¿Bebés en polígonos industriales?
El último trimestre de 2004 más de cien mil mujeres y mil hombres españoles dejaron de trabajar para poder atender a sus hijos. Y se estima que casi la mitad de los padres que no pudieron dejar su empleo, por razones obvias, o no quisieron, llega sistemáticamente tarde al trabajo o se ve forzado a salir antes para dejar o recoger a sus hijos en la guardería. Instalar centros de preescolar para niños de hasta tres años en el lugar de trabajo se ha convertido en una necesidad de primer orden y así se ha entendido en otros países, aunque no en España, donde por motivos no siempre fáciles de explicar, no suele aparecer entre las primeras demandas sindicales. Incluso ahora que el problema ha empezado a afectar a los hombres. Las estadísticas reflejan que quienes solicitan permisos de paternidad siguen siendo una minoría, pero en un solo año crecieron casi un 72% en Cantabria, lo que indica que pronto podrían dejar de constituir casos excepcionales.
En estas circunstancias, no parece descabellado que existan guarderías en las empresas, y más cuando en la sede austriaca de la multinacional informática Hewlett Packard se ha montado ya una peluquería para los empleados y, en algunas zonas industriales de Suecia las empresas instalan lavanderías con el mismo fin de aumentar la calidad de vida de los padres y madres trabajadores.
La situación en España es probablemente más grave, porque no ha tenido buena acogida entre las empresas el sistema de contratación a tiempo parcial, que es una opción a la que se acogen muchas mujeres de otros países para compatibilizar el trabajo con su vida familiar y eso hace que las españolas realicen bastantes más horas de trabajo a la semana que las británicas, las francesas o las italianas. Sin embargo, hoy por hoy, sólo existe algún caso aislado de guarderías laborales en polígonos industriales de Madrid, Barcelona o Valencia.
Cantabria ya tiene guardería laboral
Hasta ahora, Cantabria no contaba con ninguna guardería situada en el lugar de trabajo, salvo alguna pequeña iniciativa como la que hace unos años comenzó a funcionar en la Universidad de Cantabria. Por eso, la puesta en marcha de la guardería laboral de Mercasantander supone dar un paso de gigante en el reconocimiento de este derecho social en nuestra comunidad. No sólo porque esta guardería puede potenciar el empleo femenino, también porque ya lo ha creado, ya que será una nueva sociedad laboral limitada, constituida por cuatro trabajadoras de Mercasantander, la encargada de gestionar el centro.
Las obras concluirán este verano así que, en breve, los hijos de entre 0 y 3 años de las trabajadoras de este polígono situado a las afueras de Santander, podrán disfrutar, por una cuota de 180 euros al mes, de unas instalaciones de más de 150 m2, distribuidos en dos plantas que constan de tres salas de juego, un comedor, aseos y una cocina para calentar los platos que los niños se traigan de casa.
Aunque ya se ha iniciado una fase de captación entre las mujeres del polígono, está previsto que la nueva guardería de Mercasantander acoja, como punto de partida, a unos cuarenta niños en jornada de mañana y a otros tantos por la tarde.
Eso sí, la que se ha convertido en la primera guardería laboral de nuestra región es el resultado del esfuerzo de la Administración y de distintas entidades dispuestas a asumir una inversión que ha ascendido a 133.000 euros (algo más de dos millones de pesetas). Fruto de un convenio firmado entre la Consejería de Sanidad y la Federación Agroalimentaria de Comisiones Obreras para conciliar vida familiar y laboral de las mujeres con ambas responsabilidades, a la iniciativa también se han sumado las aportaciones del Ayuntamiento de Santander, de la dirección general de la Mujer y de Servicios Sociales y de la Obra Social de Caja Cantabria.
Difícil pero necesario
En épocas recientes, poner en marcha una guardería era relativamente sencillo, incluso para alguien sin experiencia empresarial previa. Pero, ahora, los requisitos exigidos por los ministerios de Educación y Sanidad y las altas pólizas que sus profesionales se ven obligados a pagar –al ser considerados una actividad de riesgo– dificultan su instalación. De hecho, en Cantabria sólo existen once centros autorizados por la Consejería de Educación y no puede decirse que sea por falta de interés de los promotores, dado que nadie puede dudar de que escasee la demanda. La mayoría de las guarderías tienen lista de espera, a pesar de que las públicas no llegan al 20% del total y las privadas tienen tarifas que pueden ascender hasta los 300 euros por una jornada completa. Un precio que no está al alcance de cualquier trabajador y menos si tiene varios hijos.
