Un Parque modélico cuajado de avatares
En el Santander del siglo XVII, cuando arreciaba el viento sur, dos guardias municipales debían quedar de retén con calderos de agua preparados para evitar el riesgo de que se propagase algún incendio. Hoy, cuatro siglos después, un cuerpo de bomberos formado por más de cien personas tiene la responsabilidad de evitar que la ciudad padezca siniestros como los que han quedado grabados en su dolorosa memoria histórica, especialmente el pavoroso incendio que arrasó la mitad de sus calles en 1941. A partir de ahora lo harán desde unas nuevas instalaciones que, por dimensiones y características, pueden ser consideradas como el mejor parque de bomberos de España y uno de los mejores de Europa.
Para llegar hasta este punto ha sido preciso recorrer un camino lleno de dificultades, ya que, como consecuencia de la crisis que ha golpeado al sector de la construcción, el proyecto ha estado a punto de encallar. La suspensión de pagos de Cenavi, una de las empresas de la UTE adjudicataria, y el desplome del valor del suelo que el Ayuntamiento iba a utilizar como pago a los constructores ha provocado que la obra haya estado interrumpida dos años y que el sistema de financiación no haya tenido nada que ver con la permuta prevista inicialmente.
La construcción del Parque ha llegado a su término con notables sacrificios económicos para la empresa de la UTE que siguió con el proyecto, Emilio Bolado, y para el propio Ayuntamiento, que ha tenido que financiar con sus propios recursos los diez millones de euros en que oficialmente se ha tasado la obra, aunque el coste final ha superado en dos millones esa cifra.
Un convenio urbanístico malogrado
Cuando en 2004 el Ayuntamiento santanderino sacó a concurso la construcción del nuevo Parque de Bomberos que vendría a sustituir al de Cajo, claramente obsoleto tras medio siglo de servicio, la propuesta de pagar las obras con el solar que ocupaban las viejas instalaciones y las cocheras de los autobuses municipales encontró una buena acogida entre las constructoras locales. El sector inmobiliario estaba en pleno auge y aquel solar, que se valoró entonces en 18 millones de euros, podría permitir la construcción de 150 viviendas, aunque el 20% deberían ser de VPO. A cambio, la empresa que ganase el concurso se obligaba a ejecutar a su costa unas nuevas instalaciones para los bomberos, además de las cocheras de los Transportes Urbanos de Santander y los talleres municipales, que también iban a desaparecer de Cajo.
El concurso lo ganó una UTE formada por Cenavi y Emilio Bolado, que aportaba una parcela en Ojaiz en la que se levantaría el nuevo Parque de Bomberos.
El primer contratiempo de todo un rosario de adversidades surgió cuando otra constructora local, Ascan, impugnó la adjudicación de esa obras por lo que entendía una incorrecta aplicación de los criterios de valoración del concurso, y el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo Número 2 de Santander le dio la razón en septiembre de 2008. La sentencia, en la que se anulaba la adjudicación del concurso, fue recurrida por la corporación municipal y las obras siguieron su curso pero, si se confirma la decision judicial, Ascan tendrá que ser indemnizada por el Ayuntamiento por el lucro cesante, lo que encarecerá aún más el coste final.
Pero el golpe definitivo que puso en riesgo la finalización del proyecto se produjo cuando las obras del Parque de Bomberos estaban ya muy avanzadas. Fue el concurso de acreedores al que se vio abocada una de las empresas participantes en la UTE, Cenavi, solo un mes después de ese revés judicial del Ayuntamiento.
La consecuencia fue la paralización de las obras, ya que Emilio Bolado advirtió al Ayuntamiento que no podía afrontar en solitario la inversión que requería la finalización del proyecto. Además, en el tiempo transcurrido desde la firma del convenio urbanístico, el sector inmobiliario había sufrido un drástico parón, del que una de las víctimas había sido la propia Cenavi, y los 18 millones de euros en que se había valorado el solar de Cajo, quedaban reducidos a una tercera parte, por la parálisis del mercado de la vivienda.
Bolado propuso la resolución del convenio urbanístico renunciando a la parcela, de manera que el Ayuntamiento le pagase la obra ya ejecutada y sacase de nuevo a concurso la parte que restaba para su conclusión. Los técnicos municipales decidieron que lo construido era sólo el 50% de la obra y lo tasaron en nueve millones de euros, algo con lo que no estaba muy de acuerdo la constructora, pero con el inconveniente añadido de que, para poder cobrar, tenía que aceptar concluir la obra y hacerlo por tres millones de euros. En total doce millones de euros empleados en ejecutar un proyecto que, si bien redunda en prestigio para la empresa constructora, no le ha resultado nada rentable, y mucho menos si se tienen en cuenta las expectativas que había generado la permuta de la finca, con la que tanto Cenavi como Bolado esperaban conseguir importantes plusvalías.
A pesar de los contratiempos, el proyecto del Parque de Bomberos ha sido ejecutado tal y como se pactó, sin que se haya variado el diseño ni la calidad de los materiales empleados, como lo demuestran los 600.000 euros empleados tan solo en la fachada de uno de los cuatro edificios que forman el complejo.
