La Administración está en todas partes
Entre el Edificio Macho y la Cuesta del Gas hay casi una veintena de locales de oficinas ocupados y pagados por el Gobierno regional. En realidad, no son los únicos, dado que las dependencias autonómicas salpican toda la ciudad y hay zonas donde la mayoría de los portales tienen un inquilino oficial.
A los tradicionales locales heredados de la Diputación Provincial y aquellos otros que han llegado con las transferencias se han ido sumando en estos últimos años las oficinas alquiladas por las direcciones generales que han decidido independizarse de sus consejerías y salir fuera, algo que ha multiplicado la dispersión, los gastos y las dificultades para establecer cualquier tipo de control sobre los empleados públicos. Basta ver que la Asamblea regional (hasta 1987) y las consejerías de Medio Ambiente e Industria (hasta 1995) también compartían la sede de Puertochico, que por entonces era bastante más pequeña, dado que posteriormente se han añadido los espacios que ocupaba Telecantabria y varias viviendas particulares situadas en la parte posterior del edificio.
La Administración regional rompió las costuras de aquel traje inicial, en verdad estrechas, y multiplicó sus espacios, a pesar de que entre 1986 y 1996 no hubo traspasos de competencias que lo justificasen.
Una parte de estos despachos que se repartieron por la ciudad desaparecerán cuando a partir del 2006 o el 2007 esté construida la nueva sede del Gobierno regional, donde volverán a ser reagrupados. Otros se quedarán donde están, dado que se trata de organismos financiados con dinero público, pero que no pueden ser considerados administración, como el Consejo Económico y Social, la Escuela Europea de Consumidores o el Consejo Asesor de RTVE en Cantabria y nada hace suponer que las compañías públicas como Cantur o la Empresa de Residuos abandonen sus actuales emplazamientos. Si a eso se añade que no se desplazarán al edificio de Moneo las consejerías de Sanidad, Ganadería y Economía y que Educación tendrá su propio inmueble nuevo, parece claro que la dispersión sólo se resolverá a medias y los ahorros en alquileres serán bastante modestos ya que también se mantendrá el arrendamiento del Edificio Macho al Banco Santander, el más oneroso con mucha diferencia, por el que se pagan cien millones de pesetas al año.
Medio centenar de locales
Sin incluir las oficinas de empleo, las dependencias sanitarias y los colegios, institutos y facultades universitarias, que en los últimos años han pasado también a manos del Gobierno regional, en estos momentos la Administración autonómica tiene más de 50 emplazamientos distintos en una ciudad tan pequeña como Santander. Una auténtica invasión, aunque el grueso de los funcionarios se concentra en siete lugares: la sede regional de Puertochico, el edificio de Sanidad en Marqués de la Hermida, el de Los Ministerios en la calle Vargas, la consejería de Ganadería, en La Albericia, el Edificio Macho, que comparten Economía y Sanidad y el edificio Simago, donde Cultura tiene una planta y un bajo por los que paga 37 millones al año.
El efecto que va a causar el abandono masivo de oficinas aisladas tras la construcción de la nueva sede regional se va a unir el de otra marcha, la decidida por la Delegación del Gobierno para aquellas dependencias que el Estado conserva repartidas por la ciudad, que también serán reagrupadas en el edificio de los Ministerios y en el que tenía Tabacalera en Antonio López.
El resultado de ambos repliegues será una caída en picado del mercado de oficinas en el centro de Santander, habida cuenta que, desde hace una década, el Gobierno regional es prácticamente el único demandante de nuevos arrendamientos en el entorno de la Diputación, mientras que las empresas mantienen una política diametralmente opuesta. Aquellas que tenían sus sedes en la zona, como Nueva Montaña Quijano, RTVE o el Racing, hace tiempo que las trasladaron a otros lugares; otras, como el Puerto de Santander, están buscando ya un nuevo emplazamiento más cómodo y adecuado a sus necesidades y bastantes más, de menor tamaño, han tomado decisiones semejantes. Después de este despoblamiento empresarial del Ensanche, apenas quedan las consignatarias, la Compañía del Gas y un puñado de despachos.
Estancamiento de las oficinas
El mercado de oficinas en Santander se resiente desde hace años, y basta comprobar que los precios se han estancado a la baja. En 1990 era habitual la cotización de 2.000 pesetas mes por metro cuadrado para los arrendamientos, que hoy sólo alcanzan contadísimos locales de la Avenida de Calvo Sotelo, a pesar de que en este plazo el precio de venta de los inmuebles se ha multiplicado por dos.
La oferta de oficinas en el centro apenas ha crecido –sólo se ha añadido el Edificio Vallehermoso– y sigue basada mayoritariamente en locales insertos en edificios de viviendas, con una calidad media-baja. La ausencia de condiciones técnicas adecuadas (cableados, amplitud, aire acondicionado, garajes, etc) ha colaborado en ese retraimiento de la demanda y ha sorprendido negativamente a algunas empresas foráneas que han buscado con poco éxito lugares del centro de Santander donde asentar sus delegaciones.
La debilidad en el mercado de oficinas es un síntoma muy evidente de la escasa creación de empresas y contribuye a desertizar el centro de la capital cántabra donde algunas zonas ya tienen una densidad de población preocupantemente baja, sobre todo la del Muelle, con manzanas enteras de viviendas donde apenas habitan algunos ancianos.
A pesar de la actividad que propicia el edificio del Gobierno regional en Puertochico, su influencia sobre la zona es limitada, y se concentra en la rama hotelera, como lo prueba el hecho de que nunca ha llegado a conectarla con el área comercial pura, que se articula en torno a Calvo Sotelo, a pesar de que sólo median unos centenares de metros. Nada indica que un reagrupamiento de consejerías en la actual sede del Gobierno vaya a cambiar significativamente esta tendencia, a pesar de las expectativas que en su día pusieron los comerciantes del centro de la ciudad.