El mercado residencial tira de las empresas de seguridad

A las compañías de seguridad privada no les suele gustar que se resalte el aumento de la inseguridad ciudadana como el motor que impulsa, desde hace al menos cinco años, su crecimiento. Prefieren hacer hincapié en el incremento de la calidad de vida y el auge inmobiliario como las razones que explican la expansión de un sector que ha elevado a nuestro país hasta el cuarto puesto europeo en el mercado de la seguridad privada. Pero aún con ser cierto que un mejor nivel de vida supone una mayor demanda de todo tipo de servicios, la percepción que la sociedad española tiene de estar sometida a mayores riesgos, sobre todo en el ámbito de los delitos contra la propiedad, actúa como un poderoso estímulo a la hora de contratar los servicios de las compañías de seguridad privada.
Aunque en Cantabria no se dan los índices de delincuencia que padecen otras regiones, también aquí ha crecido significativamente la comisión de delitos contra el patrimonio y, en especial, los robos en viviendas. La acción de bandas organizadas –algunas de ellas de procedencia argelina y albanokosovar– disparó las cifras de robos en pisos (que crecieron un 20,8%) y en chalets (un 21,9% más). En total, 122 pisos y 78 chalets cántabros fueron asaltados –según la contabilización de la Guardia Civil– el pasado año por estos grupos, y aunque la respuesta policial ha sido contundente, el mercado de alarmas ha registrado la creciente sensibilización de los propietarios de viviendas, que tratan de precaverse ante ese riesgo.
Fuentes del sector aseguran que la contratación de sistemas de seguridad para hogares y empresas experimentó en Cantabria el pasado año un aumento del 20%, y la cifra de viviendas y empresas conectadas a centrales de alarma supera ya las 3.500.

Crecen las centrales de alarmas

Es en los dispositivos de alarma donde se concentra buena parte del crecimiento de las empresas de seguridad, aunque la facturación que genera este campo es muy inferior a la que obtienen por servicios de vigilancia o por transporte de fondos. Estos dos sectores tuvieron una demanda más temprana y, por tanto, su potencial de crecimiento a estas alturas es bastante menor, lo que se compensa con las posibilidades que todavía ofrece la implantación de sistemas de seguridad en empresas y negocios y, sobre todo, en el mercado residencial. Las compañías que operan en Cantabria han percibido ya ese cambio de tendencia. Si hace cinco años el 75% de sus clientes eran empresas, ahora la balanza se ha equilibrado y el mercado residencial supone ya el 60%.
En el Levante español, donde la inseguridad es mucho mayor y el sector inmobiliario es muy dinámico, son los propios promotores los que empiezan a dotar las viviendas con un sistema de alarma como un elemento más de la memoria de calidades. Ese paso no se ha dado todavía en Cantabria, donde ni la sensación de inseguridad es tan elevada, ni los promotores desean añadir costes que aumenten aún más el precio de las viviendas. Pero a medida que se enfríen las ventas, no es descartable que la necesidad de diferenciarse y hacer más atractivas sus ofertas, anime a los promotores a incorporar sistemas de seguridad que vayan más allá de la habitual puerta blindada o de la simple preinstalación para alarmas.

Bajan los precios

El descenso en el precio de estos servicios también influye en su generalización y ha facilitado el cambio de mentalidad, desde una seguridad pasiva –basada en la simple instalación de dispositivos electrónicos– hasta la amplia gama de posibilidades que permite su conexión a una central.
Por poco más de 400 euros de instalación y una cuota mensual de 25, un hogar medio puede acceder a un servicio básico de conexión a una central de alarmas. En el caso de un negocio, el coste puede rondar los 550 euros. A partir de ahí, las características de la instalación se ajustan a las necesidades concretas del usuario. “A nosotros –explica el director de la delegación de Prosegur en Cantabria, David Verdeja– no nos gusta hablar de un kit de alarmas, porque dos chalets pueden ser completamente iguales pero las necesidades que puedan tener sus ocupantes no tienen por qué ser las mismas”.
Prosegur inició hace seis años su servicio de alarmas en Cantabria y es la que mayor número de clientes ha reunido en este campo. Unos 2.000 propietarios de viviendas y empresas de la región las tienen conectadas a las dos centrales de alarmas de esta firma. El atentado terrorista contra las Torres Gemelas de Nueva York y el que tuvo lugar hace dos años en Madrid, llevaron a la compañía a plantearse la conveniencia de duplicar estas instalaciones de recepción de incidencias e interconectarlas, para garantizar mejor el servicio. Actualmente, es la única que cuenta con esa doble conexión.
Además de dar aviso a la policía, después de verificar que no se trata de una falsa alarma (algo que suele suceder en el 94% de los casos), los operadores de las centrales pueden solventar otro tipo de urgencias, como el hacer acudir a los servicios de atención médica o a los bomberos.
La custodia de llaves, la personación de un vigilante de la compañía en el lugar donde ha saltado una alarma o el control de actividad, que registra cada uno de los horarios y claves de usuario en la apertura y cierre de una vivienda, forman parte, también, de la gama de prestaciones con que las grandes compañías del sector aspiran a diferenciarse.”Nosotros –subraya Verdeja–, vendemos un bien intangible, que es la seguridad, y los clientes, más que dispositivos electrónicos sofisticados, lo que demandan es tranquilidad”.

Barreras contra la intrusión

Aunque esa afirmación sea cierta, la tecnología es una de las grandes protagonistas de los sistemas de seguridad, como se ha vuelto a poner de manifiesto en la feria del sector (SICUR) celebrada el pasado mes de febrero en IFEMA.
Allí se han presentado innovaciones como los sensores volumétricos inalámbricos, capaces de detectar la más mínima modificación del entorno; las barreras perimetrales con detectores de microondas e infrarrojos; los sistemas de monitorización de alarmas y de videovigilancia basados en cámaras IP que se pueden visualizar también a través del ordenador, teléfonos móviles o PDAs; las cerraduras con lector de huella o el software para la gestión de alarmas que activa automáticamente la respuesta física de los elementos de seguridad de la casa y cierra las puertas, bloquea las cajas fuertes, etc.

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