Probablemente sea este hecho, junto a aspectos sociológicos como la propensión a utilizar a los abuelos para hacerse cargo de los nietos, lo que explica que sólo el 40% de los niños menores de tres años asistan regularmente a guarderías, un porcentaje que, casi con seguridad, no representa las necesidades reales.
La demografía de las empresas cántabras, de las que un 98% o no tienen asalariados o tienen menos de cincuenta, es uno de los aspectos que justifica que las guarderías laborales no hayan llegado a surgir en la región. De las más de 35.000 pymes y autónomos que componen el tejido empresarial, apenas doscientas emplean a más de cincuenta personas y sólo una parte de estos colectivos está en edad de procrear. Las grandes compañías cántabras que podrían justificar por sí solas una guardería se cuentan con los dedos de las manos: hay cinco con una plantilla de 500 a 1.000 empleados, otras cinco que oscilan entre los 1.000 y los 5.000 y sólo una que rebase esa cantidad, el Gobierno de Cantabria.
Los expertos creen que, en estas condiciones, la respuesta para rentabilizar una guardería laboral está en los polígonos industriales que, además de la cercanía con los centros de trabajo y la posibilidad de agrupar a trabajadores de varias firmas, tienen a su favor que se producen relevos generacionales. Y es que para las pymes cántabras resulta inviable albergar un centro de educación preescolar. Sólo aquellas empresas con un elevado número de empleados o con una plantilla joven (en edad para tener descendencia), podrían llevarlo a cabo.
En realidad, no hay un modelo cerrado de cómo deben ser estas guarderías laborales y quién debe asumir el coste; si debe ser la propia empresa, los empleados con ayuda de la compañía –que proporcione las instalaciones y sufrague una parte de los gastos–, el Gobierno regional, los ayuntamientos o todos ellos.
Oficinistas de 0 a 3 años
Eso de mandar a los niños al trabajo antes de que cumplan los tres años no suena demasiado bien, aunque, en realidad, una guardería laboral es básicamente idéntica a cualquier otro centro de preescolar autorizado. Lo único que cambia es su ubicación no urbana, situada en lugares cercanos al trabajo de los padres, para su comodidad. La clave ésta en localizar un entorno medioambiental que no represente ninguna hostilidad.
Mercasantander ya lo ha conseguido en el Barrio de San Martín, en Peñacastillo, pero hace casi tres años que la Dirección General de Trabajo y Sodercan, en colaboración con la Dirección de la Mujer, los sindicatos y CEOE se plantearon crear guarderías laborales en la región partiendo de estas premisas. Pronto, algunos ayuntamientos se sumaron al proyecto y El Astillero, junto a la Asociación de Empresarios del Polígono de Guarnizo, se convirtió en voluntario conejillo de indias para la elaboración de un informe piloto.
Guarnizo, candidato ideal
Por el asentamiento de matrimonios jóvenes y el aumento de la natalidad, Astillero ha demostrado ser un lugar idóneo para una guardería laboral. Además, la ocupación del Polígono de Guarnizo y del Parque Empresarial de Morero es absoluta. De modo que cumple con ambas condiciones: tiene población trabajadora y muchos niños, a pesar de lo cual sólo cuenta con dos guarderías.
Para conocer sus necesidades exactas, cerca de 450 trabajadores del Polígono de Guarnizo respondieron a las preguntas de la consultora contratada para el estudio. La realidad es que el 81% de los hijos menores de tres años que tienen estos trabajadores no están escolarizados pero, lo más revelador es que nueve de cada diez padres estarían dispuestos a llevarlos a una guardería situada en el Polígono si la hubiese. Casi la mitad les dejaría toda la jornada y el 85% estaría encantado de que sus hijos se quedaran también a comer.
Tanto el informe sociológico como el económico indican la viabilidad y la necesidad de una guardería que sólo en el ámbito del polígono de Guarnizo encontraría una demanda declarada de 82 niños, aunque aún en ese caso, la rentabilidad económica de la inversión es modesta, algo que ocurre en todo el sector.
Para implantarla sería necesario que el Ayuntamiento se animase a ceder una parcela y confiase su gestión a una empresa privada a cambio de un canon.
La situación se puede repetir con idénticas condiciones en Camargo, donde la llegada de Unitono, con un call center en el que trabajan más de 350 mujeres jóvenes plantea una necesidad apremiante y, en menor medida, en otros municipios como Reinosa, Cabezón de la Sal, Polanco, la comarca de Pas-Pisueña y Miera, que ya lo están barajando. Inversiones de escasa cuantía que pueden dar un salto muy significativo en la calidad de vida de las madres trabajadoras y animar a la incorporación de muchas mujeres al mercado de trabajo. No hay que olvidar que Cantabria es una de las regiones de Europa con menor presencia de la mujer en la vida laboral activa.