Las academias se examinan
No están en crisis, sólo atraviesan una situación difícil de la que, socialmente, se tiene una ‘impresión amplificada”. Y es que, al contrario de lo que cabría esperar, las academias cántabras dicen contar con las armas suficientes para luchar contra el exceso de oferta y el descenso del alumnado, provocado por la caída de la natalidad en los años ochenta.
La Asociación de Centros y Academias Privadas (ACAP) está dispuesta a plantar cara a la inestabilidad de su mercado y ha encargado a la patronal CEOE-Cepyme un estudio, con cargo a la iniciativa Equalcan, para analizar las fortalezas y debilidades de su sector. El informe ha tomado como muestra más de 160 encuestas realizadas telefónicamente y 31 entrevistas personales a los gerentes de centros cántabros que imparten todo tipo de enseñanzas.
Las academias luchan contra variables como la demográfica contra la que no hay estrategia posible –cada vez hay menos población escolar– pero sí pueden contrarrestar otras, como la excesiva dependencia de las subvenciones, la estacionalidad de la actividad, el aumento de la oferta pública o la competencia, en muchos casos desleal, planteada por particulares, agentes sociales y APAs. Además, no todo son debilidades. El estudio apunta nuevas oportunidades de negocio gracias al aumento de la demanda de clases de apoyo, a la que plantean los colectivos con riesgo de exclusión social o las posibilidades que ofrece la formación de trabajadores en activo y el e-learning (teleformación).
Dentro de un sector compuesto por pequeñas empresas, con escasa organización funcional y diversificación de servicios, el esfuerzo para adecuarse a estos nuevos escenarios es doble. Pero, obligados a cambiar si no quieren desaparecer, los centros creen disponer de la flexibilidad necesaria para adaptarse a lo que venga, con una oferta de estudios muy variada y la ayuda que ofrecen las nuevas tecnologías.
Estabilidad
En realidad, el estado de ánimo del sector no es malo. Sólo el 30% de los centros encuestados considera que su situación ha empeorado en los últimos cinco años. Los que así lo manifiestan lo achacan, en su mayoría, a una disminución de la demanda de particulares. Curiosamente, son más las academias que reconocen haber experimentado una mejoría por la razón inversa –aumento de la clientela– unido a la diversificación del servicio y las nuevas demandas formativas de las empresas.
Según explica el informe: “los clientes que han perdido unos los han ganado los otros, en lo que puede considerarse un intercambio intrasectorial”. A lo que cabe añadir que muchos centros han subsanado ese descenso de su alumnado convencional con el aumento de clientes procedentes del mundo de la empresa.
Es paradójico que la visión de las academias sobre su propia situación no sea mala y, en cambio, la opinión que tienen sobre lo que ocurre en el sector en conjunto sea pesimista. Casi la mitad de los centros cree que la situación general ha empeorado y tres de cada cuatro lo achacan a una disminución del volumen de la clientela.
Una dicotomía semejante se da en su percepción del futuro. Un 30% es pesimista, mientras que sólo un 15% lo es sobre la evolución de su empresa.
En cualquier caso, siguen siendo más las academias que se declaran optimistas o, al menos, las que confían en que la situación se mantendrá estable, siempre que sean capaces de ofrecer servicios de calidad.
Perfil de los centros cántabros
A medida que las empresas de formación son más recientes manifiestan una mejor situación empresarial. En Cantabria, la creación de centros privados de formación no reglada ha registrado una evolución ascendente desde principios de los años ochenta hasta 1995. El auténtico boom tuvo lugar entre 1996 y 2000, periodo en el que se fundaron el 32% de las academias existentes. Un 19% tienen menos de cinco años y un 9% ha cumplido la veintena.
Santander y Torrelavega concentran la oferta formativa y, de hecho, más de la mitad de los centros de enseñanza se encuentran en la capital de Cantabria. Su superficie media es de unos 300 m2, pero este dato puede llevarnos a engaño ya que es consecuencia de la existencia de grandes centros que distorsionan la estadística al alza. Casi un 80% de las academias no alcanzan estas dimensiones e, incluso, dos de cada diez desarrollan su actividad formativa en menos de 66 m2.
La media de aulas por centro se acerca a cuatro, con un tamaño promedio por clase de 34 m2. Prácticamente la totalidad, pero no todas, poseen baño; un 70% dispone de secretaría; más de la mitad cuenta con algún despacho, el 38% tiene biblioteca y apenas el 5% disfruta de cafetería.
La debilidad de su infraestructura, muchas veces, se une a un equipamiento informático y audiovisual deficiente. Y es que, aunque el 85% posee algún equipo informático, cerca del 20% sólo cuenta con uno. Como antaño, los aparatos más frecuentes en la enseñanza siguen siendo la televisión y el video –ahora DVD– y, con mucha menor presencia, los retroproyectores y los cañones.
