Saneamientos, una tarea ingente

Cantabria ha sido la última región en sumarse a la política de saneamientos. Hasta 1996 en que se iniciaron los trabajos en el entorno de la Bahía santanderina, era la única comunidad que no realizaba ningún tipo de tratamiento de los vertidos. El impulso llegó con la posibilidad de poder disponer de fondos europeos de cohesión para financiar unas obras que, por su escaso rendimiento político –no se ven– siempre habían sido eludidas por los gobernantes locales.
Poco después de aquella fecha, el Gobierno cántabro elaboraba por fin un Plan de Saneamiento y Depuración de las Aguas Residuales de Cantabria, a la vista de que los problemas no se centraban sólo en el entorno de la Bahía de Santander. La situación en la cuenca del Besaya era y es angustiosa, con gravísimos problemas sobre las playas de Suances y Miengo, y las cosas no estaban mucho mejor en otras zonas. Pero acometer todas las actuaciones del plan Plan exige la inversión de más de 80.000 millones de pesetas, por lo que ha dilatado las actuaciones hasta el año 2008.
No obstante, aproximadamente la mitad de este dinero llegará del Plan Hidrológico Nacional, ya que de los 363 millones de euros que destina a la región (61.202 millones de pesetas), 250 (casi 42.000 millones de pesetas) serán para obras de saneamiento y depuración.
El diseño de los sistemas de saneamiento y depuración de las aguas residuales se ha visto obligado a considerar dos factores condicionantes en Cantabria: la dispersión de los asentamientos rurales y el marcado carácter de litoralidad.
La existencia de más de 800 asentamientos humanos para una población que apenas supera los 500.000 habitantes (concentrados por otra parte en su 50% en los municipios de Santander y Torrelavega) obliga a resolver los problemas técnicos que plantean las grandes longitudes de colectores necesarias para recoger todos los vertidos. Por otro lado la distribución de las cuencas hidrográficas, paralelas entre sí y perpendiculares a la costa, determina la disposición de las redes de saneamiento, la mayor parte de las cuales finaliza en una estación depuradora cercana al litoral desde donde las aguas residuales, una vez tratadas, son conducidas al Mar Cantábrico mediante emisarios submarinos.

La cuenca del Besaya

Aunque las obras de saneamiento avanzan en todos los frentes, la realidad es aún bastante modesta: está concluido el saneamiento del entorno de la Bahía de Santander y algunos núcleos, pero resta mucho por hacer en la actuación más importante económicamente, la cuenca del Besaya, que requiere nada menos que 252 millones de euros, y está aún sin iniciar la que afecta a la cuenca del Asón y las marismas de Santoña, Noja y Joyel, que costará otro tanto.
La elevada cuantía del saneamiento del Besaya es consecuencia de dos factores: la concentración sólo en el curso bajo del río de 111.000 personas y, sobre todo, la presencia de numerosas fábricas. Un colector recogerá todos los vertidos, que serán tratados en una estación que se construye en la Vuelta Ostrera, en las marismas de la Ría de Requejada. Posteriormente, un emisario debe hacer llegar las aguas, ya depuradas, a la costa e introducirlas mar adentro, una obra que por sí sola costará 42 millones de euros.

Tres tramos de colector concluidos

Por el momento están concluidos tres tramos de los colectores generales pero lo cierto es que la obra va muy retrasada con respecto a las previsiones iniciales.
Uno de los tramos inaugurados es el de Caldas del Besaya-Valle de Buelna, de algo más de nueve kilómetros de tubería, que ha costado 5,5 millones de euros. Va acompañado de tres aliviaderos de tormentas en San Felices, Corrales y Barros y sirve para la canalización unificada de los vertidos de 16.500 habitantes y de 147 hectáreas de superficie industrial muy densa.
El segundo de los tramos es el de Reocín, y pertenece al colector general del Saja, que recogerá todos los vertidos de la cuenca baja de este río. Los casi 11 kilómetros de tubería llevan como complemento siete aliviaderos de tormentas y dos estaciones de bombeo, una en Puente San Miguel y otra en Helguera. La obra, que le ha costado al Ministerio de Medio Ambiente 7,2 millones de euros, servirá para recoger los vertidos de unos 10.000 habitantes y de una zona industrial de 50.000 m2.
El tercer colector (Sorravides-Cartes) afecta al ámbito en que se unen los dos ríos, Saja y Besaya, y ha supuesto un gasto de 10,9 millones de euros. Tiene unos 12 kilómetros, y las tuberías alcanzan en sus tramos finales un diámetro de 1,8 metros.
En ejecución se encuentra el colector Cartes-Caldas del Besaya, que requiere la perforación de un túnel de 1.370 metros de longitud y la Depuradora de la Vuelta Ostrera, que cuenta con un presupuesto de 19,3 millones de euros, de los cuales el 85% lo aporta la Confederación Hidrográfica del Norte. El sistema de depuración consiste en un tratamiento biológico de alta carga preparado para depurar hasta 110.000 metros cúbicos de agua al día, el equivalente a las necesidades de una población de 370.000 habitantes.
También está en marcha el tramo de colector Sorravides-Cueto y el que une Cueto con la depuradora y cierra el trazado (quedará únicamente la conexión de Suances a esta red), con una inversión de 16,7 millones de euros.
La obra requiere también un mallado de colectores secundarios que recojan los efluentes de varios municipios que vierten a la parte más baja de la cuenca y cuyo presupuesto es de 13,8 millones de euros.
La mayor parte de la inversión para el saneamiento de la cuenca del Besaya está incluida dentro del Plan Hidrológico Nacional y en realidad hace años que la obra había sido declarada de interés general por el Consejo de Ministros, lo que suponía su compromiso para hacerse cargo de la financiación.

Saneamiento de Castro Urdiales

La tercera actuación en importancia económica es el saneamiento de Castro Urdiales, que se encuentra actualmente en ejecución. Consta de dos fases; la primera incluye la estación depuradora de aguas residuales y las obras de reacondicionamiento de la red del casco urbano. La segunda es el emisario submarino que dispersará, mar adentro, las aguas depuradas. Todo ello costará casi 19 millones de euros.
En la estación depuradora destacan los tamices autolimpiantes Rotoscreen para el pretratamiento, capaces de regular el proceso de filtrado según el nivel de agua, haciendo que los sólidos se amontonen y formen una capa compacta que se elimina después de que el agua residual vuelva a subir, para iniciar así el siguiente ciclo.
Las bombas suministradas por ABS cuentan con un sistema regulador de caudal y un generador de emergencia que garantiza el funcionamiento en caso de fallo del suministro.
La relación de otros saneamientos en ejecución es prolija. Baste decir que el conjunto de obras de saneamiento que ahora se realizan en la región suponen un total de 42.000 millones de pesetas.

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