La incubadora del ‘Smart City’
Hay avances científicos que, más que aportar soluciones a la industria o a ciertas áreas de conocimiento, revolucionan un modo de vida. En nuestros días es la telemática, la conjunción de informática y telecomunicaciones que se produjo en los años ochenta. Una ciencia muy joven pero que ha transformado profundamente nuestra sociedad y de un modo tan rápido que ni siquiera existen los marcos teóricos que nos ayuden a entender hacia dónde caminan las realidades que ha creado, entre ellas las redes sociales, de profundo calado sociológico.
Esta inquietud la comparte el profesor Luis Muñoz, que desde su labor de dirección del Grupo de Ingeniería Telemática de la UC contribuye con sus investigaciones a esos cambios, a la vez que se interroga sobre su alcance. De ese departamento han salido iniciativas tan relevantes como el Smart City, el proyecto de ciudades inteligentes que tiene en Santander uno de sus referentes. También han surgido colaboraciones con industrias para el desarrollo de nuevos servicios basados en comunicaciones inalámbricas, o la aplicación de las tecnologías telemáticas a la gestión de infraestructuras críticas como las redes de agua o energía. También la investigación en un campo tan prometedor como el ‘internet de las cosas’, en el que la interconexión digital de objetos cotidianos abre un mundo de posibilidades insospechadas.
Una ciencia con 30 años de vida
La telemática es una ciencia en la que convergen dos líneas de investigación que hasta los años ochenta caminaban en paralelo. En aquella época, explica Luis Muñoz, “empezaron a aparecer visionarios que se dieron cuenta de que había una confluencia natural entre lo que era el procesado de la información –lo que los ordenadores comenzaron a hacer en los setenta– y la transmisión de los resultados de esa información a distancia, y eso dio lugar al concepto de telemática”.
Se definió así un nuevo campo de investigación que integra aspectos tan determinantes en nuestro actual modo de vida como las técnicas avanzadas de transmisión de la información que garantizan la seguridad y privacidad de nuestras comunicaciones; las redes a través de las que nos comunicamos (ya sean fibra óptica, wi-fi o telefonía móvil), y las aplicaciones que facilitan el acceso de los usuarios a los contenidos digitales.
Ciudades inteligentes
Quizá el proyecto que mejor resuma lo que la ingeniería telemática puede aportar a nuestra vida cotidiana sea el de las ciudades inteligentes o smart citys. Santander no es solo un ejemplo de las posibilidades que encierra la aplicación de estas tecnologías a la mejora de los servicios que se prestan a los ciudadanos en un entorno urbano, sino que la propia idea surgió de un congreso de la Unión Europea sobre telemática celebrado en la capital cántabra en 2009. El grupo de investigación que lidera ahora Luis Muñoz, jugó un papel relevante en la definición de un proyecto en el que Santander fue elegida como una de las ciudades piloto para llevarlo a cabo. La implicación del Ayuntamiento, la existencia de una pequeña pero dinámica industria TIC y la presencia del propio Grupo de Ingeniería Telemática crearon el ecosistema adecuado para que esa iniciativa prosperase.
Siete años después de su puesta en marcha, la capital cántabra es un referente en este campo, con 16 aplicaciones que el ciudadano puede utilizar a través de un móvil, y que proporcionan información en tiempo real sobre aspectos tan variados como la situación del tráfico, la existencia de aparcamiento en determinadas zonas, la situación de las playas, la agenda cultural de la ciudad o el anuncio de determinados eventos.
Una de las más empleadas es la que tiene que ver con el transporte urbano. En vez de colocar pantallas en las marquesinas, susceptibles de vandalismo y costosas de mantener, una simple etiqueta pegada en las paradas nos permite, acercando el móvil, saber cuánto va a tardar en llegar el autobús. Y la creación de nuevas aplicaciones es un proceso abierto.
Una colaboración tocada por la crisis
La búsqueda de colaboración con la industria ha sido siempre un objetivo claro para el Grupo de Ingeniería Telemática, entre otras cosas porque, como explica Luis Muñoz, “hemos evitado acudir a financiación para investigadores basada en las becas, porque creímos que deberíamos obtenerla de la industria, que es el modelo norteamericano”. Con este enfoque, los investigadores de la UC ha colaborado estrechamente con grupos industriales como Mondragón, desarrollando un proyecto basado en las comunicaciones inalámbricas que ha culminado en un producto para la gestión de flotas que comercializa Fagor Electrónica desde sus instalaciones en el CDTUC (Centro de Desarrollo Tecnológico de la Universidad de Cantabria).
Otro logro importante fue la colaboración con Enyca a finales de los años noventa para la transmisión de información de interfonía entre la Estación de Renfe de Santander y la red de estaciones de cercanías. Se solucionaba así la inexistencia de personal en esas estaciones, ya que cualquier demanda de información desde ellas podía ser atendida desde Santander. Aquella solución, inédita hasta entonces, tuvo tanto éxito que Renfe la aplicó en toda España.
Esa colaboración con la industria se ha visto afectada notablemente por la crisis. Los procesos de investigación realmente innovadores requieren entre dos y cuatro años para alcanzar resultados y, en momentos críticos, las empresas no quieren destinar recursos a medio o largo plazo. A la espera de que se reactive esa demanda, el grupo de investigadores de Telemática, que actualmente está compuesto por 23 personas, ha optado por otra estrategia: “Se ha suplido con la financiación europea –señala Luis Muñoz–, donde la competencia es mayor. Eso te posiciona mejor, pero se sufre”, reconoce este investigador para quien los programas de colaboración entre la industria y la universidad deben servir de estímulo para que las empresas puedan aprovechar todo el potencial de innovación que encierra la telemática.