Todo ello nos da idea de que nos encontramos frente a un mercado fragmentado en pequeñas empresas. Sólo el 8% cuenta con más de un centro de formación y, de ellas, únicamente la mitad ha conseguido especializar sus centros por áreas y extenderse fuera de la localidad de origen.
La escasa diversificación de los servicios que ofrecen plantea otro problema. Todavía son pocos los centros que incluyen asesoramiento, bolsa de empleo, estudios a medida o estancias en el extranjero. Unas facetas complementarias a la formación que son indispensables para el futuro.
En realidad, muy pocos están especializados. La mayoría imparte una temática múltiple –en la que nunca falta ni la informática ni los idiomas– y la enseñanza que ofrecen es presencial, salvo un 3% que también se atreve con la formación a distancia.
Débil organización
El 60% de los 866 trabajadores encuestados en el sector cántabro de la formación son mujeres. Y la modalidad más habitual de contrato es la jornada completa por tiempo indefinido, aunque los colaboradores autónomos cada vez están cobrando una mayor importancia.
Lo que suelen hacer muchos centros es apostar por el establecimiento de una plantilla fija con personal capaz de asumir varias funciones distintas –algunas de ellas complementarias a las docentes– para poder rentabilizar así la estructura. No obstante, la mayoría de las academias carecen de un organigrama definido.
Las que sí disponen de una organización funcional clara concentran el empleo femenino en el área administrativa y comercial, mientras que el masculino está más representado en el ámbito de la dirección general y el I+D+i. Donde la distribución por sexos es muy similar es entre los docentes, con un número de mujeres ligeramente superior.
A diferencia de otros sectores, la figura gerencial o no existe o se esconde tras un cargo directivo un tanto desdibujado, que entremezcla labores docentes y administrativas.
Formación en empresas
El informe de CEOE-CEPYME también ha estudiado la actitud de los teóricos clientes, las empresas, hacia la formación. Después de sondear a un centenar de ellas de cierto tamaño, se pone de manifiesto que un 78% recibieron formación durante los últimos tres años, sobre todo las que cuentan con una plantilla superior a los diez trabajadores.
Poco parece importar que dispongan o no de un plan de formación previo, puesto que el 85% desarrollan los cursos sin contar con él. Lo más llamativo es que el 60% de las empresas siguen sin conocer las alternativas de la formación subvencionada y que sólo el 21% utilizan los fondos del FORCEM para formar a sus empleados.
Pero, el verdadero hándicap para las academias es que las empresas prefieren como proveedores de formación a las asociaciones e instituciones que les ofrecen cursos gratuitos. Eso sí, siempre que estén especializas, próximas a la oficina, y se adapten a sus horarios. Por lo general, para solicitarles cursos presenciales fuera de la jornada laboral.
El sector propone
De este duro examen al que se han sometido, los centros de formación esperan haber sacado en limpio unas cuentas enseñanzas. La primera, que deben innovar sistemas de gestión para fortalecer su estructura organizativa, reforzar el área comercial y disponer de una figura gerencial que asuma la planificación estratégica. Todo ello sin olvidar que son empresas de formación y, por tanto, no pueden dejar de lado la capacitación continua de su profesorado. El último año, un 60% de los docentes participaron en acciones formativas. Un porcentaje insuficiente si quieren hacer frente a la competencia de profesores especialistas contratados por las empresas.
La segunda asignatura pendiente consiste en renovar los modelos educativos de las academias, especialmente, con la teleformación o e-learning, aprovechando las nuevas tecnologías, una fórmula que crecerá exponencialmente en los próximos años por la disminución de las barreras tecnológicas y la creciente demanda de formación entre el personal en activo.
Para subirse a este carro, los centros habrán de elegir entre adscribirse a un proveedor de teleformación o gestionar por sí mismos una plataforma on line. De lo que se trata, en el fondo, apunta el informe, es de motivar al alumnado y llegar hasta él allá donde se encuentre.
El asociacionismo, para alcanzar objetivos que difícilmente podrían lograr las academias de forma individual, es otro de los caminos que puede encaminarles al aprobado, aunque el estudio ha constatado cierta apatía tanto en el sector como en las empresas que debieran demandar los cursos de formación, con poca iniciativa para gestionar los fondos de formación continua de sus trabajadores. En cualquier caso, son estos cursos para empresas y colectivos como inmigrantes, discapacitados o tercera edad donde están los nichos de mercado.
El informe probablemente podría extenderse a otros actores implicados en el mundo de la formación que padecen problemas parecidos de demanda, pero ese es otro ámbito y le corresponde a la Administración pública. Y es que en la enseñanza están cambiado muchas cosas en poco tiempo.