El Plan que completa la renovación de los 2.000 km de carreteras regionales

Las carreteras regionales hace tiempo que han dejado de ser un motivo de polémica en Cantabria, señal de que el objetivo de renovar su red viaria, se ha visto razonablemente cumplido en los sucesivos Planes de Carreteras impulsados desde mediados de los noventa.
Nada más eficaz para romper el aislamiento del interior de Cantabria y aprovechar su potencialidad turística, que una buena red de carreteras, y en este camino se ha llegado a tener uno de los mejores mallados de España.
Tras la realización de los ejes costeros y la mejora de los puertos de montaña interiores –Alisas, Palombera, La Braguía y La Cohilla–, como obras más significativas de los dos primeros planes regionales de carreteras, la Consejería de Obras Públicas completa el proceso de renovación de la red viaria.
Cuando finalice el III Plan de Carreteras (2005-2012), aprobado el pasado mes de mayo, se habrá intervenido sobre la práctica totalidad de los 2.000 kilómetros de viales que dependen del Gobierno regional, Una red muy tupida para una sola provincia, si se tiene en cuenta que equivale a atravesar dos veces el país de sur a norte. Cuando esté finalizado este Plan, el 90% de la red estará en condiciones de uso muy buenas y el 10% restante serán viales cuya mejora se ejecutó hace varios años y que, para entonces, necesitarán ya trabajos de reposición, como en el caso de la carretera de la costa Pedreña-Santoña o la que enlaza Potes y Fuente Dé.
La inversión prevista para los siete años que abarca el nuevo Plan de Carreteras se eleva a 342 millones de euros, de los que 300 se emplearán antes de concluir 2008. En este periodo se abordará el grueso de las actuaciones.
Además de completar la mejora de los puertos de montaña que no se acometieron en el pasado, el Plan se ha fijado dos grandes objetivos: terminar con los atascos en las localidades turísticas, lo cual se intenta conseguir con la construcción de variantes que eviten el paso por el casco urbano, y ejecutar una obra de gran importancia para la vertebración de Cantabria, como es la reforma a fondo de la carretera que une los valles de Buelna y del Pas.

La infraestructura más cara

Los 21 millones de euros que se van a invertir en esta carretera entre Los Corrales y Puente Viesgo, que en gran parte será de nuevo trazado, la convierten en la más cara de cuantas ha acometido el Gobierno. Las dificultades orográficas y la necesidad de salvar cauces fluviales, carreteras y vías de tren harán precisa la construcción de siete puentes, lo que explica que su coste supere los 19 millones de euros invertidos en el eje que atraviesa Valderredible, entre los puertos de Carrales y Pozazal, la obra más cara hasta ahora.
Obras Públicas espera tener concluida la carretera antes de que concluya la legislatura. Sus once kilómetros, en los que trabaja la UTE Servicios y Obras del Norte-Puentes y Calzadas, discurren entre la rotonda de Barros, que conecta con la Autovía de la Meseta y el cruce de Aes, en Puente Viesgo, dond se unirá con la Nacional Santander-Burgos. Una de las infraestructuras más espectaculares de este nuevo vial será el puente atirantado de 140 metros de largo y 14 de ancho que salvará el río Besaya en una zona próxima a donde se ubicará el futuro parque industrial del Valle de Buelna, cuyo millón y medio de metros cuadrados se sumarán al polígono de Barros para convertir la comarca en el mayor asentamiento empresarial de Cantabria.
Eso explica la importancia estratégica de este nuevo trazado, que conectará dos de los grandes ejes viarios de la región: la Autovía de la Meseta y la carretera Santander-Burgos. Una ventaja que, sin duda, será muy valorada por las empresas interesadas en instalarse en el futuro macropolígono del Valle de Buelna.

El fin de los atascos

Otro de los objetivos que se ha marcado el nuevo Plan de Carreteras es solucionar la congestión del tráfico planteada cada verano en algunas localidades turísticas. Problemas que se verán incrementados cuando se concluya la Autovía de la Meseta y eso aumente la afluencia de visitantes. Para anticiparse a la previsible saturación en lugares como Santillana del Mar o Suances, el III Plan contempla la ejecución de variantes en Puente San Miguel –el punto de enlace con la Autovía– y en Santillana, mientras que Suances contará con dos nuevos accesos: uno le conectará con esas dos variantes, y otro saldrá directamente a la autovía Santander-Torrelavega a la altura de Requejada a través de un puente de nueva construcción sobre la ría que forma la desembocadura del Besaya.
Dos variantes más, esbozadas ya en el anterior Plan, se abordarán en esta nueva fase. Se trata de la que va a rodear por el Este Comillas, otra de las localidades costeras con mayor presión turística, y la de Cabezón de la Sal, que enlazará con un nuevo puente en Santa Lucía.
En la zona oriental de Cantabria están previstas variantes para evitar atravesar la densa maraña urbana que se ha formado en Argoños y para eludir el casco tradicional de Ampuero. También se aplicarán soluciones similares con el fin de eliminar las congestionadas travesías de Renedo de Piélagos y Potes.

Un túnel entre Liébana y Campoo

El nuevo Plan de Carreteras se atreve a rescatar un viejo sueño, la conexión entre Campoo y Liébana al incluir una partida de 2,3 millones de euros para hacer el estudio previo de la carretera entre Reinosa y Potes. La obra, en cualquier caso, no se podría abordar, por su carestía antes del plan siguiente (2009-2012), ya que muy probablemente requiera la construcción de un túnel desde el Alto Campoo, para evitar el impacto medioambiental que supondría llevar la carretera por Peña Labra.
Este proyecto ya fue intentado por el Gobierno de Juan Hormaechea, que incluso llegó a adjudicar la obra –con otro trazado– en unos 2.500 millones de pesetas. La carencia de un estudio de impacto ambiental riguroso y el hecho de que la traza invadía territorio de otra comunidad autónoma avalaron al Gobierno de coalición PP-PRC que le sucedió para anular en 1995 ese contrato, aunque el Gobierno se vio obligado a indemnizar a las empresas adjudicatarias.
La apertura de una comunicación directa entre ambas zonas, facilitaría la entrada a Liébana desde Castilla y, para la comarca campurriana, supondría un formidable complemento a la repercusión que puede tener la conexión de Cantabria con la Meseta a través de una autovía.
Una obra de esta magnitud coronaría los esfuerzos que desde hace una década se hacen para dotar a Cantabria de unas infraestructuras viarias modernas como una de las condiciones básicas de su desarrollo. Los sustanciales avances que ya se han hecho en este campo van a permitir, a medio plazo, desplazar el esfuerzo inversor hacia otros objetivos, al reducirse las necesidades en carreteras a poco más que el mantenimiento.

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