Incongruencias de las fusiones

Con la frustrada fusión entre Endesa e Iberdrola se han puesto de relieve muchas inconsecuencias en las decisiones tomadas por el Ministerio de Economía y queda patente la necesidad de que se establezcan unos criterios objetivos que impidan adoptar medidas distintas para casos idénticos.
En primer lugar, resulta cuestionable la propia fusión. Si anteriormente, el departamento del Sr. Rato no permitió que Fenosa adquiriese Hidrocantábrico, porque supuestamente pondría en peligro la competencia en el sector, no tiene lógica alguna que aceptase la fusión entre Endesa e Iberdrola, por muchas limitaciones que se le fuesen a imponer a la nueva sociedad resultante. Hay que tener en cuenta que tanto Endesa como Iberdrola son mayores, individualmente, que el resultado de la hipotética unión de Fenosa e Hidrocantábrico. Tampoco resulta fácil de explicar que se aceptase una fusión Endesa-Iberdrola pero no Repsol-Iberdrola, cuando en teoría planteaba menos problemas de concentración en un sólo sector.
Condicionar la fusión a una supresión de los Costes de Transición a la Competencia (CTCs) ha sido acertado. No tiene ninguna lógica, por mucho que se quejen las empresas, que el Estado pague la supuesta desvalorización de los activos eléctricos como consecuencia de la apertura del mercado, si cuando se ponen a la venta esos activos generan plusvalías. Si ya es muy cuestionable que las eléctricas estén recibiendo este regalo de 1,3 billones de pesetas de los CTCs, mucho más lo sería si se demuestra que la supuesta causa indemnizatoria no existe. El Gobierno ha reaccionado bien en este caso (aunque presionado por Bruselas), pero también de forma incongruente con sus anteriores decisiones, dado que, como recordaron Martín Villa y Oriol, este mismo criterio no se aplicó en anteriores ventas de centrales de generación donde también deberían haberse anulado los CTCs. No es probable que las compañías afectadas recurran a los tribunales, pero si lo hacen, le crearían un serio problema al Sr. Rato, porque obviamente las reglas del juego tienen que ser idénticas para todos.
Menos explicable aún es que las condiciones del sector cambien sustancialmente cuando hay tres opas presentadas sobre Hidrocantábrico. Después de comprometer un precio, los candidatos a la compra se enteran de algo tan decisivo para su oferta como la nueva política del Gobierno sobre los CTCs, que varía sustancialmente la valoración de la compañía.
La aceptación de la fusión Endesa-Iberdrola fue presentada por el vicepresidente Rato como una buena operación para el país, dado que una eléctrica española adquiría una dimensión internacional de primera línea. Es cierto, pero también es cierto que Endesa por sí sola es la novena compañía del mundo en generación y la sexta en número de clientes e Iberdrola la decimocuarta y la decimosexta, respectivamente, lo cual indica que ya ocupan posiciones privilegiadas, sin necesidad de fusión y la prueba está en que son compradoras muy activas en el extranjero.

La negativa del Gobierno a aceptar OPAs de empresas extranjeras en cuyo capital haya participación pública es otro criterio que empieza a crear un serio problema al propio Gobierno, porque en las tres opas sobre Hidrocantábrico hay alguna participación estatal extranjera. Por una parte, Bruselas considera que se trata de una mera estrategia para restringir la libre circulación de capitales, y por otra, hay que convenir que la cifra es perfectamente subjetiva. ¿Por qué más de un 3% de participación estatal no es aceptable pero sí es válida la oferta de una empresa española donde el Gobierno conserva la golden share, que otorga un control político muy superior?).
El Gobierno, a través de esta sucesión de decisiones contradictorias no ha aclarado mucho en qué camino debe avanzar la liberalización del mercado eléctrico español. Los criterios generales parece que van a acabar saliendo de una acumulación desordenada de decisiones tomadas en casos particulares. Desde luego, no parece que una de las fórmulas sea la de convertir los cuatro grupos eléctricos actuales en sólo dos, con fusiones entre ellos, el escenario que parecía dibujarse hace sólo unas semanas. El problema no es que no exista una idea gubernamental clara de cómo debe ser el perfil futuro del sector, sino que al haber tomado decisiones tan dispares se crean precedentes para nuevas discrecionalidades.

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