Un paso hacia el nuevo Santander

No ha sido un obra especialmente compleja, salvo por los problemas de estanqueidad que planteaba su proximidad al mar. Con un tráfico fluido, atravesar el túnel construido junto al Centro Botín apenas requiere unos 40 segundos, pero esos poco más de 200 metros representan el paso más importante dado en Santander en las últimas décadas para aproximar la ciudad a la bahía. Una cercanía hasta ahora imposibilitada por el vial que separaba los Jardines de Pereda del Muelle de Albareda, que actuaba como barrera entre la trama urbana y la orilla del mar.
En el primer proyecto de Renzo Piano para el Centro Botín se mantenía ese tramo de carretera, por lo que el arquitecto solucionó la unión con los Jardines mediante un paso elevado. Pero la lógica del proyecto reclamaba una solución como la finalmente adoptada, aunque haya encarecido las obras en 15 millones de euros y ha elevado el coste del proyecto completo a cerca de 80 millones, la mayor inversión privada en una infraestructura cultural que se haya hecho en España.
Con la entrada en funcionamiento del túnel en junio, se consigue evitar el intenso tráfico del vial marítimo (casi 13 millones de vehículos al año si se suman ambos sentidos) y se marca un hito en el diseño de la futura fachada marítima de la ciudad.

Un proyecto integrado

La obra del túnel comenzó en noviembre de 2012 y su ejecución planteaba algunos problemas iniciales, como la necesidad de resolver los accesos a los aparcamiento de las plazas de Alfonso XIII y Cachavas, que iban a verse afectados por las obras, o la de permitir que los vehículos que prestarán servicios al Centro Botín pudiesen acceder directamente al edificio sin transitar por la superficie peatonal de su entorno. Otro de los retos de sus diseñadores (Dynamis) era que la propia obra de ingeniería armonizase estéticamente con las actuaciones que se están llevando a cabo en los Jardines de Pereda y con el propio Centro Botín, de manera que el conjunto se percibiese como un proyecto único.
El trazado del túnel discurre entre la desaparecida glorieta de la Reconstrucción de Santander (situada junto al Hotel Bahía) y la del Palacete del Embarcadero. Tiene una longitud total de 372 metros, de los que 219 están soterrados, y el resto se reparte en 87 metros para el acceso a la boca oeste y 66 para la boca este.
Su influencia en la fluidez del tráfico en esta concurrida zona de la ciudad va a ser notable. No solo hace innecesarios los semáforos y minimiza la afección que antes existía sobre los viales de las calles colindantes sino que mejora la capacidad, gracias a su amplitud. Consta de dos aceras laterales de 1,2 metros de ancho y dos carriles en cada sentido, de 3,4 metros cada uno, con una zona intermedia de 1,5, dos arcenes de medio metro y una barrera de contención central. Todo ello forma un ancho de 17,5 metros. En cuanto a la altura, en todos los puntos de la calzada soterrada, existe un gálibo mínimo de cinco metros.
Dado que la Boca Oeste interfería con los accesos del aparcamiento de Alfonso XIII, se han habilitado otros nuevos, tanto para los vehículos provenientes de la rotonda del Palacete del Embarcadero como para los que llegan desde Antonio López. También se ha habilitado dentro del paso subterráneo un acceso directo hasta el sótano del Centro Botín, para los vehículos que deban dar servicio al complejo.
La construcción del túnel, llevada a cabo por OHL y Ascan, se inició por los hastiales laterales, sobre pantallas continuas de hormigón armado de entre 80 centímetros y un metro de espesor. Una vez finalizadas ambas pantallas se procedió a ejecutar la cubierta de hormigón armado. Con la protección de estos elementos, se procedió a excavar el túnel. La construcción de la estructura culminó con la losa de cimentación, sobre la que se sitúa el vial soterrado.
De la magnitud de la obra dan idea los 60.000 m3 de tierras excavados, los 25.000 m3 de hormigón vertido o los más de 2,4 millones de kilos de acero corrugado empleados en la construcción.
Como corresponde con las medidas de confort y seguridad vial que se exigen para este tipo de infraestructuras, el paso subterráneo cuenta con dos ventiladores de chorro situados en las proximidades de ambas bocas de acceso, que cumplen la doble función de controlar la concentración de gases contaminantes y el humo en caso de incendio. También se han instalado redes de videovigilancia y megafonía, que se monitorizan desde el Centro de Control municipal, situado en la Estación de Autobuses.
Los trabajos de excavación se toparon con sillerías del dique del siglo XIX que cerraba la Dársena de la Ribera. Un hallazgo totalmente previsto que no alteró la planificación. El Gobierno regional, previo informe del arqueólogo de la Consejería de Cultura que supervisaba las obras, autorizó la retirada de los restos del dique, que se reutilizarán en el pavimento de los Jardines de Pereda.
Ese muro formó parte del último muelle histórico de Santander, antes de que se construyesen los muelles de Maliaño. El relleno de la dársena, que permitió el crecimiento de esta zona de la ciudad, es ahora el soporte de una obra que devuelve al paseante un espacio sin obstáculos entre la trama urbana y el mar.

