La fábrica de agua
El año pasado fue hidrológicamente magnífico para el Pantano del Ebro y este invierno no ha dejado de llover e, incluso, de nevar. Sin embargo, la cota de agua seguramente no sobrepasará el 70%. No es un problema de física, sino de desembalses. El pantano tiene capacidad para ir desembalsando todo el año e ir rellenando otros pantanos que se encuentran exhaustos río abajo. La ley de la gravedad es la mejor aliada en esta política de almacenamientos sucesivos a lo largo de la cuenca que permite aprovechar al máximo la capacidad productora de la Cordillera Cantábrica, una auténtica fábrica de agua para abastecer los páramos riojanos y aragoneses y de la que también quisieran servirse los levantinos.
Siempre se valoró el agua, en una España reseca, pero ahora ha adquirido una dimensión estratégica muy superior, al competir los usos turísticos con los agrarios tradicionales.
Valioso para todos, menos para el productor
El agua se convierte en un bien muy valioso, aunque eso no se refleje en las tarifas, fijadas con criterios políticos. Un bien valioso para todo el mundo, menos para el que lo produce. Esta paradoja es perfectamente constatable in situ, ya que el Embalse del Ebro no sólo no ha generado actividad alrededor, sino que acabó con la que había en los territorios anegados con su construcción.
Para muchos habitantes del bajo Campoo la construcción del pantano del Ebro, finalizado hace ahora 59 años, supuso la pérdida de su lugar natal y un desarraigo por el que nunca fueron compensados. Sus beneficios para Cantabria –donde se encuentra el 80% de las 6.200 hectáreas anegadas– son prácticamente inapreciables, aunque el pantano sí tiene una dimensión solidaria con otras regiones, al cubrir, con creces, las expectativas de quienes lo idearon en el primer tercio del pasado siglo. Este gran lago artificial estaba pensado para impulsar el desarrollo de los regadíos del Valle del Ebro, una labor que cumple con regularidad. Incluso en los peores años de sequía, el Embalse hace generosas aportaciones a la cuenca.
El pasado año, y en un momento especialmente crítico por el agudizamiento de la sequía que padece buena parte de España, envió 336,6 Hm3 a las comunidades situadas aguas abajo, el equivalente al 60% de su capacidad total, que es de 540 Hm3. Este aporte hubiera supuesto vaciar el pantano, ya que es, aproximadamente, todo el agua que albergaba en la pasada primavera, pero la abundancia de nevadas en Brañavieja, canalizadas por los ríos Ebro, Híjar e Izarilla, que vierten al Embalse le permitieron alcanzar unos niveles de ocupación que no se conocían en el último quinquenio.
Capacidad de recuperación
Esta capacidad para recobrarse hace que el Embalse del Ebro alimente con regularidad los canales y pantanos de la cuenca, que tienen más problemas cuando comienza el estiaje. Durante el pasado año hidrológico, es decir, desde el uno de octubre de 2004 hasta el 31 de septiembre de 2005, el Embalse recibió nada menos que 412 Hm3 (412 millones de metros cúbicos) de los ríos que lo surten con las nieves y escorrentías de la Cordillera Cantábrica. Para comprender la magnitud de esa cifra, basta compararla con lo que el Ministerio de Medio Ambiente piensa obtener tras la puesta en marcha de las 20 grandes plantas desaladoras que deben abastecer a la zona de Levante. Entre todas ellas aportarán 600 hectómetros cúbicos de agua al año, sólo un 50% más de lo que entrega por sí solo a su cuenca el Embalse del Ebro y con una diferencia muy notable de coste. Construir esas 20 plantas exigirá una inversión cercana a los 1.400 millones de euros y su funcionamiento diario requerirá una enorme cantidad de energía, algo que el agua del Embalse no consume, sino que produce en sucesivos aprovechamientos a lo largo de los más de 900 kilómetros que recorre el río hasta llegar al Mediterráneo.
Entre los beneficiados por las aportaciones del Embalse del Ebro se encuentran tanto los agricultores aragoneses y riojanos que las reciben a través de los canales de Tauste, Lodosa, Pina y el canal imperial de Aragón, como la propia población de Zaragoza. Más directamente se sirven de este agua industrias que se encuentran cercanas, como la central nuclear de Santa María de Garoña o Arenas de Arija, a pie de pantano, así como una ristra de grandes y pequeños saltos hidroeléctricos que aprovechan la energía potencial que almacena el Pantano, a más de 800 metros sobre el mar.
Una deuda histórica
Mientras que los beneficios que se derivan para otras regiones son claros, los campurrianos continúan esperando el resarcimiento que históricamente se les debe por el sacrificio de ese territorio. Pueblos como Medianedo, La Magdalena, Quintanilla y Quintanilla de Bustamante fueron sacrificados y cubiertos por las aguas, y otros, como Villanueva, Llano, Renedo, Quintanamanil, La Población, Orzales o Las Rozas de Valdearroyo también resultaron afectados, en mayor o menor grado, por la construcción del Embalse.
Tal y como relata Fernando Ruiz, en Cuadernos de Campoo, “quedó anegado todo un fondo de valle, en cuyo paisaje destacaba la presencia de una importante cabaña de ganado vacuno y caballar. También desaparecieron bajo las aguas algunas de las mejores expectativas económicas del valle, su industria. Se perdieron cerca de 3.000 empleos industriales (mil de ellos directos) con el cierre de las fábricas de vidrio y con la restricción de las explotaciones mineras de la cuenca carbonífera y de los aprovechamientos de las arenas…”
La contraprestación fue unas exiguas indemnizaciones, estimadas en algunos casos con valoraciones de la época en que se proyectó el embalse (1918), aunque el pago se dilató hasta finales de los años 50.
El resultado final fue una progresiva desertización humana de la zona, que aún hoy sigue ostentando la densidad poblacional más baja de toda Cantabria, aunque el vaciamiento de este territorio fue frenado por la atracción de mano de obra que ejercía en Reinosa la fábrica de la Sociedad Española de Construcción Naval (la actual Sidenor).
El auge del turismo rural está cambiando, ahora, la imagen del embalse, que es visto como un activo ecológico y paisajístico susceptible de ser aprovechado por las poblaciones ribereñas. Incluso el agua almacenada, que hasta ahora ha servido para calmar la sed de otras regiones, acabará siendo útil para la propia comunidad en que se ubica, al garantizar el abastecimiento de agua a Cantabria, una vez que concluyan en 2007 las obras del bitrasvase que lo conectará con las cuencas del Pas y del Besaya.
Serán tan sólo 26 Hm3 los que tomará Cantabria en un préstamo que habrá de ser devuelto en época invernal. Una cantidad muy poco significativa para la capacidad del embalse, pero que permitirá asegurar el abastecimiento de agua en la región durante, al menos, los próximos 30 años.