¿LO CORRECTO?

Si la política fuese una mera actividad de gestión, debería quedar en manos de gerentes profesionales, como pensó Ruiz Mateos cuando puso anuncios buscando ejecutivos para formar aquel partido ya desaparecido que le convirtió en eurodiputado. Pero la política es otra cosa. En realidad, es un laberinto que exige dar muchas vueltas para llegar a donde se quiere ir.
Entendida de un modo lineal, la decisión que ha adoptado el PSOE cántabro expulsando a sus concejales de Castro Urdiales, incluso después de que retirasen su moción de censura, parece valiente y honesta. Con toda seguridad, dos valores que un partido debe transmitir a la ciudadanía. Pero eso no impide que sea torpe.
Castro Urdiales ha planteado problemas específicos desde que se constituyeron los primeros ayuntamientos democráticos, tanto por el fraccionamiento político como por la presencia de una fuerza desestabilizadora (ICU) que, mientras existió, provocó notorios dolores de cabeza a la autonomía. Unas circunstancias que surgen casi siempre que aparecen fuerzas ajenas a la disciplina de grandes partidos y no se sienten solidarias con una estrategia global, como ha ocurrido con el GIL en Andalucía.

La expulsión del Grupo Municipal Socialista en Castro abre las vías a una nueva fuerza política en aquel lugar, ajena por completo a la jerarquía de un partido regional o nacional y que va a aflorar, a partir de ahora, los problemas de vasquización latentes frente a los cuales todos hemos actuado como si no existiesen. La venta del suelo ha creado un fastuoso negocio para muchos promotores inmobiliarios, pero también ha introducido el germen de un conflicto a largo plazo que ningún Gobierno regional ha sabido prever. La nueva población –mayoritariamente de origen vasco– no se siente sentimentalmente ligada a Cantabria, lo cual es fácil de entender. Su forma de vida, sus hábitos de consumo, sus empleos… todo está vinculado a Euskadi. Hace diez años ya se vendían más ejemplares de los periódicos bilbaínos que de los cántabros. Ahora, que la población casi se ha triplicado, basta comprobar la relevancia informativa que la prensa de Vizcaya da cada día a Castro para comprobar cómo bascula en una dirección que, desde luego, no apunta a Santander.
No hay que hacer alarmismos y, mucho menos, patrioterismos. Como en la ley de la gravedad, las ciudades mayores tienen más magnetismo que las menores, sobre todo, cuando están más cerca, como pasa con Bilbao. Es una realidad casi imposible de cambiar. Haga lo que haga el Gobierno cántabro en Castro Urdiales, su vida diaria cada vez dependerá más del País Vasco. Pero todo se puede contrarrestar con inteligencia y con voluntad. Y hay que reconocer que no ha habido ni una ni otra. Los gobernantes cántabros de las dos últimas décadas han estado más atentos al negocio (la especulación con el escaso suelo de Castro hasta sacarle todo el jugo posible) que a los intereses regionales a largo plazo.

Al menos quedaba el vínculo de los grandes partidos. PSOE, PP y PRC mantenían la plaza controlada. Ahora, con un grupo municipal mayoritario (el alcalde gobierna en minoría) que ya no se siente vinculado a ninguno de estos partidos, esta red de seguridad ha desaparecido. El PSOE nunca debió cortar los lazos con sus concejales de Castro Urdiales, por mucho que contraviniesen el pacto con el PRC, y más cuando esta circunstancia es dudosa, ya que fue el PRC local el que no cumplió el pacto regional con los socialistas, ganadores de las elecciones, y se lanzó a un extraño gobierno municipal con PP e IU que ha resultado un desastre sin paliativos.
Que nadie se haga ilusiones. La moción de censura se retiró, pero los concejales ex socialistas se presentarán a las próximas municipales con posibilidades de ganar y quizá con una marca provasquista. En las últimas elecciones, el PNV valoró la posibilidad de presentar lista en Castro y si lo desestimó no fue tanto por los resultados –que hubiesen sido buenos– como por evitar un conflicto institucional. En las siguientes, quizá no le haga falta aparecer con sus siglas. Esto es lo que habremos ganado con la política de sacar pecho.

Suscríbete a Cantabria Económica
Ver más

Artículos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba
Escucha ahora