La Caja conquista la Porticada
El esquinazo de la Plaza Porticada que hasta hace poco cubría una gran lona de Caja Cantabria ha vuelto a quedar a la vista. No es ninguna sorpresa, porque el edificio es un viejo conocido para muchos cántabros ya que, antes de pertenecer a la entidad, tuvo carácter público e, incluso, literario. Albergó la antigua sede del Ateneo, la Oficina de Turismo y una sala de exposiciones, por la que pasaron casi todos los pintores locales.
El inmueble, que tradicionalmente perteneció al Ministerio de Cultura, fue transferido al Gobierno de Cantabria que en su día prefirió vendérselo a Caja Cantabria en una operación que también incluía unos derechos que la entidad tenía sobre el Edificio Europa de La Albericia. Para la Caja era estratégico contar con estos 2.200 m2 anejos a su sede principal, aunque nunca llegó a darle un fin concreto, quizá porque antes tenía otros problemas que abordar.
El edificio ya tenía serios problemas estructurales, pero el tiempo transcurrido desde entonces los había agravado. Además, la disposición interior de este número 1 de la Plaza de Velarde resultaba muy poco operativa, por lo que, cuando decidió acometer la rehabilitación, la Caja optó por empezar prácticamente de cero, respetando únicamente los pilares que sostienen la fachada.
Dada su ubicación en una de las zonas más representativas y con mayor tránsito de la ciudad, la reforma debía realizarse con el máximo cuidado, para no dañar los edificios colindantes ni molestar en exceso a los peatones. También era imprescindible respetar la fachada para no romper la estética de la plaza.
El director de recursos de Caja Cantabria, Juan López Rojas, sostiene que “la obra se ha hecho con un nivel de seguridad muy alto y las incidencias han sido mínimas”. A pesar de la demolición completa, el respeto por lo que había ha llegado al punto de recolocar piedra a piedra los característicos arcos exteriores del edificio. De esta forma, da la impresión de que nada haya cambiado, aunque por dentro no quede un solo resquicio que recuerde a otras épocas.
Una vez reconstruido, el interior responde al patrón de un moderno edificio de oficinas, con amplios espacios y magníficas vistas. Todavía no hay una fecha prevista para su entrada en funcionamiento pero sí se sabe que hasta allí se trasladarán buena parte de los empleados de la oficina principal de Caja Cantabria ya que estas obras tendrán continuidad pronto con la remodelación de las dependencias que la entidad de ahorro ocupa en el número 3 de la misma plaza.
Participación cántabra
El director de inmuebles y servicios de Caja Cantabria, José Manuel Romaña, se muestra satisfecho por haber cumplido con los dos principales objetivos de la obra: finalizar en el plazo y en los costes acordados. Y es que la reforma del edificio se ha ajustado a los catorce meses previstos –desde el 12 de diciembre del 2003 hasta el 25 de febrero de este año– y gracias a un control exhaustivo del presupuesto, no sólo no se han desbordado los gastos, sino que se han acortado. Los 4,4 millones de euros previstos se han quedado en 3,9 millones, a pesar de las mejoras que se han introducido a lo largo de su ejecución.
Los arquitectos que firman el proyecto son José Madrazo y Pablo de la Torriente y el aparejador, Francisco Poves. A ellos y a la labor de Gerens, la empresa encargada de gestionarlo, atribuye Caja Cantabria “la buena marcha de las obras”. Gerens ha repartido distintos paquetes de obra entre más de una veintena de empresas, además de la constructora Cenavi, de las que sólo cinco proceden de fuera de Cantabria.
Espacios diáfanos
Sin renunciar a lo moderno y funcional, en la decoración se han utilizado materiales acordes con la nobleza del inmueble y de la céntrica plaza santanderina. El revestimiento del portal es de madera de cerezo, con suelos de mármol amarillo índico en la entrada y en las escaleras, y de moqueta (técnico) en el resto de las plantas, excepto la baja, enlosada con granito blanco cristal.
Los más de 2.000 m2 de superficie construida han quedado repartidos entre una planta baja y una entreplanta –de 240 m2 y 90 m2, respectivamente–, cuatro plantas de casi 400 m2 y dos últimos niveles –quinto y sexto– de 175 m2 cada uno. La arquitectura exterior es la que marca la altura de los techos, y eso hace que alguna de las plantas presente una estructura peculiar.
Todavía no está decidido cómo se ocuparán los espacios, pero eso no plantea especiales problemas, dado que son diáfanos y cualquiera de los posibles puestos de trabajo estará perfectamente atendido gracias a un cableado de casi 60 kilómetros de longitud entre conducciones eléctricas, de comunicaciones –voz y datos– y de control. Y es que el edificio responde a un sistema de gestión integral (EBI) que posibilita el manejo centralizado de todas las instalaciones –ascensores, aire acondicionado, vigilancia, incendios, etc.– lo que también contribuye a reducir los consumos energéticos.
Ahora están en pruebas tanto la columna seca (electricidad, voz y datos) como la húmeda (aire y agua) y se han establecido las conexiones oportunas con el edificio contiguo (la sede principal) para, en un futuro, gestionar simultáneamente las instalaciones de ambos.
Las obras continúan
Caja Cantabria seguirá con su proceso de reformas el año que viene, al acometer la rehabilitación de la sede central. 8.000 m2 de superficie que están ocupados por la oficina principal, la secretaría general, el área de negocio y los órganos de gobierno de la Caja.
Pero mientras el edificio del Ateneo tenía una estructura muy pobre, que aconsejaba derribarlo todo y volverlo a construir, la sede central ya ha tenido varios procesos de mejora y sólo necesita reforzar sus vigas y pilares antes de tirar los tabiques para poder modernizar su distribución.
No obstante, aunque la remodelación sea más discreta, traerá consigo cambios muy significativos para los clientes de la Caja, sobre todo los de su oficina principal, allí ubicada y que será desplazada por algún tiempo a la cercana sucursal de la entidad en la Plaza del Príncipe y a la planta baja del antiguo Ateneo. El resto de los 210 empleados que trabajan en la sede serán repartidos entre las oficinas del inmueble recién rehabilitado en la Plaza Porticada, el edificio de Cazoña donde se encuentra el corazón informático de la entidad y el edificio Modesto Tapia, de la calle Tantín.