Las casas rurales, en peligro
En la actualidad existen 576 casas rurales en Cantabria, frente a las 18 que había en 1990, “una oferta desbocada”, en opinión del presidente de la Asociación de Turismo Rural Jesús Blanco. Pero no es el único problema. Algunos propietarios han realizado inversiones multimillonarias –una media de 600.000 euros– que no se justificaban por el rendimiento del negocio sino por la propia revalorización del inmueble y ahora que el mercado inmobiliario se ha hundido “están prisioneros de esta situación”, señala el dirigente de esta asociación. La oferta ilegal de habitaciones en el medio rural, que compite en Internet con la legal también causa mucho daño al sector.
Blanco se queja, además, de “la ligereza” de la Administración regional a la hora de autorizar negocios de nueva construcción, que “no cumplen para nada” con los requisitos de casa antigua, de tipología rural o de elementos arquitectónicos tradicionales.
No todas las zonas tienen la misma concentración de alojamientos rurales, pero hay algunas especialmente saturadas como Santillana del Mar y sus alrededores, lo que ha provocado que esta zona esté más ‘tocada’ que el resto. No obstante, en Semana Santa la ocupación ha sido muy aceptable, a pesar de que está bajando la demanda en general –algo que afecta a todos los formatos hoteleros–, las reservas se hacen a un ritmo mucho más lento y los precios se están ajustando al nuevo contexto de crisis económica.
Empresarias
Marta Ortiz es una de las empresarias que apostó por este tipo de negocio y regenta, desde el año 2004, el ‘Marqués de Trancadorio’, una casa rural ubicada en Udías: “Estaba cansada de Madrid y aunque en un principio pensé en poner un restaurante de comida rápida, me decidí por este negocio rural”, señala. Su establecimiento recrea una casa colonial de 1890, pero a pesar de la ilusión inicial, la hostelera ha caído ahora en el desánimo. “A pesar de que la Semana Santa ha sido muy buena, en los pasados seis meses no he tenido huéspedes”. “Si viene alguien con intención de comprarla le vendo la casa”, asegura Ortiz. Eso sí, aboga por mantener la esencia de establecimiento rural, sin servicios añadidos de ningún tipo.
La comarca de Soba ha tardado en incorporarse a esta proliferación de la hostelería rural, pero ya hay unos cuentos negocios. Leonor Bárcena está al frente de la posada ‘El Cuévano’ desde el 2006: “Llevaba muchos años con la idea de un alojamiento rural. Finalmente me decidí y dejé mi trabajo en Vizcaya”, explica. Bárcena, que obtiene unos 1.200 euros netos al mes, considera que el futuro pasa por ofrecer un trato directo al cliente y, para dejarle el mejor sabor de boca, organiza conciertos musicales en su propia casa. La empresaria exige a las distintas administraciones públicas que apliquen la misma normativa a todos los alojamientos ubicados en espacios rurales y que doten a Regules, el barrio de Soba donde se encuentra su establecimiento, de infraestructuras tan básicas y elementales para cualquier localidad como son el agua potable y el saneamiento integral.
Futuro
Un sector que no llega a los veinte años de vida, necesariamente tenía que pasar por algunos problemas de crecimiento antes de alcanzar la madurez. Afortunadamente, desde el 2000 se está produciendo una creciente profesionalización y el futuro pasa por mejorar los servicios a los clientes, algo que se ha conseguido ya gracias a la utilización de herramientas tecnológicas, como las reservas por Internet. Las rutas de senderismo, la gastronomía de la zona y no pocas prestaciones añadidas, como el spa, están revolucionando el concepto tradicional de este negocio.
Si la saturación se ha convertido en un problema, el segundo en importancia es el reducido número de días de uso que tienen estos establecimientos frente a los hoteles convencionales. Su demanda se reduce a los fines de semana; los puentes festivos, Navidad, Semana Santa y la época estival, por lo que la ocupación media del año apenas ronda el 20%. El perfil del usuario se corresponde con el de un matrimonio joven, con niños y poder adquisitivo, que busca la tranquilidad en medio de la Naturaleza, y que proviene, casi siempre, de Madrid, Castilla-León, País Vasco o Cataluña. Los precios por habitación y día oscilan entre los 35 y los 100 euros.
Desarrollo en Cantabria
Este concepto de hostelería rural se ha desarrollado en Cantabria más que en otras regiones y, en especial, en toda la zona costera, en Liébana y en la comarca de Saja-Nansa. En ello tuvieron mucho que ver las cuantiosas subvenciones públicas que se establecieron para su creación, al entender las autoridades, con acierto, que sólo la captación del turismo podía salvar algunas zonas rurales del abandono más absoluto. Un 20% de estas ayudas han llegado de los fondos comunitarios para el desarrollo de comarcas rurales y un 12% de la Consejería de Turismo.
Esto no ha impedido que los promotores se hayan visto forzados a suscribir importantes créditos hipotecarios cuyos intereses lastran ahora las cuentas de explotación del negocio. Tanto que han llevado a muchos propietarios a replantearse la continuidad.
Frente a otros sectores en los que puede acudirse a ajustes de personal, en la hostelería rural la plantilla es tan esquemática que no resulta fácil. En muchas ocasiones es el propietario por sí solo o con la ayuda de su familia la única fuerza laboral del establecimiento y lo que se entendía como un negocio se queda en una ocupación destinada únicamente a obtener un modesto sueldo. En no pocos casos, incluso el propietario se ve obligado a tener otro trabajo, aprovechando que muchas semanas al año no hay clientes, y los ingresos del establecimiento, cuando los tiene, van dirigidos simplemente a pagar la hipoteca. Al menos, mientras se incrementaba el valor de estas casas rurales, eso producía un aumento del patrimonio personal del promotor, algo que ya ha dejado de suceder con la caída del precio de los inmuebles.
Desde la Asociación de Turismo Rural se incide mucho en la profesionalización del sector y en una de sus iniciativas, la elaboración de una atractiva y sugerente página web en la que tiene depositada mucha confianza. Algo fácilmente comprensible si se tiene en cuenta que el 71% de los clientes de las casas rurales se captan a través de Internet.
Ya lo sabe, si quiere disfrutar plácidamente de la naturaleza, coja su ordenador, haga sus reservas y podrá relajarse en el campo con la oferta más variada, los servicios más sofisticados y un trato familiar.