’Soy un vitalista convencido’
P.- ¿Cómo decidió dedicarse al mundo de la enseñanza?
R.- Mi vocación se la debo a María Torner, una profesora que tuve en la escuela de mi pueblo, Mompía. Me tocó la lotería porque era una maestra ejemplar. Ella fue la que me trajo a Santander para que hiciera el examen de ingreso al Bachillerato. Si no, me hubiera dedicado a cuidar vacas. ¡Y a mucha honra! Sólo por haber generado en mi la afición por la lectura habría que hacerle un monumento. En la escuela, que era unitaria, mixta y para niños de todas las edades, había una biblioteca con menos de diez libros y todavía podría reproducir alguno de memoria porque leíamos todos los días. Desde nuestra virginidad mental, nos enseñó a aprender y por eso la tengo idealizada.
P.- Parece que los españoles ya lo hemos entendido, pero ¿cuándo supo usted que sin inglés no iba a ningún sitio?
R.- En los Escolapios yo estudiaba francés pero aprovechaba los veranos para viajar a Inglaterra e Irlanda con la mochila al hombro y luego daba clases particulares, en la cafetería Picos de Europa y en el domicilio de mi compañero Pedro Macho, para financiarme los estudios y las copas. Además, me servía para tener más vida social y hablar con las turistas que venían en los años 60 (ríe).
P.- Esas clases particulares fueron el preludio de su trabajo como profesor…
R.- Sí, estudié en la Escuela de Magisterio y de ahí pasé al colegio público Cisneros, donde estuve cerca de ocho años. Hace días me encontré con un estudiante al que llevé a Inglaterra en los años 80 porque quería demostrarles que eran capaces de hablar inglés. Llegamos a representar una obra de teatro por los colegios –‘Escuadra hacia la muerte’, de Alfonso Sastre– para costearnos las 1.300 pesetas del viaje y nos fuimos en barco y con pensión completa. Recuerdo que redacté un centenar de centros de interés, cuestionarios con preguntas y respuestas para que los alumnos se lanzasen a hablar. Siempre he sido partidario de aprender el idioma con el método natural, sin necesidad de tanta gramática.
P.- ¿Cómo pasó de trabajar en un centro público a crear su empresa de formación?
R.- Siempre había querido hacer cosas distintas y la Formación Profesional me dio la oportunidad. El sistema acababa de regularse en el año 1970 y cuatro años después se crearon la FP 1 y 2. Decroly nació con la Constitución, en 1978 y, al principio, puse de titular a mi madre, Marina Bárcena. Solo cinco años después, cuando vi que el proyecto iba hacia delante, pedí la excedencia. Le puse el nombre del médico y pedagogo belga Ovidio Decroly porque, como él, siempre he sido un vitalista convencido y creo en las personas.
P.- ¿Cuáles eran las señas de identidad de Decroly?
P.- Ese vitalismo pedagógico que hace que creamos en la enseñanza por la vida y para la vida y que convirtamos al alumno en nuestra razón de ser, comprometiéndonos con ellos y sus familias. Y nuestro carácter democrático, ya que involucramos a todos los componentes de la comunidad educativa y al mundo empresarial.
P.- Dígame algún hito en la historia del centro…
R.- El punto de inflexión lo marca la llegada de la LOE en el 2006, que concede a la FP de grado superior la categoría de educación superior, igual que los estudios universitarios. Eso nos instala en Europa. Habíamos organizado acciones en el exterior, pero a raíz del Programa de Aprendizaje Permanente entramos en todos los programas comunitarios (Erasmus, Leonardo, Grundtvig…) con socios como Suecia, Escocia, Lituania… Por esa dimensión europea, entre otras cosas, la Consejería nos ha nombrado Centro de Referencia del Plan de Fomento del Espíritu Emprendedor. Yo mismo he participado en tres Erasmus y conozco casi toda Europa, porque creo en ese concepto de globalización educativa. El mundo es patria y si estoy en España es por casualidad.
P.- Decroly no es la única iniciativa que ha puesto en marcha en los 35 años que lleva como empresario…
R.- En los años 80 fundamos la empresa Computraining, para dar soporte tecnológico y know how al Centro y hemos tenido otras experiencias innovadoras, como Melchor de Jovellanos, que se inauguró en 1995 y llegó a tener sedes en Bilbao y Madrid. Hoy ya no lleva a cabo programas universitarios, pero sus instalaciones de Dávila Park acogen formación continua para empresas, uno de nuestros puntos fuertes pues contamos con 800 firmas adheridas a nuestro Plan de formación continua y ha habido años en los que llegamos a superar las 200 acciones formativas.
P.- ¿En qué momento se encuentra ahora Decroly?
R.- Lo más relevante es que hemos conseguido el bilingüismo. Este año ya impartimos íntegramente en inglés el ciclo de Administración y Finanzas y el curso que viene se ampliará al resto de ciclo de grado superior, con profesores que, además de la licenciatura, tengan una acreditación lingüística de un nivel mínimo de inglés B2. También estamos muy satisfechos de nuestra participación en programas autonómicos, como el I Concurso de Proyectos de FP, que ganó uno de nuestros alumnos, Carlos Enríquez, con un paquete turístico para el Mundial de Vela de Santander.
P.- Ahora que le llueven tantas críticas a la educación ¿Qué diagnóstico hace de la FP? ¿Goza de buena salud?
R.- El modelo convencional de la FP en Cantabria es muy bueno y está bien desarrollado. Además, a mediados de febrero, salió una orden que flexibiliza los periodos de prácticas, algo muy importante, porque los alumnos aprenden haciendo. Eso es Decroly en estado puro. Lo que yo defiendo es que la Administración colabore con la empresa en el pago de una beca a los alumnos por ese periodo de aprendizaje, ya que muchas empresas son pymes que bastante hacen con acogerles.
P.-¿A qué se dedica cuando no está trabajando?
R.- Antes solía jugar al tenis y nadar, pero las personas nos vamos haciendo mayores y recientemente he descubierto el placer de jugar al mus con mi amigo Jaime Saiz, un jubilado de GSW que es todo un ejemplo, porque, después de trabajar 42 años a turnos, siempre está contento. Yo trabajaba de 8 a 2,30 y de 4 a 9 y me llevaba tarea a casa, pero he empezado a tomármelo con más calma y no falta ese café con los amigos y jubilados de mi pueblo.
P.- Y le queda tiempo para escribir un blog…
R.- Escribo crónicas y artículos sobre el sector porque me gusta contar cosas y creo en las nuevas tecnologías. No puedes ofrecer una educación del siglo XXI si continúas anclado en el siglo XIX. Aquí ya no hay tizas, la formación es otra cosa.
P.- ¿Ha conseguido lo que se proponía cuando empezó?
R.- Sigo creyendo que mi trabajo aporta y que existe una ética del beneficio. No entiendo por qué el empresario está mal visto cuando es el que genera riqueza y se arriesga. Si se equivoca o le sale mal, se hipoteca de por vida; él y, muchas veces, su familia. A mí me apasiona mi trabajo y me ayuda a realizarme porque cada día hago cosas nuevas y ayudamos a chavales a los quizá nadie ha dado una oportunidad antes.