña, quien ya no reside en Santander, como su padre, pero acude regularmente a la ciudad. Su primer contacto con la sociedad fue en la oficina del Paseo de Pereda, a la que se incorporó en 1960, y está casado con otra cántabra, Corina Yllera.