Unos Jardines ampliados y rejuvenecidos

Mientras el tráfico desaparece de la vista, gracias al paso subterráneo, los árboles y senderos de los Jardines de Pereda cobran un renovado protagonismo, porque una de las consecuencias de la construcción del túnel es el recrecimiento de esos históricos jardines, que han duplicado su extensión, pasando de 20.000 metros cuadrados a 40.000. De ellos, la mitad son zonas verdes, frente a los aproximadamente 7.000 m2 de césped y arbolado que tenía hasta su remodelación.
El diseño de los nuevos Jardines de Pereda es obra de un conocido paisajista, Fernando Caruncho, y su intervención se ha guiado por la idea de preservar la esencia de este espacio, un jardín clásico de tipo inglés, pero modernizándolo y rejuveneciendo su arbolado.
La nueva imagen está marcada por un cambio de orientación en el trazado de los caminos y en su renovada pavimentación. Los senderos que antes partían radialmente de la glorieta central, donde se encuentra el monumento a Pereda, discurren ahora de forma paralela al Paseo de Pereda, con la intención de que la perspectiva visual sea la de un espacio continuo entre la ciudad, los jardines, el edificio del Centro Botín y el mar.
Para potenciar esa sensación de aproximación a la Bahía, los senderos de los jardines se han construido en un hormigón pulido de color azul con pátinas y veladuras en diversos tonos, que le dan un efecto envejecido y de profundidad. Este pavimento ha sido fabricado por Coquisa y es uno de los elementos que más sobresalen en la renovada imagen del parque.
La intervención en el arbolado ha ido encaminada a rejuvenecerlo, respetando las especies que ya existían y cambiando de lugar algunos árboles para facilitar la nueva traza de los senderos. Espectacular fue el trasplante de siete palmeras de unos 17 metros de altura llevada a cabo por La Encina, la empresa que, junto a Parques y Jardines, se ha encargado de todos los trabajos de jardinería.
Se han plantado nuevos arces, tilos y plátanos, básicamente las mismas especies que ya existían, y la única licencia ornamental ha sido la de aumentar el número de magnolios. También se ha replantado el césped y, cuando se complete el recubrimiento de la parte superior del túnel, se habrán utilizado unos doce mil metros cuadrados de tepes. Además, se han añadido plantas tapizantes, con dos mil metros cuadrados de vincas y cerca de seis mil metros de acebos.
De los 209 árboles que había en los Jardines de Pereda se ha pasado a 247, pero quizá más significativo es que ahora la superficie vegetal predomina sobre
la pavimentada, al contrario de lo que sucedía anteriormente.
El remodelamiento de los Jardines también ha supuesto algunos cambios en otros elementos del entorno, como la antigua gasolinera, que ha sido desmontada. En su lugar se construirá una cafetería en la que se mantendrá la marquesina, considerada como un elemento arquitectónico de singular interés. Los monumentos de Concha Espina y Víctor de la Serna se han trasladado a un nuevo emplazamiento y se ha construido un nueva Oficina de Turismo, diseñada por el propio Renzo Piano, quien ha puesto también su sello en las renovadas farolas de los Jardines.
La nueva Oficina es un edificio acristalado de cien metros cuadrados, que sustituye al construido en 2003, tras la reforma que se llevó a cabo en los Jardines de Pereda con motivo de las obras de saneamiento de la Bahía.
Otro cambio notable es el de la zona de juegos, un área de 800 metros cuadrados, en la que se han invertido 400.000 euros, aportados por la Fundación Botín y la empresa E.ON, y donde se han incluido atracciones vinculadas al mar, como un carrusel-boya, que genera energía con el movimiento y sirve para subrayar la importancia de la eficiencia energética.

Una plaza para eventos

La reinvención del entorno que rodeará al Centro Botín ha supuesto, además, la transformación de la Plaza de Alfonso XIII y no solo en el cambio de los accesos al parking. La mitad sur de la plaza ha sido acondicionada para acoger eventos públicos que precisan la instalación de casetas o carpas, una función que ya venía cumpliendo con algunas exposiciones itinerantes pero que ahora ganará en espacio y funcionalidad.
Con las obras del túnel y los Jardines de Pereda, que se inauguran este verano, se da un paso muy importante en la transformación de esta estratégica zona de la capital cántabra y para la recuperación del borde marítimo como espacio urbano. Una transformación en la que el Centro Botín será el icono de un nuevo Santander.

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