Ágiles dinosaurios

Inmersas en el caótico escenario económico global, en el que las certezas que reinan son las del cambio sin fin, la anticipación y la muerte de los inadaptados, algunas empresas han sabido sobrevivir desde hace siglos. Suelen ser gigantes en sus sectores, ostentan posiciones de dominio en sus mercados y han superado importantes cambios a lo largo de su historia manteniendo intacta su identidad corporativa. Acostumbrados a asociar el éxito con la juventud, con la novedad, en una llamada nueva economía que tiene seis años a lo sumo, resulta estimulante prestar atención a unas especies cuyo origen se remonta, como en el caso de los grandes reptiles, a eras empresariales prehistóricas.
Pero no se trata de pesadas organizaciones estáticas, algo incompatible con la adaptabilidad que han demostrado para poder sobrevivir, sino de sistemas flexibles que han sabido moldearse a su entorno, anticipándose en muchos casos, y determinándolo en otros. Se trata de empresas como la anglo-holandesa Royal Dutch/Shell, la sueca Stora, las americanas DuPont o Kodak, o las japonesas Mitsubishi o Suzuki, entre otras muchas. Sus historias son un excelente ejemplo de adaptación a las cambiantes condiciones sociales, económicas y políticas.
La historia de Stora, una de las grandes empresas papeleras del mundo, fusionada en 1998 con la finlandesa Enso, se remonta al año 1288 con el inicio de la explotación de una mina de cobre en Suecia. En los más de 700 años transcurridos, se puede afirmar que el entorno empresarial sí que ha cambiado. La Edad Media, la reforma protestante, el descubrimiento del nuevo mundo, las guerras del XVII, la revolución ilustrada, la revolución industrial y las guerras mundiales son sólo algunos acontecimientos históricos que han acompañado a la empresa en su devenir. Y durante esos siglos, la actividad de Stora ha pasado por la minería, la producción de pintura, la tala y serrería de bosques y la producción de papel y derivados.
DuPont fue fundada en 1802 en Delaware por un inmigrante francés alumno de Lavoisier, Eleuthére Irénée du Pont de Nemours, con el objeto de elaborar una pólvora que mejorara la seguridad de las armas de fuego al hacer más controlable su explosión. A principios del siglo XX la empresa perdió su posición de liderazgo en el mercado de la pólvora ante la aparición de nuevos explosivos, sufriendo una situación cercana a la quiebra. Los accionistas aprobaron vender los activos para su liquidación, pero tres bisnietos del fundador adquirieron la compañía para reestructurarla y enfocarla hacia la búsqueda de nuevos negocios a través de la investigación científica, como de hecho ocurrió en 1909 con el inicio de la experimentación con fibras sintéticas que llevó a la invención del nylon en 1938, al que seguirían en décadas siguientes el kevlar, el teflon, la lycra o el tyvek entre otros materiales cuyos nombres conforman hoy en día el lenguaje popular.

Las claves de la permanencia

El éxito de cualquier negocio a lo largo de un extenso periodo reside en la voluntad y habilidad de la empresa de adaptarse a las circunstancias cambiantes. “Quizás debido a la fundación basada en la ciencia, el cambio es una parte muy importante de la cultura de DuPont. La habilidad de la compañía en transformarse o reinventarse a sí misma es una de las razones principales del por qué es todavía una gran empresa tras casi 200 años”. Así explica la razón de su supervivencia.
¿Existen características comunes entre las organizaciones centenarias que expliquen su capacidad de supervivencia? De acuerdo con un estudio realizado por Royal Dutch/Shell, suelen ser financieramente conservadoras, con trabajadores que se identifican con la compañía y con una cúpula directiva tolerante y sensible hacia el entorno.
n Finanzas conservadoras. Estas organizaciones tienen claro que es importante disponer de caja para poder aprovechar las oportunidades cuando se presentan sin tener que recurrir a complejas o cuantiosas operaciones de endeudamiento.
n Sentido de pertenencia e identidad compartida entre empleados. Existencia de un sistema de valores que explica el por qué de la organización y sus fines, más allá de los puramente económicos. Una identificación compartida que genera un orgullo positivo a todos los niveles.
n Sensibilidad hacia el entorno. El liderazgo de estas empresas atiende al entorno y, como resultado, puede aprender de él y anticiparse para obtener importantes ventajas competitivas.
n Tolerancia. Las organizaciones que han sufrido profundos cambios de manera constante han utilizado profusamente estructuras descentralizadas y la delegación de autoridad. Históricamente los líderes de estas empresas han sido tolerantes para con las actividades marginales que se llevaban a cabo en sus organizaciones y que posteriormente han resultado el origen de un nuevo negocio que ha permitido la supervivencia de la organización entera. Por ejemplo, en 1750 Stora aprovechó el vitriolo, un subproducto de la obtención del cobre, para establecer una planta de procesamiento que producía un tipo de pintura roja, debido al selenio, y cuyo uso se extendió por Suecia para pintar de rojo las casas tradicionales. Un actividad marginal se convirtió en un importante negocio.
Una de las características esenciales de la historia de estos ágiles dinosaurios empresariales es que se mantienen activos en cualquier negocio mientras resulte útil para conformarse como una comunidad de trabajo viable. Me explico. Se ha visto a través de los ejemplos que a lo largo de su historia han variado su portafolio de negocios en numerosas ocasiones, de forma rupturista como resultado de una arriesgada apuesta o de manera gradual, aprovechando actividades marginales. Ello demuestra una actitud flexible de la cúpula directiva hacia el negocio en el que la compañía se encuentra inmersa, lo que implica ver sus activos en un determinado periodo no como la esencia del negocio o el fin del mismo, sino como un medio para poder sobrevivir, como algo que debe servir a la organización y no al revés.
Esta visión contrasta con el carácter de otras organizaciones cuyo fin último es la obtención de beneficios a través de la explotación de unos activos, empresas a las que llamaré económicas y que coinciden con la definición académica clásica de empresa.
Las empresas regidas con filosofía económica tienen únicamente como fin la explotación de unos activos, la obtención de beneficios y, en definitiva, la maximización del valor del accionista. Y digo únicamente porque las empresas que estamos considerando también hacen suyos los anteriores fines (deben obtener beneficios para poder sobrevivir) pero añaden una justificación cualitativa a su existencia basada en unas obligaciones hacia las comunidades en las que se enmarcan. En suma, las empresas económicas viven para obtener beneficios, mientras que las empresas centenarias han demostrado que obtienen beneficios para vivir y poder cumplir otras misiones.

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