La paralización de la obra durante dos años ha tenido otra consecuencia negativa para la ciudad de Santander, la demora en la entrega a Fomento de la parcela de Cajo que obstaculizaba la conclusión del Distribuidor de La Marga. Los problemas de tráfico que durante dos años ha habido que soportar en la glorieta provisional de Valdecilla son un recordatorio de la larga sombra de ese accidentado proyecto para dotar a la ciudad de un nuevo cuartel de bomberos.
Un complejo orgánico
Situar el Parque en un terreno extramuros de la ciudad le ha ofrecido a los arquitectos que lo han diseñado –José Ramón Saiz Fouz y su hija Alejandra– una libertad en el planteamiento y en las dimensiones que hubieran sido impensable en un entorno más urbano. El resultado ha sido un complejo formado por cuatro edificios que se agrupan formando un conjunto armónico y que, a la vez que se perciben como una instalación integrada, permiten diferenciar las funciones que debe cumplir un parque de bomberos.
El complejo ocupa una superficie útil de 7.291 metros cuadrados y consta de un edificio de cocheras, otro social, un museo y una torre de prácticas de 21 metros de altura, visible desde una gran distancia. Son dos los edificios que marcan estéticamente la impronta del complejo, el de cocheras, con la fuerza de la linealidad y simetría de sus 80 metros de largo y 16 grandes puertas, y el Museo, tras cuya fachada acristalada se encuentra un espacio diáfano de traza circular, que albergará documentos y vehículos ligados a la historia del Cuerpo de Bomberos, como un camión Merry Wather de 1912.
Mucho han cambiado desde entonces los medios para extinción de incendios y el de Ojaiz, que dispone de espacio para 24 vehículos, está dotado con cinco autotanques, dos camiones cisterna, dos autoescalas de rescate en altura –uno de ellos, recientemente adquirido, permite trabajar a 34 metros del suelo, el equivalente a un edificio de once plantas– y tres vehículos de apoyo. Además, los bomberos cuentan con otros cinco vehículos de salvamento para intervenir en inundaciones, rescates en altura, manipulación de productos químicos derramados o en la excarcelación de personas atrapadas en el interior de vehículos.
Más discreta es la presencia visual del otro edificio que completa el complejo, el destinados a usos sociales, a formación y a funciones administrativas del Parque. Un inmueble de tres plantas, dos de ellas sobre rasante y otra en forma de patio inglés, para aportar luz natural al sótano, que alberga los vestuarios, cafetería, comedor, sala de televisión, despachos, una sala de conferencias y formación y un espectacular gimnasio de 350 m2, además de una piscina para las prácticas de salvamento acuático. Los dormitorios para el retén de guardia se sitúan en la parte superior de las cocheras, donde se han habilitado quince habitaciones, cada una de ellas con seis camas; una ubicación que permite la máxima celeridad en la respuesta ante las emergencias.
Los materiales empleados en el exterior van desde el hormigón blanco utilizado en las cocheras o en la torre de prácticas, a la fachada acristalada del Museo y las lamas de aluminio que recubren el edificio social, que proporcionan un efecto de microclima.
Un Centro de Investigación del Fuego
El amplísimo recinto del nuevo Parque de Bomberos, construido sobre una parcela de 18.000 metros cuadrados, va a permitir añadir una instalación de la que no existen precedentes en España y, posiblemente, en Europa. Se trata de un Centro de Investigación para la Seguridad Contra Incendios en el que se podrá evaluar el comportamiento ante el fuego de los nuevos materiales y comprobar las técnicas constructivas que mejor pueden responder en situaciones de incendio. Este futuro centro es fruto de un convenio entre el Ayuntamiento de Santander y la Universidad de Cantabria y en él está previsto que trabajen un centenar de investigadores, que añadirán una dimensión científica a las nuevas instalaciones de Ojaiz.
Pero hacer ese proyecto realidad no va a ser fácil habida cuenta de la escasez de recursos del Ayuntamiento santanderino, que ha tenido serias dificultades para equipar el nuevo Parque. De hecho, los propios integrantes del cuerpo han colaborado en esta tarea, construyéndose ellos mismos sus taquillas y algunos enseres. Hay zonas, como la ‘sala de humos’, para el ensayo de rescates en atmósferas tóxicas, que todavía no han podido ser equipadas, y el desacuerdo que se ha producido entre el Gobierno regional y el Ayuntamiento para poder ubicar en el Parque el Servicio de Emergencia 112 que depende del Ejecutivo cántabro, han impedido la llegada del millón de euros prometido por la administración regional.
Para vestir el nuevo cuartel de Bomberos, la Corporación santanderina ha optado por desvestir otro santo y retirar el dinero del convenio que tenía firmado con el Gobierno cántabro para que los bomberos de la capital presten servicio a otros ayuntamientos de la región, una ayuda que en 2009 les llevó a intervenir en 200 actuaciones fuera del municipio, el 5% de las 3.977 que llevaron a cabo ese año. Una colaboración que, lejos de disminuir, debería aumentar y que daría un mayor sentido al esfuerzo desplegado en construir un parque de bomberos que rebasa ampliamente las necesidades de Santander.