PANORAMA INTERNACIONAL

Recuperación fase II
Lo mismo que los cohetes suelen fallar cuando la primera fase ha terminado y la segunda está por empezar, así le sucede a la economía alemana: una impresionante recuperación derivada de la exportación está llegando al límite y ahora le toca el turno al consumo interior (…) La economía alemana creció el 3% en 2006 –bastante por encima de su potencial a largo plazo– y este año parece que continúa la tendencia, debido, en parte, a la inversión de capital y las exportaciones.
Una de las razones por las que a los exportadores les ha ido tan bien, a pesar de un euro tan fuerte, es que los trabajadores aceptaron una subida salarial por debajo de la tasa de productividad (…)
Hay, sin embargo, varios factores que le van a impedir a Alemania disfrutar de un nuevo período de crecimiento. Un primer problema es el esclerótico sector servicios, donde en contraste con los dinámicos exportadores, el crecimiento en productividad es bajo.
Otra debilidad es el relativamente poco desarrollado y conservador sector financiero alemán al por menor.
El 4,5% de acuerdo salarial alcanzado por los sindicatos ferroviarios es más probable que conduzca a la inflación que a una explosión del consumo (…)
Financial Times

Cinco años de Sarco
Se acaban de cumplir cinco años de la Ley Sardanas-Oxte (Sarco) y de la ola de indignación popular sobre los escándalos contables de Enron y Worldcom. La ley pretendía restaurar la confianza en las grandes empresas americanas y se ha convertido en un sinónimo de regulación pesada (…) Sin embargo, esa reputación es inmerecida. Dadas las presiones políticas que impulsaron la legislación, sus logros, como por ejemplo la promoción de un comité auditor independiente, son más que notables. Incluso aquellos que han luchado por no cumplirla, aceptan que Sarco ha puesto el foco de atención en la calidad de los informes financieros (…)
Financial Times

Construir sobre arena
A nadie se le ocurriría construir en Londres donde lo hicieron sus fundadores (…) Sin embargo esta ciudad tiene suerte, pues está fuertemente protegida del mar por la gran barrera del Támesis y, río arriba, por robustos diques de cemento, lo que no sucede por ejemplo en Tewkesbury, Gloucester o en Oxford, desoladas recientemente por las inundaciones (…)
Tras estos fallos está un complejo y no escrito acuerdo de hace medio siglo por el que los aseguradores cubrían a casi todos los hogares contra las inundaciones, sin ningún coste extra. El gobierno, en contraprestación, prometía mantener las defensas contra las inundaciones.
Como, de este modo, el verdadero coste quedaba sumergido, los promotores han construido sin control en planicies de toda Inglaterra y los ciudadanos no han encontrado motivos para no comprar esas casas. Pero ese acuerdo se está empezando a quebrar a medida que las quejas por inundaciones se multiplican. La competencia entre los aseguradores hace que el subsidio implícito de los propietarios de viviendas en lugares altos hacia los que viven en los bajos sea cada vez menos sostenible (…)
The Economist

Gobiernos de compras
Si nos damos una vuelta por Chelsea veremos los cuarteles de la Coldstream Guard, que ahora son propiedad del Gobierno de Quatar, o una sucursal del venerable Barclays a punto de pasar a ser parcialmente propiedad de la República Popular China (…) y lo que sucede en Chelsea puede ocurrir en cualquier barrio de las economías abiertas del mundo (…)
El dinero con el que compran estas empresas o inmuebles viene de los Fondos de Soberanía y Bienestar, un término todoterreno usado para aquellos fondos en los que los gobiernos meten dinero (…) Y aunque ya son grandes –entre 1,5 billones y 2,5 billones de dólares según el Tesoro de EE UU–, van a crecer más todavía; Morgan-Stanley dice que para 2015 pueden reunir 12 billones de dólares (…) Los políticos de los países más ricos están cada día más preocupados por esta tendencia (…) y es comprensible, ya que los regímenes propietarios de estas ingentes cantidades de dinero son, a menudo, autoritarios y directamente peligrosos (…) Porque, ¿qué ocurriría si Rusia, que actualmente utiliza sus suministros de gas para perseguir fines políticos, intentara coger un buen pedazo de los negocios de la energía en la Europa del Este? ¿Se deberían preocupar los gobiernos europeos? No, si el mercado energético es competitivo y está bien regulado (…)
La principal razón para preocuparse por la capacidad de adquisición de esos fondos no es financiera, sino lo poco que se sabe sobre sus controles internos, la estrategia de inversión o sus objetivos comerciales.
The Economist

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