Las empresas tampoco se fían de las empresas

Las transacciones entre empresas se han reducido en estos años de crisis, pero el tráfico de letras de cambio o pagarés entre ellas se ha reducido muchísimo más, una muestra demasiado evidente de que nadie se fía de nadie y de que la desconfianza no anida únicamente en los bancos.
Ni siquiera ha servido de mucho el hecho de que la morosidad en estos efectos comerciales esté bajando desde hace catorce meses. No es que haya llegado a unos niveles aceptables pero se ha reducido al 2,9%, un porcentaje que ya no es, ni mucho menos, escandalosos. ¿Por qué no se recupera, entonces, esta vía de crédito comercial, absolutamente necesaria para engrasar el comercio entre empresas, sobre todo en estos momentos de falta de liquidez?
Nadie da una explicación convincente que no sea la desconfianza que se ha instalado en el mercado, lo que también puede justificar que el importe medio de los efectos emitidos haya bajado a la mitad. Si antes de la crisis las letras de cambio y pagarés que se ponían en circulación tenían un importe medio de 3.000 euros, ahora es de 1.830 euros.
La reducción del tráfico unida a la caída de los importes resulta decisiva para entender por qué el volumen de dinero que se maneja a través de este sistema de financiación entre empresas se ha encogido hasta la tercera parte del que había en 2007, lo que está repercutiendo en las empresas de una forma tan negativa como el cierre de las líneas de crédito bancario.

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