Cenfarte duplica sus ventas en cinco años

Una competencia creciente y un margen cada vez más estrecho. Ese es el problema clásico de los distribuidores farmacéuticos pero, al mismo tiempo, el menor de los que hoy han de afrontar. La razón está en las nuevas estrategias de la industria farmacéutica y, más en concreto, de una decena de grandes laboratorios que controlan más de la mitad de los medicamentos que se venden en el mundo. Los distribuidores acusan a estas potentes multinacionales de intentar romper el modelo tradicional de distribución para invadir su parcela de negocio y quedarse con su ganancia (7,6%) primero y, más tarde, con la de las farmacias, que es mucho más jugosa (27,9% sobre el precio de venta).
Lo cierto es que la distribución de fármacos atraviesa un momento crítico por la escasez artificial de algunos de ellos. Esto, que parece difícil de entender, tiene una explicación según los fabricantes: las prácticas de mayoristas dedicados a la venta de medicamentos al extranjero –en especial, a Países Nórdicos y Inglaterra– donde obtienen ganancias superiores a las que pueden conseguir en España, uno de los lugares donde su precio es más barato. Visto así, el razonamiento de los laboratorios de restringir la distribución para que estos medicamentos no compitan en otros países con los que ellos mismos venden allí más caros tiene su lógica pero también la queja de los distribuidores tradicionales para quienes la exportación no es, ni mucho menos, su negocio principal y, sin embargo, se ven afectados por las restricciones.
La industria asigna al distribuidor el cupo de medicamentos y también su precio. Y es ahí donde se plantea otra polémica ya que Pfizer, y tras esta multinacional otros grandes laboratorios como MSD y Janssen-Cilag, han decidido aplicar un precio libre, más elevado, a algunos artículos para evitar la exportación. Sólo después de que el distribuidor justifica que ese medicamento ha sido vendido a una farmacia española, el fabricante le abona la diferencia. Un procedimiento incómodo, ya que obliga a multiplicar los asientos contables, y poco justificado, según los distribuidores, porque en los productos de doble precio nunca hay problemas de desabastecimiento y, si los hubiera, los laboratorios saldrían ganando con su venta directa a las farmacias.
A lo largo de sus 64 años de historia, Cenfarte ha salvado muchos obstáculos, aunque nunca había asistido a tiempos tan convulsos. Una difícil coyuntura que choca con el buen momento que vive la empresa que, entre 2001 y 2006, ha sido la distribuidora española que más ha crecido.
En el mercado cántabro, el Centro Farmacéutico del Norte comparte escenario con las cooperativas Difarca (grupo Cofares) y Asturiana (Cofas). Actualmente, es la que más medicamentos distribuye (más del 50% de los vendidos en la región) y su peso en el conjunto nacional ha crecido muy significativamente, desde el 0,8% que representaba a principios de esta década hasta un 1,4%.

Expansión

El mayor consumo en farmacias, el aumento de la población, sobre todo, de la inmigrante, y la cercanía que hoy caracteriza la relación del cliente con su farmacéutico y de éste con su distribuidor ha fortalecido la evolución de Cenfarte.
Ahora bien, en los años setenta, la empresa ya era consciente de la necesidad de una expansión nacional para poder competir con otros distribuidores que formaban grandes cadenas. Fue así como aprovechó la quiebra del Centro Farmacéutico Castellano y el posterior reparto de sus almacenes para entrar en Palencia y, desde allí, acceder a Valladolid y a la zona limítrofe con León. Dos décadas después, Cenfarte continúa extendiéndose por la meseta castellana tras haber alcanzado Burgos.
Desde 1988 también está presente en Asturias, donde ya ha cambiado sus instalaciones originales por unas más amplias, y en 1995 amplió su mercado a Vizcaya, para cuya distribución ha adquirido una nueva nave hace un par de años.
El gerente de Cenfarte, Andrés Díez, cree que todavía queda mucho por crecer en las zonas donde ya están presentes, pero tampoco descarta oportunidades de negocio en otros territorios.
Santander, con un almacén también remodelado, sigue siendo la sede central, aunque Cantabria ya sólo representa el 40% de la facturación de la empresa que, entre los cuatro almacenes, suma 116 empleados. De ellos, 76 trabajan en la región de origen, repartidos entre la matriz, Cenfarte, y la filial Centro Distribuidor del Norte, creada en 1983 para optimizar el transporte de medicamentos con el de paquetería: a la ida reparten lo urgente (los fármacos) y a la vuelta, el resto de encargos, como si se tratara de una agencia de transporte ordinaria.
Centro Distribuidor del Norte sólo opera en Cantabria pero Cenfarte no descarta operar con esta sociedad en el resto de provincias. Sería una forma de diversificar el negocio, lo mismo que la venta de otros servicios a sus asociados, que también ha puesto en marcha. La clave, según sus responsables, es adelantarse a las necesidades del conjunto de farmacias que existen en España, para lo que proponen creatividad y formación.

Logística

Cenfarte acaba de obtener las certificaciones de calidad y medio ambiente, por lo que su reto para los próximos años es consolidar su funcionamiento interno y mejorar el servicio para que “el pedido llegue a tiempo, sin faltas y sin errores”.
La primera obligación, llegar a tiempo, significa que la farmacia hace el pedido cuando cierra la jornada matinal y desea recibirlo cuando abre. Eso provoca una actividad frenética en la distribuidora durante el mediodía, ya que todas las furgonetas salen cargadas desde su central de Candina entre las 14.30 y las 16.00 horas. De esta forma, toda la región está servida antes de las 17.45, hora en la que llegan los pedidos a las localidades más alejadas de Santander. El proceso se repite por la noche en una segunda oleada de repartos aunque, en caso de error, hay más tiempo para reaccionar. Como mínimo, las furgonetas de la compañía acuden dos veces al día a las farmacias de cualquier punto de la región y cuatro a las de la capital.
El farmacéutico cántabro suele ser fiel a sus empresas de distribución siempre que el servicio mejore permanentemente. De ahí que el otro caballo de batalla del sector sea evitar los errores, contra los que Cenfarte utiliza controles de calidad para revisar el mayor número de pedidos. La precisión del sistema informático ha llevado a que el índice de equivocaciones al organizar los pedidos sea en la actualidad muy bajo.
En el sector, las inversiones más cuantiosas han sido las tecnológicas y Cenfarte se plantea ya ampliar la robotización que introdujo en sus almacenes en el año 2000. De las 20.000 referencias de las que disponen, 11.000 están mecanizadas en dos dispensadores automáticos de pedidos, de forma que los medicamentos son localizados en los estantes y caen en las cestas preparadas para las farmacias sin intervención humana. Aunque la mecanización sólo haya llegado a la mitad de las referencias, en realidad cubre el 80% de la facturación de la distribuidora, porque se ha aplicado a los medicamentos con mayor rotación.
La tecnología también es importante para asegurar la trazabilidad del medicamento, el camino que sigue desde que se fabrica hasta que se expende en una farmacia, si bien aún no existen medios técnicos suficientes para poder controlar un lote.
El aumento de los genéricos también supone otro problema para los distribuidores ya que ha ampliado el número de referencias y les obliga a disponer de más espacio de almacenamiento.
No obstante, el problema de espacio al que ahora se enfrenta Cenfarte tiene poco que ver con los genéricos y mucho más con su imparable crecimiento, incluso con el viento en contra.

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